Javier Aguirre regresa al fútbol español para salvar a un histórico en apuros como el Valencia. Autor: RTVE Publicado: 27/09/2026 | 10:36 am
Mestalla huele a ceniza. El histórico coliseo valencianista, que un día fue un infierno para los grandes de Europa, se ha convertido en un solar humeante donde los aficionados llegan con extintores en la garganta y la paciencia hecha trizas. Y en medio de ese incendio, el Valencia CF ha contratado al hombre que lleva dos décadas apagando fuegos por toda España: Javier Aguirre. El «Vasco», con su guitarra de mariachi y su bigote de veterano, desembarca en la capital del Turia como el segundo entrenador más veterano de LaLiga —solo por detrás de Pellegrini— para intentar lo que ya ha hecho cinco veces antes: salvar a un equipo del descenso. El comunicado oficial llegó este miércoles 23 de septiembre: contrato hasta final de temporada con opción de ampliación por una más.
¿Cómo ha llegado el Valencia a este punto? La respuesta es un rosario de malas decisiones, deudas impagables y un nuevo estadio que nunca termina de construirse. El club que en 2004 fue nombrado el mejor del mundo por la IFFHS, que disputó dos finales consecutivas de la Champions League y que ganó seis Ligas y ocho Copas del Rey, lleva años coqueteando con el abismo. Ya ocupó plazas de descenso en las temporadas 2022-23, 2024-25 y 2025-26, y este curso ha firmado su peor arranque histórico: un solo punto en las primeras cinco jornadas, un único gol a favor y diez en contra. Carlos Corberán, destituido el 13 de septiembre, se convirtió en el primer entrenador despedido de LaLiga tras la derrota ante el Sevilla y la afición, harta, recibió al equipo en el aeropuerto de Manises con cánticos de «jugadores, mercenarios» y «Corberán, dimisión». El fuego no era metafórico: era real.
Pero para incendios, Aguirre. El mexicano, nacido en Ciudad de México pero de padres vascos, ha construido su leyenda en España a base de llegadas de emergencia y salvaciones imposibles. Con Osasuna no solo evitó el descenso: lo clasificó para la Copa de la UEFA y para la fase previa de la Champions League. Con el Zaragoza ganó la Copa del Rey de 2004. Con el Espanyol lo salvó con cuatro jornadas de antelación. Con el Mallorca, en 2022, selló la permanencia venciendo precisamente al Osasuna en Pamplona. Solo el Leganés se le resistió, pero incluso ahí dejó la sensación de haber hecho todo lo posible. Es un especialista para el descenso en España. Su currículum es el de un bombero que ha apagado más incendios que el parque de bomberos de cualquier capital.
Su última escala ibérica antes de este nuevo desafío fue el Mallorca, donde firmó una de las páginas más emocionantes de su carrera: la final de la Copa del Rey de 2024. El conjunto bermellón cayó en la tanda de penaltis ante el Athletic Club, pero Aguirre se marchó de Sevilla con la sensación de haber rozado la gloria con un equipo modesto, aquel famoso futbol tequila que trascendió las fronteras española. Después llegó su tercera etapa al frente de la selección mexicana, que dirigió en el Mundial de 2026 hasta los octavos de final, donde fue eliminado por Inglaterra. Ahora, a sus 67 años, regresa a LaLiga para lo que él mismo ha definido como un incendio «color de hormiga». No ha venido a construir, ha venido a apagar. Y en Mestalla, un estadio que vive su última temporada antes de la demolición, no hay tiempo para arquitecturas: solo para mangueras y extintores.
El debut de Aguirre no será inmediato. Tendrá la fecha FIFA de octubre para trabajar con un vestuario en ruinas antes de estrenarse el 11 de octubre en El Sardinero, ante el Racing de Santander. La tarea es titánica: el Valencia suma cuatro puntos en siete jornadas, es penúltimo, y la afición ha perdido la fe. Pero si alguien sabe de resurrecciones, es el «Vasco». Como dijo Santi Cañizares, «si hay que elegir entre un bombero y un arquitecto, siempre prefiero el arquitecto, pero cuando no tengo fuego». El Valencia tiene fuego, y mucho. Por eso ha llamado al mariachi especialista en espantar catrinas. Que empiece la música, porque el incendio no espera.
