Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

El verde esmeralda de un sí

Autor:

Laura Marian Bacallao Padrón

Quinta vez. Resolver una gestión bancaria puede exigir, además de tiempo, mucha constancia. «Con pago a jubilados no podemos atenderte», «no hay conexión en el sistema», «eso lo atendemos antes de las 10:00 a.m.», fueron algunas de las respuestas para que, a tono con el Mundial de Fútbol, no dejara de sentirme pelota entre expertos jugadores.

Ya con el cansancio del viernes a cuestas, me aventuré a otra sucursal. La larga cola de jubilados esperando cobrar su pensión impresiona. La suma de los años allí reunidos sobrecoge. Resilientes, pero agotados, los ancianos esperan. Mi misión, sin embargo, no era la de ellos: no buscaba el efectivo que muchos demandan, pero pocos depositan.

Y entonces salió ella. Una mujer de mediana edad, ataviada con su uniforme verde esmeralda. Me escuchó. Me dejó entrar, sentarme en su buró y me dijo, con toda naturalidad, que podía cumplir mi cometido. Parece exagerado, pero en ninguna de las veces anteriores había logrado algo más allá de la puerta de acceso.

Fue tan simple: le bastaron 20 minutos a aquella trabajadora jovial y educada para ayudarme a acceder, nada más y nada menos, que a mi salario como trabajadora, ese que remunera una jornada laboral cumplida, y satisface, al menos, una parte vital del sostén económico familiar.

Salí revitalizada, de un modo quizá injustificado por algo tan sencillo: resolver mi gestión. Esa sensación poderosa de pocos minutos también se reflejaba en los rostros ancianos al salir del banco, con los billetes en mano.

Quizá no fue el sabor dulce del logro, sino la satisfacción de que una sola persona, con la actitud de ayudar propia de su personalidad y la aptitud para resolver inherente a su empleo, destrabara el «no» de sus colegas y matizara el «sí» con agilidad y amabilidad.

Esa satisfacción trae consigo un apéndice de preocupación, por las veces que los servicios se malogran a causa de quienes los ejecutan, por su predisposición o su desinterés para actuar como servidores públicos. La burocracia y las carencias pueden ponerlo fácil si la apuesta es la negativa. Introspectivamente, ¿cuántas veces habré despotricado del servicio de otro y luego resulto incapaz de atender como merece mi propio público?

Es humano escudarse en los contextos, la dureza de lo que se vive en las casas, las colas, las noches de agobio, los planes pospuestos, cuando uno se analiza tras una respuesta desagradable o una negativa; pero cuando somos la víctima de esa conducta, ahí no vemos el contexto, juzgamos al humano, la decisión personal entre el altruismo y la dejadez.

Una sola persona puede cambiar mucho en el otro, para bien o para mal. Sacar del clóset el traje verde esmeralda y darles esperanza a los otros no necesita ocasiones de lujo. La superación está en que, cuando nos toque ser jugadores, nos sintamos balón antes de dar el «no», y apostemos por las primeras y únicas veces… aunque otros consideren que se precisan cinco veces (ni siquiera tres) para disfrutar la vencida.

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