Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Efecto paralizante en el Medio Oriente

Autor:

Leonel Nodal

 

Un ataque de Estados Unidos a las centrales de energía eléctricas iraníes, tendría un costo irreparable para Washington. Irán tiene perfectamente ubicadas todas las fuentes de energía de las bases militares y sus intereses en la región del Golfo y está listo para destruirlas.

Apenas 48 horas antes, el país persa había hecho un blanco perfecto con sus misiles de largo alcance y alto poder destructivo en el perímetro defensivo del principal centro de investigación y desarrollo de ojivas nucleares de Israel en Dimona. Un golpe inconcebible para los estrategas sionistas, que les ocasionó más de un centenar de bajas, entre ellos 46 heridos muy graves.

Todos los expertos de occidente coincidieron que fue un golpe maestro, una prueba irrebatible de que tres semanas después de los masivos y demoledores bombardeos de la fuerza aérea estadounidense e israelí -que supuestamente habían reducido a un nivel insignificante el poder de fuego de Irán- los misiles de la República Islámica borraban de un tiro la supuesta supremacía del agresor e iniciador de una guerra.

Así, después de cerrar la pasada semana con un ultimátum a Irán para que abriera libre paso a los buques petroleros por el estrecho de Ormuz en 48 horas, este lunes despertó a los mercados con el anuncio de una tregua de hasta el próximo viernes. Y otra vez Donald Trump acudió a su recurso favorito: sorprender al mundo con un falso anuncio de «conversaciones positivas, muy productivas» que lo inclinan a suspender durante cinco días todas las operaciones militares contra Irán.

¡Qué coincidencia! Cinco días para que el mercado petrolero y de gas reaccione positivamente y los precios en alza caigan de inmediato, con la esperanza del fin de las hostilidades, la reapertura del estrecho de Ormuz y la vuelta al trasiego normal de los cientos de súpertanqueros que llevan petróleo del Golfo a Europa y Asia. ¡Qué alivio!

Sin embargo, pocas horas después de su espectacular anuncio, la agencia iraní Fars lo desmintió. Según el Financial Times, el jefe del ejército paquistaní, Asim Munir, había hablado con Trump para discutir una posible desescalada. Mientras tanto, el primer ministro pakistaní, Muhammad Shehbaz Sharif, habló con el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, el lunes.

El cese de los combates es fundamental para Pakistán, dado que Islamabad comparte frontera terrestre con Teherán y tiene la segunda mayor población musulmana chiíta después de Irán. No obstante, el presidente del Parlamento iraní, Mohamed Bagher Galibaf, reiteró que «no se han celebrado negociaciones con Estados Unidos, y se utilizan noticias falsas para manipular los mercados financieros y petroleros y escapar del atolladero en el que están atrapados Estados Unidos e Israel».

El diario Middle East Eye señaló el posible papel del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, como factor desestabilizador. Ante tal planteamiento, la postura que adopte Estados Unidos será crucial. Israel da la impresión de que no se detendrá hasta haber eliminado los objetivos militares e industriales que considera vitales. El problema es que Israel no quiere la paz.

Por su parte, el analista Collin Binkley señaló en el mismo diario que «las cambiantes estrategias de Trump en el estrecho de Ormuz plantean interrogantes sobre la preparación bélica de Estados Unidos».

Tras fracasar en su intento de formar una coalición para asegurar la ruta marítima crucial del petróleo, añadio, el presidente ha recurrido a la amenaza de atacar las centrales eléctricas de Irán, una medida que, según advierten los críticos, es ilegal y podría resultar contraproducente.

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