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Francisco López Sacha: El oficio de escritor es tan duro que no tiene fin

A propósito de la 32da. Feria Internacional del Libro de La Habana que le ha sido dedicada, dialogamos con este escritor genuino que ha dejado su impronta en la literatura cubana, tanto en su obra escrita como en la docencia

Autor:

Lourdes de Armas

Francisco López Sacha (Manzanillo, Granma, 22 de febrero de 1950) es un reconocido narrador, ensayista y profesor de arte. Es Licenciado en Letras y especialista en Teatralogía. Estudió Letras en la Universidad de Oriente, en Santiago de Cuba, donde publicó crítica de cine y crítica literaria. Fue presidente de la Asociación de Escritores de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac). Algunos de sus cuentos y ensayos han sido traducidos al alemán, italiano, portugués, inglés y ruso. Dentro de su obra se destaca: El cumpleaños del fuego, Descubrimiento del azul, La división de las aguas, Pastel flamante, Variaciones del arte de la fuga, Prisionero del rock and roll, entre otros libros. Ha sido galardonado con importantes premios literarios en Cuba y en el extranjero.

A propósito de la 32da. Feria Internacional del Libro de La Habana que le ha sido dedicada, dialogamos con él, quien es un escritor genuino que ha dejado su impronta en la literatura cubana, tanto en su obra escrita como en la docencia.

Es un excelente profesional capaz de cautivar al auditorio más diverso con el poder de la palabra, al involucrar a todos, de manera encantadora, en cualquier tema, aunque sus preferidos sean el arte, las letras y el rock and roll.

Conversar con López Sacha siempre es un ejercicio de aprendizaje.

—¿Qué significa para usted que se le haya dedicado la 32da. Feria Internacional del Libro de La Habana?

—El sueño de todo escritor es ser leído. Para ser leído es imprescindible ser publicado. La Feria del Libro de La Habana me ofrece esa doble posibilidad, es decir, la oportunidad de ser editado y reeditado, con lo cual tengo la maravillosa ocasión de que su destinatario, el lector, está ahí, de modo que autor, libro y lector tienen un espacio único, que se produce solo una vez. Por fortuna, esa posibilidad me la ofrece mi patria, pues puedo estar entre mis lectores, para quienes escribo, y me puedo comunicar con ellos, de frente, y vivir la experiencia de ser un autor que podría conocer a su lector, quien deja de ser virtual para ser real. ¿Acaso quieres un privilegio mayor?      

—¿Háblanos brevemente sobre tus obras publicadas y los premios obtenidos?

—Hasta hoy he publicado 15 libros, de los cuales se han reeditado algunos como El cumpleaños del fuego (novela, 1986), y Descubrimiento del azul (cuento, 1987). Ahora volverán a editarse El que va con la luz, (novela, Premio de la Crítica en 2017), y Prisionero del rock and roll, 2017, ensayo sobre música popular.

«Creo que el premio más importante que he obtenido hasta hoy es la gratificación del lector, el reconocimiento del lector. De paso, algunos de mis libros han ganado los premios cubanos Caimán Barbudo, Abril, La Rosa Blanca, Cuentos de Amor, Alejo Carpentier, así como General San Martín, en Buenos Aires, Argentina, y Juan Rulfo, en París, Francia. 

—¿Cuál es tu propuesta más reciente?

—Como obra terminada mi propuesta más reciente es Voy a escribir la
eternidad
, novela, que se publicará ahora durante la Feria del Libro, la cual me demoró nada más y nada menos que 29 años. Por supuesto, desde que nació hasta que finalizó, con algunos años por el medio en los cuales me dediqué a escribir otros libros y a realizar otras labores en la Asociación de Escritores de la Uneac y en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños. Terminar esa novela tan compleja significó un reto para mí, y ahora que la he terminado, al fin, la miro con nostalgia,
no volveré a ella sino como lector, en esa magia en la que dejo de ser su autor para ser, sencillamente, su lector, en esa magia en la que deja de ser mi hija para vivir en los demás.

—¿Qué opinas del oficio de escritor, de ese momento de la creación?

—El oficio de escritor es sumamente difícil y es tan duro que no tiene fin. Uno siempre está escribiendo, incluso cuando está descansando. Esto se produce algunas veces, por fortuna, porque si no el escritor se volvería loco. Ahora bien, cuando se produce, cuando de momento se establece una conexión secreta entre la historia que uno quiere escribir, el tiempo
que le dedicas y la posibilidad real de que la historia pueda ser escrita, entonces entramos en el reino de la felicidad. 

«En esos instantes te olvidas de todo, del cansancio, de las obligaciones personales, incluso de los deberes más elementales. Ese es un estado de gracia y debemos agradecer a nuestra vida que algunas veces esto se produzca. Cuando terminas, casi siempre te preguntas: ¿acaso yo escribí esto?

«Cuando uno siente que eso que escribió lo ha hecho otro, entonces me parece que la obra escapa de ti y comienza a vivir su vida propia».

 

 

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