Vedat Muriqi festeja en la cara de Mbappé el gol de la victoria del Mallorca contra el Real Madrid el pasado sábado Autor: La Nación.com Publicado: 06/04/2026 | 12:03 pm
No era un sábado más en España. No era simplemente la jornada 30 de la liga española de fútbol. No era la primera fecha del mes de abril, ni la última antes de ese fin de semana retro que lo cambiará todo. Era un sábado que, en dependencia de los resultados, podía dejar la liga en bandeja de plata para unos, o encender la carrera por el título para otros.
En Mallorca, bajo el sol de las Baleares, el Real Madrid volvía de la fecha FIFA con el mismo nervio que cada vez que regresan sus figuras de concentraciones con sus países. Un partido trampa ante un equipo que se jugaba el descenso, un choque con más lecturas que la que parecía tener en un primer momento. En Madrid, al lado del río Manzanares, el Barcelona visitaba al Atlético de Madrid en el primer ensayo antes de disputar la eliminatoria de cuartos de final de la UEFA Champions League. Al caer la noche, y sin pensarlo una vez comenzara el sexto día de la semana, la liga empezaría a teñirse, poco a poco, de blaugrana.
El Real Madrid, que llegaba a la isla con la presión de no fallar para mantenerle el pulso al Barca, firmó una de sus actuaciones más grises de la temporada. Tras un primer tiempo de dominio estéril con dos claras ocasiones de Mbappé, el mazazo llegó al filo del descanso: Manu Morlanes apareció desde la segunda línea para batir a Lunin y adelantar al conjunto bermellón. Los de Arbeloa intentaron reaccionar en la segunda mitad, y el regreso de Éder Militão, que saltó al césped en el minuto 59 tras superar su lesión, pareció insuflar algo de fe en los blancos.
La esperanza estalló en el minuto 88, cuando el propio central brasileño conectó un espectacular testarazo a la salida de un córner para poner el 1-1 y hacer soñar con la remontada. Sin embargo, la afición blanca apenas pudo saborear el empate. En el minuto 91, Vedat Muriqi aprovechó un contraataque para firmar el 2-1 definitivo y desatar la locura en Son Moix. Una derrota que sabe a mucho más que tres puntos perdidos y que deja a los de Arbeloa a siete puntos del liderato.
El partido entre colchoneros y culés era el plato fuerte de la jornada, y no defraudó. En una primera parte eléctrica, Giuliano Simeone adelantó al Atlético en el minuto 39 con una definición de clase, pero la alegría local duró apenas tres minutos: Marcus Rashford, cada vez más adaptado al sistema de Hansi Flick, empató el partido con un disparo cruzado tras una pared con Fermín López. La contienda dio un giro radical justo antes del descanso, cuando Nico González fue expulsado por una dura entrada sobre Lamine Yamal, dejando al Atlético con diez hombres para toda la segunda mitad.
Con un jugador más, el Barça dominó a placer, pero se topó una y otra vez con un imperial Juan Musso bajo los palos. El gol de la tranquilidad y la sentencia llegó en el minuto 87, con una jugada de fortuna: Joao Cancelo disparó, Musso desvió y el balón, tras rebotar en el pecho de Robert Lewandowski, se coló en la portería colchonera. Victoria de oro que deja al Barcelona con 76 puntos, siete por encima de un Real Madrid que se marchó cabizbajo de Mallorca.
Así las cosas, el fin de semana no pudo teñirse de peor color para la capital de España. Mientras el FC Barcelona sale del Metropolitano con una ventaja que en la historia de la liga nadie ha podido remontar a falta de ocho jornadas, el Real Madrid no solo perdió la oportunidad de recortar distancias, sino que vio cómo su fútbol volvió a generar más dudas que certezas. Es un sábado que deja a Cataluña con una sonrisa de oreja a oreja y a Madrid con la miel en los labios y el corazón en un puño, justo cuando la vista se empieza a posar inevitablemente en los próximos compromisos europeos. La Liga, salvo catástrofe, tiene color azulgrana. La Champions, en cambio, será otro cantar.
