Los jugadores del Leicester City no pueden creer la realidad de descender a la tercera división del fútbol Inglés. Autor: Juventud Rebelde Publicado: 23/04/2026 | 06:08 pm
Fue un sueño hermoso, frágil como el vidrio más fino, que se sostuvo por un instante eterno en las manos de millones de aficionados. Parafraseando una canción que paralizó Cuba a mitad de la primera década del siglo XXI, aquella historia parecía escrita para la eternidad, de rodillas y con lágrimas de frente al terreno de fútbol. Pero este martes 21 de abril de 2026, el King Power Stadium se convirtió en esa lluvia en la ventana que despierta de golpe y deja un vacío helado. Diez años exactos después de aquella tarde de primavera en que Wes Morgan levantó al cielo de Londres una Premier League imposible, el Leicester City certificó su descenso a la League One, la tercera división del fútbol inglés. Lo que parecía un cuento de hadas eterno se resquebrajó en mil pedazos, y como dice la canción, el sentimiento colectivo de la afición fox se resume en un verso que duele, ante la lástima por tener un sueño y que fuera de cristal, y que a pesar de hacer todo por conservarlo, este se rompió.
En 2016, los Foxes lograron lo impensable. Con Claudio Ranieri en el banquillo y un grupo de guerreros que incluían a Jamie Vardy, Riyad Mahrez y N'Golo Kanté, desafiaron todas las leyes de la probabilidad para escribir la página más gloriosa del deporte moderno. No fue flor de un día: al año siguiente alcanzaron los cuartos de final de la Champions League, y en 2021 alzaron la FA Cup en Wembley. Sin embargo, aquel castillo de naipes comenzó a tambalearse cuando los cimientos financieros y deportivos se agrietaron.
La pandemia del COVID-19 golpeó con crudeza el negocio de duty free de los propietarios tailandeses, King Power, secando el grifo de las inversiones. Brendan Rodgers avisó del peligro, pero nadie escuchó: una pésima planificación de fichajes, una masa salarial insostenible y una dirigencia errática convirtieron la excelencia en una lenta agonía que empezó con el primer descenso a Championship en 2023 y se aceleró con la caída desde la Premier en 2025.
La sentencia definitiva llegó en una noche cargada de simbolismo cruel. Necesitado de una victoria para seguir soñando con la salvación, el Leicester se adelantó 2-1 en la segunda mitad con goles de Jordan James y Luke Thomas, pero un error garrafal de Asmir Begovic en el primer tiempo y la diana del exleicester Oli McBurnie (porque el peor enemigo muchas veces fue tu mayor aliado) sellaron el 2-2 definitivo ante el Hull City. El pitido final sepultó al equipo en la vigesimotercera posición de la Championship con solo 42 puntos en 44 jornadas, a siete puntos de la salvación cuando solo quedaban seis por disputar.
Para añadir sal a la herida, los Foxes arrastraban una sanción de seis puntos por incumplir las reglas de fair play financiero de la EFL, un lastre que convirtió su ya delicada situación en una condena casi segura. Mientras en el mismo césped donde una década antes se celebraba un milagro, este martes solo resonaban los abucheos de una grada semivacía y las lágrimas de quienes vieron cómo su sueño de cristal se hacía añicos contra el suelo de la realidad.
¿Cómo se explica semejante debacle? La respuesta es una tormenta perfecta de mala gestión. Tras la trágica muerte de Vichai Srivaddhanaprabha en un accidente de helicóptero en 2018, el club perdió a su gran visionario. Su hijo, Aiyawatt «Top», heredó un imperio golpeado por la crisis económica que nunca supo gestionar con la misma mano izquierda. En los últimos tres años, el Leicester pasó por siete entrenadores diferentes (Dean Smith, Enzo Maresca, Steve Cooper, Ruud van Nistelrooy, Martí Cifuentes y Gary Rowett), una danza de banquillos que impidió cualquier atisbo de proyecto sólido.
A la fuga de talentos como Maddison o Tielemans se sumó la marcha del emblema Jamie Vardy, que dejó un vacío de liderazgo imposible de llenar. La guinda del desastre la puso una gestión económica temeraria que acumuló pérdidas de 71,1 millones de libras solo en la temporada 2024-2025, disparando una bola de nieve que terminó aplastando el orgullo de una ciudad.
Ahora, la realidad es tan cruda como el amanecer que menciona la canción. La afición celeste daría todo por no despertar, al tiempo que sigue dando vueltas por no creer lo que vive. El Leicester City, el equipo que enseñó al mundo que los milagros existen, se prepara para visitar campos como el de Bromley o Mansfield Town, clubes que han pasado la mayor parte de su historia en el fútbol no profesional.
El sueño de cristal no solo se ha roto, sino que se ha pulverizado hasta convertirse en polvo de estrellas que solo brilla en la memoria de los viejos vídeos de YouTube. La próxima temporada, mientras el fútbol de élite siga girando sin ellos, los aficionados del Leicester se aferrarán a la almohada del recuerdo, esperando volver a encontrarse con aquel sueño perdido, aunque solo sea en el eco lejano de un milagro que, como bien decía la canción, se rompió para siempre.
