Taymara Oropesa al lograr el punto que la convirtió en medallista de oro centroamericano de bádminton femenino. Autor: Mónica Ramírez/JIT Publicado: 28/07/2026 | 01:17 pm
SANTO DOMINGO, República Dominicana.— Taymara Oropesa tuvo que medir los pasos. Nunca antes había competido con la mexicana Vanesa García, una joven con poco historial, pero con un ímpetu que la identifica como una promesa para México.
Sin embargo, en el Pabellón de Tenis de Mesa del Parque del Este en Santo Domingo, la azteca demostró ante la cubana que ella también es perseverancia y que no cedía espacios.
Por esa razón, Taymara Oropesa tuvo que medirla bien. En el primer round, Vanesa García dominó el marcador y lo hizo con furia. La cubana devolvía los golpes, pero la contrincante subía la parada con amplitud. Así dominó 21 a 15.
Solo que Taymara la había medido. Y en la segunda ronda, confirmó lo que había notado. Que la estrategia de jugar rápido no daba resultados con una mexicana que se movía como un relámpago. Que su oponente tenía problemas para actuar por la izquierda. Lo otro era suposición, pero una idea que daba oportunidades. Taymara se decidió a asumir el riesgo y lo logró.
«Aposté a la resistencia -contó-. Había probabilidades de que ella aguantara, pero algo me decía que yo estaba en mejor forma y empecé a cansarla».
El resultado fue una aplanadora, que poco a poco minó la resistencia y la estabilidad de la mexicana. El segundo asalto fue de confirmación: 22-20 a favor de la cubana. Estaba ajustado, pero desde las gradas se veía que algo pasaba.
El tercero presentó a una Taymara que empezó a caminar más erguida, con la raqueta pegada al antebrazo, un gesto que aparecía en ella cuando daba un golpe seguro o sentía confianza. Luego los movimientos se hacían rápidos, pero con mayor soltura. Y, entonces, el volante empezó a caer en los lugares precisos, Taymara dejó de seguir los raquetazos largos porque sabía que volaban marcados para caer en zona muerta y con punto a su favor. Y la mexicana empezó a jadear y la cubana se mantenía imperturbable hasta que llegó el último golpe, el definitivo: el número 21 frente a un tablero contrario que no pudo salir del 15.
