Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Los héroes también lloran

El partido final por el oro en el hockey masculino en Santo Domingo 2026 se vivió con gritos, angustias y también con su cuota de llanto

Autor:

Luis Raúl Vázquez Muñoz

SANTO DOMINGO, República Dominicana.— Y aquí estamos de nuevo, en el mismo lugar y bajo el mismo sol inclemente de la otra vez. En el campo de hockey del Parque del Este de República Dominicana, en una nueva discusión por el oro.

El otro día era con las mujeres. Ahora es con los hombres, en una peleíta que, al igual que la femenina, pocos o nadie veía venir. Con un equipo armado con veteranos, con un oye echa para acá, mi socio, y mezclados con muchachos nuevos y que por primera vez salen de Cuba. En otras palabras, para resumir, un equipo creado a tambores limpios y pasados por la máquina de moler carne de los apagones y el no hay por lo que tú sabes.

Y aquí están, batidos con el equipo de Trinidad y Tobago, con unos jugadores que se pasan el año prendidos en Europa. Bueno, el caso es que los que están en alumbrones vienen por la calle del medio y en el primer tiempo les soplaron un gol, aderezado con un bastonazo por la rodilla un jugador de Trinidad, que lo pusieron a chillar. La cosa se puso mejor cuando los criollos marcaron el segundo tanto y en las gradas la comisión de embullo se dijo: «Esto es cuestión de tiempo, caballeros».

Pero parece que los trinitarios nos oyeron o alguien pasó un SMS. El caso es que apretaron. Y para que el baile se pusiera bueno, lo primero que hicieron fue traquearle un bastonazo por la canilla a un cubano. Parece que fue con ganas, porque lo tuvieron que sacar en camilla y viendo la Osa Mayor a las dos de la tarde. Luego armaron un dale al que no te dio frente a la portería y con bastante trabajo, sudando la gorda y algo más, empataron el juego.

Nada, que aquí estamos en penales o shoot-out, como dice el narrador del campo en un inglés de Tom is a boy y Mary también. La molotera en las gradas es tremenda y con la respiración en vilo.

Y viene el primero, el cubano Marlon de Jesús Sánchez. Va suavecito, casi bailando, el portero de Trinidad se le abalanza y el muchacho, más fresco que una lechuga, se pone de costado y le pasa la pelota por arriba para meter gol. Tremenda y más grande es la gritería, que se oye en Santiago de Cuba.

El primer ataque de Trinidad y Tobago se frustra, no sin sus bastonazos. El segundo ataque de Cuba, el portero lo controla. Les toca a los contrarios. Es Dylan Francis, que va con una soltura que mete miedo y con esa misma agilidad engaña al guardameta cubano, hace un giro y le cuela la pelota de costado. Empatado el negocio.

Vuelve Cuba y falla. Demasiado apurado el muchacho. A Trinidad le bloquean el tiro. Regresa Cuba y se descontrola. Han fallado tres intentos seguidos. Trinidad a la carga. Y falla. El portero cubano está que corta.

Ahora le toca a Cuba. Allá va. No te apures, chico. Dale suavecito, dale y el portero de Trinidad lo barre con una zancadilla a la cara. Y te la buscaste, mi socio, porque el árbitro decreta un tiro directo.

Iraidys Calderón se acerca. Le ponen la pelota a unos pasitos de la portería. Es como jugar al golf. Parece fácil, pero con el atalaje que tiene de petos, caretas y protector de piernas, ¿quién se la suena al portero? Iraidys lo mira. Baja la vista. Observa la pelota. Respira y manda una pedrá. Uno grita: «Falló». Y se oye una gritería, y se oye un pitazo y la gente grita más alto y uno del equipo grita: «La bandera, la bandera». Y tú ves cómo se van esos héroes por todo el terreno con la bandera en alto, dando brincos, sudados, alegres y llorando.

El pitazo confirma el triunfo y la bandera de Cuba se pasea por el campo de hockey del Parque del Este de Santo Domingo. Foto: Ricardo López Hevia

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