Por el Estrecho de Ormuz viaja buena parte de la producción petrolera mundial Autor: Juventud Rebelde Publicado: 13/04/2026 | 10:11 pm
La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán puede volver a estallar en cualquier momento. El cese del fuego por 10 días acordado a última hora, el martes pasado, se tambalea.
El Gobierno israelí de extrema derecha sionista de Benjamín Netanyahu, que desconoció la tregua y siguió con brutales bombardeos al Líbano, con saldo de miles de civiles muertos y heridos, quiere que Estados Unidos continúe los ataques a Irán hasta liquidar todo su potencial militar.
Netanyahu no podrá sobrevivir políticamente a un arreglo pacífico entre Washington y Teherán. Por lo menos, si no incluye la destrucción de las capacidades de enriquecimiento de uranio y de producción de misiles iraníes.
Eso la República Islámica no lo aceptará. Es su derecho al uso pacífico de energía nuclear, al desarrollo científico. Y en cuanto a los misiles, su legítimo derecho a la defensa.
A pesar de sus apocalípticas amenazas, Trump no logró imponer a Irán en las negociaciones del sábado en Pakistán la rendición que fue incapaz de alcanzar en el campo de batalla.
La República Islámica abrió un complejo escenario de guerra al atacar todas sus bases militares en seis países de la región con sus propios misiles de largo alcance y alto poder destructivo.
Nadie, ni siquiera los estrategas del Pentágono, pudieron imaginar que Irán se atreviera a bombardear la red de sofisticadas bases en Irak, Bahréin, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Catar, de donde evacuaron a la carrera, para evitar grandes bajas, dejando abandonado todo un arsenal estratégico de comunicaciones y mando.
En pocos días se derrumbó la supuesta coraza protectora de sus aliados proveedores de petróleo y de las industrias estadounidenses en la región.
Los iraníes burlaron todo el costoso sistema defensivo de Israel y arrasaron en Tel Aviv, Haifa, Bersheba y Dimona, posiciones de alta importancia estratégica.
El enorme poderío bélico lanzado sobre la nación persa no logró doblegar la resistencia del liderazgo de la República Islámica, que se sobrepuso al inicial masivo y sorpresivo bombardeo, en que fueron asesinados altos jefes militares y el líder supremo Ayatolá Alí Jameneí.
El fracaso de negociaciones para un acuerdo que ponga fin a la guerra revela un dilema que deja muy mal parado a Trump ahora y frente al desafío electoral de los republicanos en noviembre para conservar mayoría en las dos cámaras del Congreso.
La paz sobre las bases propuestas a los mediadores paquistaníes—que Trump aceptó con alivio, para salir del atolladero de su amenaza de borrar del mapa una civilización de 6 000 años— equivale a una derrota.
Proseguir la guerra con todas sus consecuencias nefastas para la economía mundial, en particular para consumidores estadounidenses y los países aliados, tiene un costo insostenible.
La tensión vuelve a subir a niveles alarmantes en el entorno de Irán, tras la nueva amenaza del presidente Donald Trump de imponerle un bloqueo naval total.
Trump apuesta ahora con impedir el comercio de Irán, la extorsión económica. Irán califica de piratería la política emprendida por la Casa Blanca.
La Unión Europea, Francia y el Reino Unido, en una tibia reacción contraria al bloqueo naval, adelantaron ideas para una acción política multinacional que garantice el libre tránsito naval por el Estrecho de Ormuz y el Mar de Omán.
En un giro alentador, el ministro de Defensa de Pakistán, Khawaja Asif, afirmó que «aún existe la posibilidad de reanudar las conversaciones entre Estados Unidos e Irán», y se mostró optimista sobre los esfuerzos diplomáticos en curso.
Añadió que «se espera que una nueva ronda de negociaciones comience pronto».
