Iván Silva fue el único cubano capaz de pasar del primer combate en el Mundial de judo. Autor: IJF Publicado: 10/10/2026 | 12:16 pm
Bakú no es la misma de 2018, cuando, siendo sede por primera vez de un Campeonato Mundial absoluto de judo, Idalys Ortiz logró uno de sus dos subtítulos a nivel universal e Iván Felipe Silva consiguió su única medalla del orbe entre mayores, una plata igual que la de Idalys. Incluso, Maylín del Toro por poco garantiza una presea que todavía no luce en los anaqueles de su casa. Ocho años después, Bakú no ha sido lo generosa de entonces con los judocas cubanos.
En la capital de Azerbaiyán, que hoy vive el último día de competencias del Campeonato Mundial, con el torneo por equipos, nuestro país volvió a irse en blanco en cuanto a medallas individuales. Y digo volvió, con toda intención, porque Cuba en Bakú se miró en el mismo espejo que en Budapest 2025, Abu Dabi 2024 y Doha 2023, últimas ediciones mundialistas que no reservaron podio alguno para los judocas de la Isla.
Lo más doloroso o preocupante del desempeño del conjunto antillano en la gran urbe azerí no fue la ausencia de metales. Como se sabe, uno puede luchar con uñas y dientes y quedar a milímetros de un bronce (el deporte, más que nada, vive lleno de historias de ese tipo). Las alarmas realmente suenan con estrépito porque los triunfos fueron contados, tan contados que sobran dedos de un mano.
Cuba acudió con siete representantes (cuatro mujeres y tres hombres) y el único que se anotó la victoria fue Silva, con un par de sonrisas en los 100 kg, en tanto cayeron en su combate inicial Jonathan Charón, Orlando Polanco, Lian Benavidez, Maylín del Toro, Lianet Cardona y Dayanara Curbelo, la última en perder, este sábado, ante la francesa Romane Dicko, doble bronceada en Juegos Olímpicos.
Como ven, dos éxitos —de un mismo atleta— y seis reveses dejaron malparada a la Isla en un certamen dominado por Japón a sus anchas. Nuestro país continúa perdiendo autoridad en el concierto universal y esta dura realidad contrasta con la reputación ganada por el judo cubano durante más de dos décadas de fértiles cosechas en Campeonatos Mundiales, Juegos Olímpicos y torneos con categoría de Grand Prix o Grand Slam.
Apuntar con un dedo inquisidor a cada uno de los judocas cubanos concursantes en Bakú, en búsqueda de respuestas, no es del todo prudente. Si bien ellos tienen mucha responsabilidad sobre sus actuaciones finales, un análisis justo y mesurado sacaría rápido a flote un punto, muy manido, la verdad, pero que continúa socavando el deporte cubano, quizá ahora con más fuerza: el fogueo internacional, un aspecto medular para la consecución de resultados ambiciosos.
Es sencillo, no podemos elevar el nivel de exigencia con un atleta que compite poco con la élite mundial, práctica habitual en la mayoría de los oponentes de los cubanos. El progreso va unido con el roce internacional de alta calidad y con bases de preparación junto a selecciones nacionales dominantes, y esto, a su vez, contribuye a una mejor imagen en lides rigurosas como un Mundial.
A Bakú llegaron los siete judocas insulares sin ninguna justa internacional ni campo de entrenamiento en el extranjero, después de participar en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo, en agosto pasado. Eso explica también, en parte, la sequía triunfadora. Esperemos que para la próxima edición, en Astaná 2027, el panorama sea diferente para un equipo cubano con talento, disciplina y muchísima voluntad.
