Carlos López Leyva muestra su parcela bien cuidada al costado del edificio. Autor: Juventud Rebelde Publicado: 21/09/2026 | 04:04 pm
En tiempos de desafíos económicos y sociales, muchos patios y parcelas de la provincia de Matanzas se han convertido en pequeños oasis de producción agrícola. Allí, los vecinos transforman áreas vacías en huertos que abastecen a sus familias y allegados.
Esta iniciativa de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) trasciende lo doméstico. Las familias organizadas cultivan alimentos, crían animales y siembran plantas medicinales que no solo alivian necesidades familiares, sino que fortalecen la vida comunitaria.
Su impacto social va más allá de la producción, pues los patios de los CDR son símbolo de solidaridad. Los frutos se comparten con los necesitados y en ocasiones se destinan a celebraciones colectivas, como la tradicional caldosa del 28 de septiembre.
«Hay que pensar en el barrio. Aunque uno se beneficie, también lo hacen los vecinos y el Estado», asevera el cederista Carlos López Leyva, pensionado que vive en el reparto Dos de Diciembre, en las afueras de esta ciudad cabecera, donde el movimiento Desde el barrio cultiva tu pedacito cobra cada día mayor relevancia.
Estas medidas se convierten en prácticas de resistencia y creatividad popular. «De poquitas cosas se construye un aporte tangible a la soberanía alimentaria y al espíritu colectivo de la Revolución», amplía López Leyva.
Por los resultados en las tareas cederistas, este poblado ha sido escogido para celebrar el acto nacional por el aniversario 66 de la organización, el próximo 28 de septiembre.
La tierra como alternativa
Vecinos de distintos municipios aprovechan las áreas aledañas a sus casas y edificios para cultivar hortalizas, condimentos, frutas y viandas, disminuyendo así la dependencia de las ventas abusivas y fortaleciendo la seguridad alimentaria local. De paso acceden a alimentos frescos y sanos, sin químicos.
«Todo el que tiene un pedacito de tierra lo está sembrando», comenta Yandro Jorge Piloto Farías, trabajador de la empresa agropecuaria del Minint y vecino del edificio 69 del reparto Dos de Diciembre. Su parcela es un ejemplo vivo: allí crecen cuatro variedades de plátanos, además de yuca, frutales como mamey y guayaba, cítricos, ajo porro y otras hortalizas.
Lo que produce también ayuda a los vecinos: «Todo lo regalamos. Cuando empecé, el área estaba llena de malas hierbas. Fui limpiando, traje tierra y sembré poco a poco. Hoy, muchas cosas ya no tenemos que comprarlas y eso disminuye la factura de varias familias», se regocija.
Entre poquitos
En el exterior de uno de los edificios de ese reparto, Ariel Moreno Suárez encontró desde 2021 un modo sencillo de transformar el pedazo de tierra que rodea su vivienda. Entre matas de mango, aguacate y guayaba, crece un cantero de frijol caballero, caña de azúcar y maíz. Mientras el ajo porro y el tomate prosperan, aunque la yuca y la calabaza han sido los cultivos más exigentes e inadaptables.
Variedades de plátano y ají cachucha completan la parcela que beneficia a todos los vecinos. Para el 28 de septiembre, la caldosa tendrá viandas y condimentos que nacieron al pie del edificio.
Ariel, apasionado de las plantas para condimentar, ya tiene 11 especies medicinales sembradas, como manzanilla, orégano, tilo y otras hierbas que sirven para tratar gripe, tos o dolores de garganta. Esos remedios caseros circulan entre la comunidad como un recurso de salud popular.
La parcela de Ariel tenía mal suelo, relleno de residuos de construcción, por eso compró una carreta de tierra buena para mezclarla y mejorar el suelo. «Con estos poquitos vamos resolviendo. Pronto pienso tener plátano todo el año. Es poco, pero de poquitas cosas se han hecho la Patria y la Revolución».
También Enrique García Hernández, trabajador civil de las FAR, y Guillermo Cabrales Paneque, de la Empresa Inmobiliaria Almest Varadero, cultivan la cuesta del río seco que bordea esa comunidad.
Ocho matas de aguacate, plátanos, casi medio centenar de cafetos, guayabas, chirimoyas, ajíes y ajo porro conviven con la crianza de cerdos y gallinas. Trabajan los fines de semana y las tardes, y la temporada pasada recogieron más de mil aguacates. Los frutos llegan a las mesas de los vecinos del edificio 42, que sienten la cosecha como propia, dicen ambos cederistas.
López Leyva se enorgullece de sus boniatos de más de tres libras, sus cuatro variedades de plátano, la yuca y la calabaza que fertiliza con compost hecho de hojarasca y basura doméstica.
Un movimiento colectivo
La iniciativa cederista se suma al movimiento provincial de siembra de hortalizas, vegetales, frutas y granos. Así se aprovechan todos los espacios vacíos, desde solares hasta áreas comunes en edificios.
Sin embargo, los asesores reconocen que es necesario fortalecer los intercambios con los productores para familiarizarse con sus necesidades y experiencias, perfeccionar las técnicas de cultivo y contribuir a que cada parcela se convierta en espacio de encuentro, aprendizaje y solidaridad. El acceso a recursos también es clave para mantener la sostenibilidad del proyecto.
Según la coordinación provincial de los CDR, en Matanzas, ya han sido incorporados 1 300 patios al Movimiento Cederista Desde mi Barrio Cultiva tu Pedacito.
El sistema de Agricultura urbana, suburbana y familiar de la Dirección provincial de la Agricultura desempeña un papel esencial en la capacitación y asesoría metodológica a quienes trabajan en estos espacios, garantiza semillas y enseña cómo producir materia orgánica, enfatiza Modesto González Acevedo, jefe de ese departamento provincial.
Sin duda, aprovechar cada espacio disponible, desde solares hasta áreas comunes en edificios, garantiza alimentos que fortalecen la economía doméstica y la seguridad alimentaria. Pero la idea no es solo producir alimentos, sino fomentar el sentido de pertenencia y cooperación entre vecinos.
Los patios de Matanzas son más que parcelas improvisadas. En cada semilla sembrada late la esperanza de una comunidad que se reinventa frente a la adversidad, demostrando que la tierra, cuando se trabaja con empeño, devuelve sus frutos.
