Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

¿Estar a la moda?

Autor:

Edel Alejandro Sarduy Ponce

No es una novedad la presencia en las sociedades actuales de comportamientos propiciados por el consumismo, la superficialidad y, en muchas ocasiones, la mera imitación. En un entorno donde las redes sociales parecen tener una enorme influencia en el modo en que pensamos, actuamos o nos desenvolvemos en el acontecer diario, la imagen física representa un aspecto fundamental, y nuestro estilo también.

Hablar de moda o de tendencias asociadas a dicho concepto implica adentrarse en una serie de factores o procesos comportamentales, sicológicos, sociales, cognitivos e incluso emocionales. El aspecto físico, la vestimenta, los patrones culturales, el comportamiento, el ambiente en el cual una persona se desenvuelve, hasta los hábitos propios, pueden enmarcarse dentro de esos términos.

Si bien la cultura asociada al «fashionismo», o simplemente al concepto de «estar a la moda», constituye un aspecto implícito en personas de cualquier rango etario, las poblaciones más jóvenes suelen ser las más influenciadas, por estar sometidas a un mayor número de contenidos dirigidos hacia ellos.

Sin embargo, dicho proceso es complejo, pues adopta mayor relevancia en el instante en el que un individuo decide seguir su propio estilo personal, con el cual marca una diferencia, se siente cómodo con ello y crea un valor identitario.

Las tendencias culturales y estéticas denominan el mercado internacional, fenómeno propiciado muchas veces por la influencia de personalidades reconocidas, estilos creados por figuras destacadas, alguien a quien seguimos o admiramos por su trabajo. El valor comercial adquiere mucho peso alrededor de estas temáticas.

En el caso de adolescentes y jóvenes, la moda y los estilos abarcan grupos sociales con los cuales se identifican; la música que escuchan, los lugares donde acuden, la forma en que se desenvuelven y comunican… son una constante búsqueda de aceptación, relevancia e identidad.

En muchas ocasiones, el empleo de esos comportamientos va acompañado de pensamientos superficiales, estandarizadores, movidos por el deseo de «encajar», porque ser diferente a veces se percibe como negativo y acapara críticas.

El «fashionismo» y la moda toman en la actualidad caminos negativos: no es solo necesidad de aceptación o de evitar discriminación, también marca estatus social y crea etiquetas tan subjetivas como el éxito o el fracaso.

Llama la atención que algunas modas traen un «todo incluido» peligroso. En este aspecto destacan las tendencias musicales del género urbano, que además de marcar una vestimenta excéntrica y solo de marcas reconocidas, se vincula al uso de drogas, prácticas de sexo por beneficios económicos, violencia, autos y prendas de lujo…, todo un universo de discriminación constante hacia quienes no pueden acceder a tales caprichos… o lo hacen con un costo emocional y ético elevado.

Dichos comportamientos se van multiplicando, no únicamente en poblaciones jóvenes, sino también en sujetos con edades más adultas, cuyos actos pueden tener otras consecuencias, incluso legales.

Cabe preguntarse: si el concepto de moda nace asociado a la originalidad, ¿por qué asumir un estilo propio es a veces una nota discordante en ese universo? Ser influenciado por tendencias culturales que invitan a copiar patrones, ¿no significa vivir para la imitación? ¿Dónde queda la identidad, el estilo propio?

Para bien o para mal, ese es el panorama actual con respecto a este complejo tópico, y es ahí donde la reflexión y la capacidad de discernir hasta qué punto es favorable la adulación constituyen actitudes necesarias.

La moda, el estilo, la vestimenta, tienen una indiscutible importancia. Una buena presencia física siempre resulta oportuna. Pero no es obligatorio incluirse en tendencias con «impacto», a veces lo sencillo tiene mejor estética para tus circunstancias habituales.

Cada edad y momento impone un comportamiento, un vestuario, pero los patrones a asimilar son libres para cada sujeto, si el sujeto valora su libertad de ser. Más importante es combinar comodidad e identidad con respeto al contexto, si de moda estamos hablando.

Lucir bien no pasa por la crítica a la apariencia ajena, la comparación innecesaria, la superficialidad de proyección, la discriminación o la esclavitud de la aceptación. Y si cada persona puede tener su propio sello. Entonces, para ti, ¿qué es la moda?

 

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