Richarlison sufre en carne propia la caída al precipicio del Tottenham después de alcanzar la gloria europea hace unos pocos meses. Autor: Yahoo.com Publicado: 10/03/2026 | 10:51 pm
Hace apenas nueve meses, el Tottenham levantaba la Europa League en Bilbao y rompía una sequía de 17 años sin títulos con la euforia del que por fin entierra sus fantasmas. Aquella noche en San Mamés, los Spurs parecían haber encontrado el rumbo definitivo, ese que conduce de la promesa al éxito, de la intención a la consagración.
El pasado sábado, en cambio, el Tottenham Hotspur Stadium fue un funeral anticipado: 3-1 contra el Crystal Palace, quinta derrota consecutiva, la afición abandonando las gradas en el descanso y el equipo, ese mismo que en Champions deslumbra, quedó instalado en la 16ta. plaza en la liga local, a un solo punto del descenso. El fútbol, a veces, escribe guiones que ni el más retorcido de los dramaturgos se atrevería a firmar.
La crisis actual huele a libro de texto de esos que analizan las tragedias anunciadas. Ocho jornadas sin ganar en Premier, 11 partidos ligueros con una sola victoria —y esa fue en diciembre—, y un dato que hiela la sangre: el Tottenham es el único equipo de toda la Premier League que aún no ha ganado un partido en 2026.
Thomas Frank, el técnico danés que llegó avalado por su milagro en Brentford, duró ocho meses en el cargo antes de ser devorado por la tormenta. Su sustituto, Igor Tudor, suma tres derrotas en tres partidos y su rostro en la banda es ya un poema de perplejidad constante. Y mientras tanto, el vestuario parece un hospital de campaña: 11 lesionados llegó a tener simultáneamente el equipo, con bajas de larga duración como James Maddison, Mohammed Kudus o Dejan Kulusevski, nombres por los que el club pagó más de 260 millones de euros.
Lo más desconcertante del caso es la doble vida del Tottenham. En Europa, el equipo es otro: clasificado como cuarto en la fase liga de la Champions League, invicto en casa en la competición, plantando cara al continente con la autoridad del que sabe moverse en los grandes escenarios. En la Premier, en cambio, es el tercer peor local de la categoría, con apenas diez puntos de 42 posibles en su estadio moderno y reluciente, prácticamente sacado del nailon. Es como si los Spurs hubieran firmado un pacto fáustico: la gloria europea a cambio de la debacle doméstica, el aplauso continental mientras en casa les silban hasta los postes.
Y en medio del naufragio, emerge la pregunta que sobrevuela White Hart Lane como un fantasma recurrente: ¿quién es realmente el Tottenham? Ange Postecoglou, el técnico que conquistó la Europa League y fue destituido al final de la temporada pasada, dejó una frase que escuece como sal en la herida: «No es un gran club. Dicen “atreverse es hacer” por todas partes, pero sus acciones son la antítesis de eso. Han tenido entrenadores de talla mundial y no han tenido éxito. ¿Por qué motivo?».
La afición, mientras tanto, responde con cánticos que son plegarias: el nombre de Mauricio Pochettino, ese técnico que llevó a los Spurs a la final de Champions de 2019 y construyó un proyecto con identidad, resurge en la grada como un conjuro para espantar los males presentes. Pero Pochettino dirige a Estados Unidos y su regreso tendrá que esperar, al menos, hasta después del Mundial.
El horizonte inmediato es una cuerda floja tendida sobre el abismo. En plena segunda vuelta de la Premier, el Tottenham está a un punto del West Ham, primer equipo en zona de descenso. El calendario, lejos de ofrecer tregua, presenta un Liverpool fuera de casa y, entre medias, la eliminatoria de Champions contra el Atlético de Madrid, ese rival que siempre exige el máximo.
Los expertos advierten: un descenso a Championship, algo que el club no vive desde hace 47 años, supondría un golpe económico de decenas de millones en patrocinios, además de la imposibilidad de retener a sus estrellas y la certeza de que el estadio más moderno de Londres, ese que aún no encuentra quien ponga su nombre en el cartel, quedaría como un mausoleo vacío los domingos por la tarde.
El Tottenham, ese equipo que baila en Europa y se arrastra en casa, está escribiendo el capítulo más extraño de su historia. Queda por ver si será una temporada para olvidar o el principio de un derrumbe definitivo.
