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El atolondrado mea culpa bushiasno sobre la brutal e injustificada invasión a Irak

Consecuencia de su ignorancia supina, los muchos deslices o traspiés se le justificaron con la dislexia y la personalidad bipolar que se dijo padecía

Autor:

Juana Carrasco Martín

En su momento, cuando se hizo de la Casa Blanca, George W. Bush, el hijo, adquirió fama —y no le faltaron las burlas— por sus innumerables meteduras de pata en política internacional, que algunos benévolos periodistas o analistas pretendían atenuar en su significado utilizando la palabra gaffe, sin advertir que su definición desde el inglés lo retrataba: «es un error estúpido o descuidado, por ejemplo, cuando dices o haces algo que ofende o molesta a la gente».

Consecuencia de su ignorancia supina, los muchos deslices o traspiés se le justificaron con la dislexia y la personalidad bipolar que se dijo padecía.

Pero ya se sabe que el pez muere por la boca, y Bush salió a la palestra para juzgar y condenar la operación militar rusa en Ucrania e inadvertidamente se hizo un selfie, es decir un autoretrato —que bien rico es nuestro idioma——, y lo publicó, por supuesto.

El W. condenó el miércoles «la decisión de un hombre de lanzar una invasión totalmente injustificada y brutal de Irak», aunque él quería referirse a Rusia y Ucrania, le venía bien el sayo, porque George W. Bush es el hombre que ordenó en marzo de 2003 la invasión de Irak, y hundió a ese país con una guerra infinita y la destrucción correspondientes, aduciendo la mentira de que Saddam Hussein poseía armas de destrucción masiva y otros pretextos.

Su crimen de guerra —que la llamada «comunidad internacional» no le condenó, por el contrario se hizo su aliada-cómplice— costó miles de vidas estadounidenses y de invasores de otras naciones  y de cientos de miles de iraquíes, probablemente más de un millón, y  todavía hoy sufren los horrores de la  guerra.

Los crímenes de guerra fueron revelados por los documentos filtrados y publicados por Wikileaks en 2010. Se conocieron torturas y ejecuciones, se supo de Abu Ghraib y las cárceles secretas de la CIA y el Pentágono, incluida la instalada en el ilegal Base Naval estadounidense en el territorio cubano usurpado de Guantánamo, los miles de civiles asesinados por los bombardeos y las tropas de EE. UU. Por eso quieren condenar de por vida al periodista Julian Assange.

El desacierto de este miércoles en Dallas fue cubierto por el propio Bush, quien reconoció  su  torpeza y la intentó tapar ante quienes le escuchaban en Dallas, Texas, con una más grave al calificar aquella invasión y la ocupación de casi dos décadas de «eternamente correcta» y justificar su nuevo resbalón verbal aduciendo su edad.

En realidad no es la edad, tampoco la dislexia, ni siquiera la ignorancia. George W. Bush, el hijo, pecó de hipocresía al querer juzgar a otros de su propia y grave falta como criminal de guerra, un cargo para el que hasta ahora ha logrado la impunidad, porque el ha sido el brazo ejecutor de un derecho a intervenir que se abroga el imperio en su pretension de dominar a todo el mundo.

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