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Pluribus, ¿todos para uno y uno para todos? (+Video)

Apple TV+ estrenó a finales de 2025 una serie que atrapa por su argumento, destaca en todos los aspectos técnicos y abre preguntas filosóficas profundas muy difíciles de ignorar

Autor:

Yurisander Guevara Zaila

Cuando Vince Gilligan presentó su idea sobre la nueva serie que quería crear, hubo una guerra de ofertas. Gigantes de la televisión como HBO, Netflix y Amazon pusieron sobre la mesa sus mejores cartas, pero Apple colocó todo su músculo y se llevó Pluribus a su catálogo.

El 7 de noviembre de 2025, cuando finalmente se estrenó en AppleTV+, la serie arrasó en audiencia: superó a lo que alcanzó Severance en su segunda temporada. Y esta última es uno de los pesos pesados televisivos para los de la manzana mordida. A finales de diciembre, era la producción más vista en la historia de esta plataforma de streaming.

Gilligan, que tiene en su haber creaciones como Breaking Bad y Better Call Saul, rompe moldes con Pluribus, pues plantea un argumento tan original que resulta imposible no prestarle atención (uno de los «bienes» por los que más se compite en la actualidad).

La historia arranca cuando un grupo de astrónomos detecta una señal de radio emitida a 600 años luz de distancia. Tras 12 meses de trabajo, los científicos decodifican la transmisión y descubren que se trata de un manual para crear una secuencia de ARN viral extraterrestre. Durante las pruebas en ratones, un investigador resulta mordido, desatando un brote global que se propaga a una velocidad vertiginosa a través de la saliva y el contacto cercano.

Este evento, conocido como «La unión» (The Joining), no mata a los infectados, sino que secuestra sus sistemas nerviosos y transforma a casi toda la humanidad en una mente colmena pacífica, alegre y carente de violencia, conocida como «Los otros».

En medio de este escenario posapocalíptico, se encuentra Carol Sturka (Rhea Seehorn), una cínica autora de novelas de fantasía romántica que vive en Albuquerque. Carol es una de las únicas 13 personas en el mundo que son misteriosamente inmunes al virus. Mientras la mente colmena atiende dócilmente los caprichos y necesidades de los pocos humanos no infectados, la mayoría de los inmunes se acomodan a su nueva vida de lujos. Sin embargo, Carol se niega a aceptar esta pérdida de humanidad y busca una forma de revertir la infección.

La humanidad, entre todos y uno

Lo que hasta aquí has leído, quizá, ya despertó tu interés, en caso de que no hayas visto Pluribus. Sin contar mucho más, podemos asegurar que Rhea Seehorn nos brinda a una protagonista muy sólida. Su Carol Sturka es un personaje profundamente imperfecto y cargado de vulnerabilidad. No representa la típica heroína de acción idealizada. Lidia con el trauma, un duelo abrumador y un profundo desgaste emocional que la lleva al límite de la desesperación. Su negativa a rendirse —incluso, cuando casi todos los otros inmunes lo han hecho ante la comodidad que ofrecen Los otros— es lo que sostiene todo el peso dramático de la historia.

Carol encarna el motor moral y filosófico en Pluribus. Su rechazo visceral a la mente colmena funciona como el principal catalizador de los dilemas de la serie. La perfección y la paz forzada de Los otros, equivalen para nuestra protagonista a una violación del libre albedrío y de la autonomía personal. Sus interacciones tensas con la colmena —y en especial, con Zosia (Karolina Wydra), su acompañante asignada— ponen a prueba los límites de la libertad individual frente a una sociedad sin dolor ni conflictos.

El guion se apoya también en otro inmune, Manousos Oviedo (Carlos-Manuel Vesga), un sobreviviente de origen colombiano radicado en Paraguay que rechaza todo contacto con la mente colectiva. A través de la serie, se pondrá en contacto con Carol y serán ellos los que traten de revertir lo que ha sucedido.

Estas individualidades contrastan con el resto de los inmunes. Como ya hemos dicho, no tienen reparos en vivir una vida libre de preocupaciones, pues son atendidos por Los otros en todos sus caprichos, con el máximo hedonismo representado de forma magistral por el personaje de Koumba Diabaté (Samba Schutte).

Una visualidad única

A pesar de su reciente estreno, Pluribus ya atesora varios premios. En los 78vos. Premios Emmy, arrasó con 18 nominaciones, incluyendo Mejor serie dramática; Seehorn se alzó con el lauro a Mejor actriz en serie dramática en los más recientes Globos de Oro, lo cual repitió en los Critics' Choice Awards. Y, de conjunto, la producción fue nombrada por el American Film Institute como uno de los diez mejores programas de televisión del año y recibió el prestigioso Premio Peabody.

Esto no es casual. El apartado técnico de Pluribus se presenta como uno de los elementos más sólidos de la serie. Para ello, Gilligan reunió de nuevo a gran parte de su equipo creativo; esta vez con el respaldo del amplio presupuesto otorgado por Apple TV+ (15 millones de dólares por capítulo), lo que permitió desplegar una propuesta audiovisual de gran ambición y detalle.

La fotografía, a cargo de Marshall Adams, marca un giro respecto a la estética desértica de las producciones anteriores de Gilligan. Adams optó por encuadres vacíos y composiciones amplias, muchas veces con lentes anamórficos que capturan destellos de luz y transmiten la soledad de la protagonista en un mundo donde casi todos están conectados entre sí.

La oscuridad extrema de las escenas nocturnas, trabajada junto al colorista Dave Cole, imprime un tono opresivo y distintivo a los eventos posteriores a La unión. Además, el uso de software 3D permitió planificar secuencias complejas, como las tomas en el observatorio espacial de Nuevo México, calculando la inmensidad del cuadro antes de rodar.

El apartado sonoro recae en Dave Porter y Thomas Golubić, dos figuras habituales en el universo de Gilligan. Porter, gracias al presupuesto de Apple, pudo trabajar,  por vez primera, con una orquesta sinfónica completa y un coro vocal, y logró una partitura que refleja la tensión sicológica y la ambigüedad moral de la historia. Golubić, por su parte, ideó un recurso singular para los créditos finales: encargar a artistas internacionales versiones de himnos contraculturales de los años 60 y 70. Entre ellos, destaca la interpretación del turco Murat Evgin de Nobody Told Me, de John Lennon, con instrumentos folclóricos de su país. Logra un cierre brutal para uno de los capítulos.

El vestuario, diseñado por Jennifer L. Bryan, responde a un reto narrativo peculiar: vestir a una humanidad convertida en mente colmena. La ropa pierde su significado social y permanece congelada tras el día del contagio, sin representar estatus ni personalidad. Gilligan prohibió accesorios, relojes y adornos, y solo dejó elementos funcionales como los cinturones en los hombres. Para diferenciar a la protagonista, Bryan diseñó una chaqueta de cuero amarillo que destaca en las escenas nocturnas, y evitó el negro por considerarlo demasiado básico. El efecto: logró un tono que casi «brilla en la oscuridad».

La dirección de arte y el diseño de producción, liderados por Denise Pizzini y Ashley Michelle Marsh, alcanzan dimensiones colosales. En lugar de recurrir a locaciones, el equipo construyó desde cero un vecindario completo en Albuquerque, con pavimentación y techos incluidos. La atención obsesiva al detalle llevó a inventar historias de fondo para cada familia representada en las casas, aunque nunca aparezcan en pantalla, lo que definió desde la iluminación hasta los azulejos.

Visualmente, Gilligan pidió inspirarse en la fotografía Kodachrome de los años 50 y 60, lo que se tradujo en colores saturados y escenas hiperrealistas. Entre los sets más complejos, figuran el fuselaje exterior del Air Force One y un hotel de hielo esculpido con materiales de gran realismo.

En conjunto, Pluribus confirma que la apuesta de Gilligan va más allá de lo narrativo, se trata también un ejercicio de excelencia técnica que aprovecha al máximo los recursos de Apple TV+ para consolidar un producto audiovisual de gran impacto estético y conceptual. Además, con su puesta en escena se aseguró una segunda temporada.

Lo que Apple vende en realidad

Quince millones de dólares para un capítulo de un programa televisivo parece desproporcionado. Por eso no puedo dejar de referirme al por qué. Para una empresa como Apple, que tiene en cartera un trillón de dólares, es una sencilla inversión de marketing a largo plazo.

Apple está copiando el modelo de HBO de «menos es más», siempre que tenga calidad. Ya nos ha regalado varias series que, siendo honesto, resultan muy entretenidas, atractivas y, por qué no, profundas.

¿Dónde está, entonces, el verdadero negocio para Apple? Este se sostiene en la venta de hardware de alto margen —iPhones, iPads y Macs— y en la capacidad de mantener a los usuarios dentro de su ecosistema cerrado. En ese esquema, Apple TV+ funciona como un gancho de prestigio: al ofrecer contenido exclusivo y de altísima calidad que solo puede encontrarse en la plataforma, la compañía incrementa el valor percibido de ser cliente de la marca. Un usuario que disfruta de los servicios integrados de Apple —televisión, música, almacenamiento en la nube, fitness— es menos propenso a cambiar su iPhone por un dispositivo Android en su próxima compra, según la estadística.

La estrategia financiera de largo plazo no se centra únicamente en Apple TV+, sino en el paquete Apple One. Este modelo de suscripción agrupada combina la televisión con Apple Music, iCloud+, Apple Arcade y Apple Fitness+ bajo una tarifa mensual única. Y logra un resultado doble: por un lado, se reduce la tasa de cancelación, ya que un usuario puede prescindir de un servicio de streaming, pero, difícilmente, renunciará a un paquete completo, si allí guarda sus fotos familiares o escucha su música diaria. Por otro lado, se incrementa el ingreso promedio por usuario, pues la percepción de obtener un «descuento» por volumen permite a Apple extraer más dinero mensual de cada cliente.

A diferencia de Netflix, que lanza cientos de series mensuales para cubrir todos los nichos, Apple apuesta por pocos estrenos de altísimo presupuesto y calidad cinematográfica. La adquisición de clientes se apoya en la obtención de premios Emmy u Oscar, como ocurrió con CODA o Ted Lasso, reforzando la imagen de Apple como sinónimo de lujo y perfección. Ese prestigio cultural se transfiere automáticamente a sus dispositivos. Les comento todo este entramado, para que así puedan comprender el por qué de gastos tan grandes como el que hicieron con Pluribus, una serie que, si bien mantiene el rumbo de la primera temporada, podría volver a sorprender, y mucho, cuando finalmente llegue su segunda entrega.

Tráiler de Pluribus

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