El noruego Johannes Klaebo no dejó escapar ninguna medalla en el esquí de fondo Autor: Getty Images Publicado: 09/04/2026 | 08:43 am
No pocas historias se recordarán en el futuro sobre los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026: desde la primera medalla de Georgia en estos certámenes de la mano de los patinadores Anastasiia Metelkina y Luka Berulava, hasta el debut de las mujeres en la prueba de saltos de esquí en las citas estivales, o el arribo a la meta de la esquiadora mexicana Sarah Schleper con su pequeño hijo en brazos, que rompió estereotipos sociales de la maternidad.
Pero dos nombres acapararon los grandes titulares y portadas en los diarios, televisoras y sitios digitales que siguieron la justa bajo los cinco aros: Johannes Klaebo y Lucas Pinheiro Braathen, dos nombres que tienen raíces en Noruega y reflejan la cultura y la nueva visión del deporte en ese país escandinavo.
Y no son fruto de la casualidad. Esa nación nórdica domina, sin discusión, el medallero histórico de la cita estival invernal con 447 diademas (166 oros, 146 platas y 135 bronces), más de 80 respecto al segundo puesto que ocupa Estados Unidos. Es más, desde hace tres ediciones, nadie le disputa la supremacía en estos eventos, algo que tampoco sucedió este 2026 cuando impuso un nuevo récord de preseas de oro para una sola edición con 18.
Dos hombres leyendas oriundos de esta tierra vikinga: uno, Johannes, bajo la bandera de su pueblo natal, se transformó en el hombre con más coronas olímpicas invernales; y el otro, Lucas, en representación de Brasil por la herencia americana de su madre, desafió a la historia y destrozó todos los falsos mitos sobre la capacidad de un atleta con sangre latina para triunfar en la nieve.
Es comprensible que en medio de este clima caribeño a veces cuesta imaginar cómo el cuerpo soporta semejantes temperaturas, hasta el punto de realizar hazañas que parecen sobrehumanas, pero Noruega ha dado grandes lecciones al mundo en la última década con una visión diferente del desarrollo deportivo, que le ha regalado éxitos en torneos de alto nivel.
Johannes Klaebo, un extraterrestre del esquí de fondo, saboreó el oro en todas las pruebas que disputó en Milán-Cortina: velocidad individual, sprint por equipos, relevo 4x7,5 kilómetros, y las distancias de 10, 20 y 50 km. ¡Un total de seis títulos! Una hazaña jamás conseguida hasta este año.
Con la tranquilidad de saberse imbatible hasta redujo la velocidad en su llegada a la meta para saludar a los aficionados. «Solo las grandes leyendas lo hacen así», titulaba la proeza Aftenposten, el periódico más popular de su país.
Tras su rotundo triunfo en el relevo y la cuarta medalla de oro, Johannes afirmó que lo especial fue ganar con su grupo y que, en Noruega, ganar el relevo es lo que de verdad importa, y todos cumplieron. Declaración que refleja, en pocas palabras, los valores, el ideal de bien común y orgullo nacional de gran parte de aquella sociedad europea.
No tres, ni cuatro, ni cinco, sino 11 veces ha puesto su nombre en la cúspide del olimpismo, pero no se convirtió en campeón solo, aunque su capacidad y talento innato es incuestionable. Si miramos los mayores ganadores de oro en estas citas, de los cinco primeros puestos, cuatro los ocupan noruegos, y tres de ellos en esquí de fondo.
MÁXIMOS CAMPEONES EN LA HISTORIA DE LOS JUEGOS OLÍMPICOS DE INVIERNO
|
POSICIÓN |
ATLETA |
PAÍS |
TÍTULOS |
PRUEBA |
|
1 |
Johannes Klaebo |
Noruega |
11 |
Esquí de fondo |
|
2 |
Marit Bjoergen |
Noruega |
8 |
Esquí de fondo |
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3 |
Ole Einar Bjoerndalen |
Noruega |
8 |
Biatlón |
|
4 |
Björn Daehlie |
Noruega |
8 |
Esquí de fondo |
|
5 |
Ireen Wüst |
Países Bajos |
6 |
Patinaje de velocidad |
En este sentido es válido apuntar un detalle. Ese país comprendió el valor de la especialización de los atletas en la categoría de mayores y la apuesta en pruebas que reportan grandes cantidades de medallas en los eventos de alto calibre, donde ponen gran parte de sus recursos e inversiones. De ahí se entiende su dominio en el esquí de fondo, por ejemplo, que para ellos constituye prácticamente una cuestión de honor.
Y sí, tal pareciera que ser noruego es casi sinónimo de éxito en deportes de invierno. Lucas Pinheiro Braathen, nacido en la fría nación nórdica, pero de madre brasileña, compite desde el 2024 por la tierra de su progenitora y desde este 2026 será un ídolo y una inspiración para los latinoamericanos apasionados de estas disciplinas.
En el cono sur de América caerá poca nieve, pero Lucas puso en lo más alto la bandera de Brasil con su triunfo en el eslalon gigante, que asombró a millones de personas con el primer título de Latinoamérica en la historia de los Juegos Olímpicos de Invierno.
Y por si fuera poco, también una representante vikinga, Anna Odine Strom, rompió todos los estereotipos de género y fue la primera campeona en la carrera de saltos de esquí. Otra coterránea le siguió en el podio: Eirin Kvandal. El deporte continúa derrumbando muros.
Pero el fenómeno Klaebo, «el abominable hombre de las nieves» —como le apodan muchos de sus seguidores— y compañía, confirman que la aparición de estrellas noruegas, como el ajedrecista Magnus Carlsen, el corredor Jakob Ingebrigtsen y los futbolistas Erling Haaland y Ada Hegerberg (balón de oro), o el regreso de su selección de fútbol a un Mundial, no es una coincidencia generacional, sino un crecimiento notable del deporte en esta nación de aproximadamente cinco millones de habitantes.
Esa tierra escandinava ha reflejado su dominio en la nieve, pero también ha dado una clase de cómo manejar el desarrollo del deporte en estos tiempos, con un sistema de base que despoja a los niños de la presión competitiva, les muestra la actividad física como una manera de disfrutar la vida y les facilita el camino para la práctica de varias disciplinas hasta que descubra su verdadero potencial.
Pero ese sistema de base se complementa con eficacia en los certámenes de envergadura, especialización de atletas y entrenadores, eficiencia en pruebas que aportan muchas preseas, inversión en infraestructuras, aplicación de los avances tecnológicos y científicos, buenas condiciones, motivación constante, el aprovechamiento del clima y la potenciación de los jóvenes.
Muchos países debían echar un vistazo a los métodos del norte y adaptarlos a sus posibilidades. Mientras tanto, de algo estamos seguros —parafraseando aquella mítica declaración de Gary Lineker sobre el poderío alemán en el fútbol— los Juegos Olímpicos de Invierno son deportes donde compiten múltiples países y casi siempre gana Noruega.
