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Las alertas de Fidel al G77 y China: El sur necesita del sur

Retomamos algunas ideas trascendentles de Fidel Castro al G77, de gran vigencia para los tiempos actuales

Autor:

Bertha Mojena Milián

Corría septiembre de 1999. Faltaban pocos meses para que Cuba tuviera el honor y la enorme responsabilidad de acoger la Cumbre Sur —que se celebraría en abril de 2000— cuando el líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, entonces Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, enviara una carta-mensaje a los participantes en la Reunión Ministerial del Grupo de los 77, que pareciera escrito por estos días.

Fidel —como tantas otras veces durante su trayectoria política, como estadista de talla internacional y por sus responsabilidades al frente de Cuba— parecía estudiar, reflexionar y alertar sobre situaciones, fenómenos, sobre los desafíos del mundo y de la especie humana, en momentos en los que además, se hablaba como nunca antes de globalización e impacto de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, en especial de internet.

Recordemos algunas de aquellas ideas trascendentales.

Para el Comandante en Jefe, el G77 necesitaba de «una reflexión colectiva sobre cómo enfrentar las nuevas realidades mundiales para tener acceso al desarrollo, erradicar la pobreza, defender las culturas y ocupar el lugar que le corresponde en la toma de decisiones globales que a todos afectan».

Rememoraba también cómo el Grupo —desde su creación en 1964— había desempeñado una relevante función como representante del sur y defensor de sus intereses en múltiples negociaciones. «Formamos un conjunto de países caracterizados por la diversidad en cuanto a la geografía, las culturas y los niveles de desarrollo económico».

Sin embargo, consideraba que esa diversidad no debía ser debilidad, sino fuerza, y que en la reflexión serena y el intercambio sincero de ideas, se encontrarían las vías para incluir los legítimos intereses de todos los países miembros, sean mayores en extensión geográfica o más pequeños, sean de una u otra región, de una u otra cultura, continentales o insulares.

«Por encima de la diversidad y como factor de unidad y cohesión, compartimos la condición de grupo de países al que muy poco y en muchas ocasiones prácticamente nada alcanzan los beneficios del actual orden mundial con sus brillantes tecnologías, expansión de mercados y burbujas financieras», agregó.

Fidel alertó que, entonces, a las puertas de un nuevo milenio y enfrentados a los enormes desafíos que planteaba un orden mundial unipolar y un proceso de globalización que avanzaba impetuosamente conformando un mundo con mayor potencial tecnológico que nunca antes, también se avizoraban mayores desigualdades y exclusiones, se habían acortado las distancias gracias a impresionantes logros tecnológicos, lo cual representaba un enorme potencial para el desarrollo, la erradicación de la pobreza y el fomento del bienestar en condiciones de equidad social para toda la humanidad, pero la globalización no podía «desplegar su potencial de progreso y desarrollo para todos y no solo para una minoría privilegiada, sin un diálogo entre los países desarrollados y el Tercer Mundo, amplio, responsable y con plena comprensión de las responsabilidades comunes».

Debía ser este —decía— un diálogo «entre partes con igualdad de derechos, y no un monólogo en el que al Tercer Mundo le corresponda el papel de escuchar el discurso sobre lo que debe hacer para merecer certificados de buena conducta». Serían entonces muchos y variados los puntos a incluir en ese diálogo, pues emergían nuevos conflictos y crecientes desigualdades que requerían de una negociación en la cual la capacidad de concertación como Grupo de los 77 y una conducta negociadora inteligente, flexible y con firmeza en los principios, eran condición imprescindible para lograr un consenso «renovado y capaz de estar a la altura de los inmensos desafíos globales que enfrenta la humanidad».

«El sur necesita del sur», destacó Fidel a las puertas de un nuevo siglo, quien llamó a hacer un mayor aporte mediante acciones concretas y mecanismos innovadores, promoviendo el intercambio de las experiencias y las capacidades que cada país poseía; de ahí que el tema relativo al conocimiento y la tecnología debía ser de especial relieve porque en buena medida decidía los problemas y el futuro de nuestros países.

Recalcó, asimismo, que para Cuba era de especial trascendencia que los integrantes del G77 discutieran estas decisivas cuestiones y adoptaran estrategias comunes para defender sus intereses en un mundo unipolar en el que cada vez eran más evidentes los intentos de unos pocos de barrer con los principios del Derecho Internacional consagrados en la Carta de las Naciones Unidas. Y como en tantas otras ocasiones, el líder cubano señaló que la Mayor de las Antillas ponía a disposición sus experiencias en la práctica de la cooperación, sobre todo en áreas como la salud y la educación.

«Solo unidos seremos capaces de hacernos escuchar, de luchar por nuestros intereses, de defender nuestro derecho a la vida, al desarrollo y a la cultura», significó Fidel en una frase que —tras este nuevo encuentro de la mayor organización intergubernamental en las Naciones Unidas—, parece erigirse como eje de los debates, las reflexiones y la necesaria concertación de criterios y acciones en pos del bienestar común de nuestras naciones.

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