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Un anhelo de desarrollo industrial para el continente africano

Las potencialidades productivas y tecnológicas de las más robustas economías africanas han sido refrendadas en un reciente informe de la Banca Africana de Desarrollo

Autor:

Amado René Del Pino Estenoz

 

Como la mayor parte de las regiones del mundo que padecen los efectos de las relaciones neocoloniales y el intercambio comercial dispar con sus antiguas metrópolis, el continente africano continúa el arduo proceso que implica el desarrollo industrial. No obstante la limitación que representan la dependencia exhaustiva de las importaciones y las dificultades de desarrollar tecnologías autónomas, se han dado transformaciones estructurales apreciables en determinadas economías del Continente Madre, según develó el Barómetro africano de inversiones industriales (BIIA) a finales de mayo del presente año.

Esta reciente versión del Barómetro publicada durante la Asamblea anual de la Banca Africana de Desarrollo puso en evidencia el desequilibrio en el ámbito continental en la producción de manufacturas y tecnologías de punta, ya que media docena de naciones concentran el 45 por ciento del crecimiento industrial registrado el pasado año. De acuerdo con el denominado índice de atracción industrial manejado por el BIIA, los países situados a la cabeza del potencial tecnológico en el ámbito africano son Marruecos, Egipto, Túnez, Nigeria, Tanzania y Sudáfrica.

A partir del análisis integral del Barómetro correspondiente al período 2020-2025, la economía marroquí ha presentado un índice de atracción industrial mayor en comparación a sus pares africanas. Según ciertos elementos del BIIA analizados por BBC News Afrique, las políticas industriales impulsadas por Rabat han sido coherentes a lo largo de decenios; lo que ha permitido una calidad sostenida de sus infraestructuras logísticas y la integración de sus zonas industriales. Gracias a cadenas de valores asociadas a la transición energética y la movilidad eléctrica, Marruecos ha sido un mercado atractivo para inversiones en sectores claves como el textil, el químico, el automotor y el de producción de baterías.

Luego de romper el récord de mayor cantidad de inversiones directas extranjeras en fechas recientes, Egipto ha continuado fortaleciendo la diversificación industrial y potenciando el mercado interior. Además de su posición geográfica estratégica y la rentabilidad obtenida por el canal de Suez, la economía egipcia continúa generando notables inversiones en sectores como el agroalimentario, el cementero, el petroquímico y el de las denominadas industrias de transformación.

Más allá de la región del Magreb, ofrecen también incentivos de inversión industrial países como Nigeria que ha consolidado sus niveles productivos y macroeconómicos gracias a su fortaleza demográfica y la disposición de cuantiosos recursos naturales. Además de sus exportaciones netas de petróleo y gas natural, la industria nigeriana ha dado pasos agigantados en el sector de la refinación de materias primas, lo cual explica su posición de liderazgo económico refrendada por el Barómetro africano.

Si bien Sudáfrica no ostenta, según el BIIA, el índice de atracción industrial más elevado del continente, no hay dudas de que la nación austral es una de las grandes potencias emergentes del planeta, estatus consolidado desde que ingresó a los Brics en condición de miembro fundador. A medida que la economía sudafricana sea capaz de solventar grandes desafíos a mediano plazo como la estabilidad de su red eléctrica y la mitigación de los efectos contaminantes de sus polos productivos, su liderazgo en materia comercial y productiva se afianzará a escala global.

Otras naciones que, de acuerdo con el Barómetro africano, cuentan con el potencial de incrementar la robustez de su mercado y su producción industrial, son Argelia, Costa de Marfil, Ghana y Senegal. Estas economías, sumando a las denominadas Seis Grandes, se han propuesto paliar las limitaciones que representa para el desarrollo industrial la inestabilidad energética, la insuficiencia de infraestructuras conectadas y la captación de capitales extranjeros que aporten valores agregados. Lejos de amilanarse por un contexto planetario marcado por la agudización de tensiones geopolíticas y el encarecimiento de los bienes de consumo, las potencias emergentes africanas son un referente admirable de cómo pueden revertirse los efectos de la dependencia neocolonial y el subdesarrollo. 

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