El secretario de Estado norteamericano Marco Rubio. Autor: Osval Publicado: 23/08/2026 | 10:32 am
Nadie tenía duda sobre el particular, pero lo advirtió bien claro: «Yo no trabajo para Cuba, trabajo para Estados Unidos». Más cerca de lo cierto, podría decir: «yo trabajo para ser Presidente de Estados Unidos», objetivo de ese ambicioso susurrador en el séquito trumpiano, quien ve, en el asedio a Cuba y los catastróficos daños que a diario ocasiona a nuestro pueblo, un camino expedito hacia la cima de la Casa Blanca.
El cerco a esta pequeña nación caribeña está quizá en su fase más brutal, aunque nuevas disposiciones se les ocurren a diario a Marco Rubio y a Donald Trump para cerrar cualquier alivio en una guerra económica que dura más de seis décadas y ha tenido variantes de todo tipo. A pesar de su crueldad y prolongación en el tiempo no han logrado ganar. Cuba está, sobrevive y no se rinde, aun en tan terribles circunstancias.
Para intentar un cambio de régimen, el binomio aprieta a partir de la orden ejecutiva 14404, de la que esperan el éxito anunciado en «El declive y la caída de Castro», el memorando escrito por Lester D. Mallory, subsecretario adjunto de Estado para Asuntos Interamericanos del presidente Dwight Eisenhower, en abril de 1960.
No lo lograron entonces, tampoco con la invasión mercenaria por Playa Girón, ni con la amenaza de guerra nuclear durante la Crisis de Octubre de 1962, ni con plagas ni epidemias, sabotajes, acciones terroristas, aislamiento regional bajo presiones de la Doctrina Monroe y la desprestigiada OEA, entre otras operaciones.
Han hecho mucho daño con las leyes del bloqueo y otras similares en sus propósitos (declaración de Estado Patrocinador del Terrorismo, la Ley Torricelli de Democracia Cubana de 1992, la Ley Helms-Burton de 1996 y otras), impidiendo u obstaculizando el comercio, los viajes, las transacciones financieras, incluso desde la extraterritorialidad impuesta a otros países. Pero nada ha tenido el resultado apetecido.
Así que ahora comprimen al máximo para «provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del Gobierno», como establecía aquel plan primigenio, ampliado en su crueldad con la exclusión energética de cero petróleo para Cuba que mantienen en este 2026, para que no tengamos ni un atisbo de luz y sí el mayor sufrimiento humano.
Hasta ha salido a relucir la CIA, que en algún momento de la extensa confrontación reconoció que sus acciones encubiertas y las sanciones no habían cumplido ninguno de sus objetivos, y ahora recrean un grupo operativo secreto, habida cuenta de la Orden Ejecutiva donde se asegura que Cuba «constituye una amenaza inusual y extraordinaria» para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos.
Al respecto, Marc Polymeropoulos, exsubjefe de operaciones de la CIA para Europa y Eurasia, afirmó a periodistas que el grupo de la Agencia Central de Inteligencia estadounidense probablemente «está preparando el entorno para hacer, o bien una acción militar, o bien una acción encubierta, y acción encubierta no significa un golpe de Estado. Puede significar operaciones de influencia».
Y Trump sigue firmando y sancionando en el tiempo transcurrido en este 2026 que, al parecer, tenía como meta para solucionar el problema.
Marco Rubio se ha regodeado, hasta el punto de que no descartaba la opción militar; lo entusiasmó el éxito obtenido en Venezuela el 3 de enero pasado, y no cesa de proferir amenazas. Mas los días pasan y hay matices. Ahora habla de transición, pero que tomará tiempo.
«Confío en que Cuba ya para cuando esta administración esté terminando o antes de que concluya esta administración, estará en un camino irreversible hacia un futuro muy diferente», dijo Rubio durante el podcast de la asesora política republicana Katie Miller, quien le preguntó si, después de Venezuela e Irán (aunque el éxito tampoco le ha acompañado en ese lejano y rico paraje), Cuba sería la siguiente.
De manera que se quedó en febrero y marzo aquella aseveración de Trump de que «Cuba caería pronto» en una «toma de control amistosa», lo que permite especular lo infructuoso de los encuentros exploratorios del Director de la CIA y de los funcionarios del Comando Sur, en esa pretensión de reconvertirnos en vasallos, como se nos impuso hasta el 31 de diciembre de 1958.
Así que otra vez las máximas presiones andan por caminos viejos, trillados y fracasados, como este de la CIA, «una estructura destinada a concentrar recursos humanos, técnicos y financieros sobre la Isla, incorporando a analistas, oficiales encargados de fuentes, especialistas en operaciones cibernéticas y personal relacionado con operaciones de influencia», al decir de Axios, la agencia de prensa convertida en caja de resonancia de la administración agresora.
¡Caramba!, la historia se repite. Llega solidaridad de los pueblos con ayuda humanitaria, Gobiernos como México, Rusia y China hacen lo suyo. Aunque ni lo uno ni lo otro cubren las necesidades, pero cimentan, junto a la resistencia y el trabajo imprescindible del pueblo, otro capítulo de luz, honor y gloria, aunque hoy se me echó a perder el costoso y preciado picadillo. Me (#%/”(“{$$/&%) en Trump y el Rubio, pero no cedo ni un ápice de mi Cuba, y creo en la justicia humana y aquello demostrado por la historia: los imperios expansionistas terminan cayendo.
Rubio, quien carece de válvula de escape para su odio malsano ni para su desvergüenza, prosigue la guerra económica contra un pueblo del que es totalmente ajeno, empeñado en conseguir «un interlocutor» complaciente en busca de fisuras para el «cambio de régimen» con que sueña. Sin embargo, no está —como él cree y declara— cerrando cada puerta que se nos abre. Cuba y los cubanos abrimos cada puerta que se nos cierra, que no es lo mismo ni es igual.
