Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Anaisel no creyó en alturas

Sin margen a la duda, bañado por una ovación tremenda, un pronóstico quedó rotó en los 67 kilogramos del taekwondo femenino

Autor:

Luis Raúl Vázquez Muñoz

SANTO DOMINGO, República Dominicana.— Mónica Ramírez Ferrer, la joven fotógrafa de JIT, se olió la foto. Porque Anaisel León llegó concentrada, pero nerviosa, al área de combate. Motivos tenía.

Se iba a sostener el enfrentamiento por el oro en los 67 kilogramos del taekwondo. «Yo la he visto pelear otras veces —contó Mónica—, y ella es muy concentrada. No existe nada. Solo su entrenador y la pelea, pero esta vez había algo más. Tenía mucha tensión».

La presión se justificaba. Delante de ella tenía a la mexicana Leslie Soltero, campeona mundial en Guadalajara 2022 y oro panamericano en Santiago de Chile 2023. Por demás, Anaisel había combatido antes con ella, y había perdido.

En el pabellón de judo, el grueso del equipo de prensa seguía a los atletas en medio de los rugidos del público. En los comentarios, la pelea de la joven pinareña en taekwondo era algo que se comentaba, aunque sin énfasis, como de pasada. Sencillamente, no había esperanzas.

Ya había terminado la pelea de Andy Granda, el público salía, cuando se sintió un pequeño revuelo y un reportero salió a la carrera. «¿Qué pasa?», se oyó. Otro más salió al trote con una cámara en mano. Otro avanzó caminando a paso rápido. «La cubana está ganando», dijo moviendo una mano. «Hay que apurarse».

En el pabellón de taekwondo, Mónica presencia lo que nadie imaginaba. En la primera ronda, la monarca ganó 4-2. Pero el asombró llegó en la segunda: la cubana venció 6-0. La corona se tambaleaba. En el tercero la mexicana respondió con furia. El duelo de patadas resonaba en el recinto por encima de los gritos del público. Leslie Soltero atacaba con furia. Había que demostrar que la monarca era ella. Podía hacerlo, pero algo andaba mal. La cubana no se doblaba. Le paraba los golpes, sus patadas terminaban en el vacío. Hay algo que no podía controlar y el marcador recogía los tantos. Marcó el punto siete. Quiso arremeter y lo que encontró fue un tornado de 27 años que comenzó a desarmarla punto a punto hasta que se oyó el pitazo final y el milagro se hizo.

«No me lo creo, no me lo creo», gritó Anaisel León. Nadie lo creía tampoco, pero era cierto. El oro es para ella y el salón ruge, y ella llora, grita, grita bien alto y cae de rodillas en el colchón, con los puños apretados, repleta de alegría, de sueños. Y Mónica, sin dudarlo, llena también de felicidad, hizo click.

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