En China sigue presente la hazaña de nuestra paratleta Yunidis Castillo. Autor: Raciel Guanche Ledesma Publicado: 17/09/2026 | 03:49 pm
Beijing, China.- El pebetero que una vez convocó al deporte mundial permanece apagado en el centro del Parque Olímpico de esta ciudad. Ya no hay bulla ni agitación a su alrededor, pero, a su vez, se mantiene intacto, perfecto, después de 18 años. Dicen que junto a la emblemática estructura que recuerda toda la gloria hecha músculos, táctica y pasión han posado millones de personas, incluidos afamados personajes y presidentes.
Unos cien metros separan al pebetero de aquel estadio con arquitectura futurista que encandiló al planeta en el verano del 2008: el Nido de Pájaros. Justo allí ardió vivo el fuego del deporte, de la amistad y la competitividad para catapultar esos Juegos Olímpicos como uno de los más grandes de la historia.

Fotos: Raciel Guanche Ledesma
Todavía hoy los muros que guardan la historia del lugar llevan siluetas y nombres especiales. Alzas la vista desde el suelo y descubres frente a ti un recuerdo nítido de aquel momento que te hizo saltar del sofá, o de cuando abrazaste a la vida por la gratitud de que tu Patria conquistara una presea olímpica. Recorres el parque buscando eso: instantes memorables.
A la sombra del pebetero, por alguna extraña mística, eres testigo de cómo nació una de las páginas más brillantes del deporte en este siglo, una «dinastía» a prueba de gigantes llegada a Beijing desde Herradura. La gente que pasa lee detenidamente en letras doradas el nombre de Mijain López, sabiendo, quizás, que allí comenzó a reservar su sitio entre los inmortales.
Con el ímpetu y orgullo que deja a cada paso el pentacampeón, sigues la ruta de los nombres que catapultaron Beijing 2008, de los protagonistas de aquellos juegos; y confirmas que esta Isla lleva bien en el pecho el elixir de los campeones. Junto a Usain Bolt, Shelly-Ann Fraser o Yelena Isinbayeva encuentras también en la lista de monarcas, por ejemplo, la excelencia de las pistas cubanas que protagonizó en el mismo Nido de Pájaros y en apenas 12.91 segundos, el vallista Dayron Robles.
Hay espacio para reconocer a cada uno de los campeones en la franja del Parque Olímpico. Caminas a paso lento, detallas y encuentras los instantes que buscas. Pero después de recorrer varios metros en círculos, se me resistía descubrir la hazaña de nuestra paratleta Yunidis Castillo. Y cuando estaba a punto de darme por vencido, ya en el ocaso de la tarde en la Plaza de la Antorcha y a orillas del Bosque Olímpico (el mayor pulmón verde urbano de Asia), apareció su doblete dorado para darme por satisfecho.

Fotos: Raciel Guanche Ledesma
China tiene la cualidad de unir y de colgarse simbólicas preseas: primero por su capacidad para reconocer el talento llegado de todas partes y luego por saber hermanar cada punto de la geografía global. A la sombra del muro olímpico de Beijing se encuentra la fiel historia de esos principios, y de unos juegos que se inmortalizaron por su modernidad, la esperanza y por el inicio de una hazaña con profundas raíces cubanas.
