Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Con dos que se quieran, ¿la televisión que viene?

Autor:

Arleen Rodríguez Derivet

El cine parece entrar a la televisión cuando Amaury Pérez asoma, acompañado por su propia imagen, su voz y la guitarra y la voz de Silvio Rodríguez en la presentación de Con dos que se quieran, el nuevo —novedosísimo— programa que este martes a las 8 y 30 de la noche comenzará a transmitirse cada semana por Cubavisión.

Se advierten las luces del arte cinematográfico cubano en esta realización que tiene de periodismo y tiene de entretenimiento, aunque el propósito de las preguntas no es exactamente informativo ni la selección de los invitados responde al interés de explotar sus habilidades artísticas. Podría decirse simplemente que esto es «otra cosa».

Amaury no es un periodista, aunque podría dar lecciones sobre el arte de preguntar, pero aquí se transforma en una especie de confesor que, conociendo un poco del alma y los secretos de aquellos que tiene enfrente, los invita a desnudarse en la intimidad de su salita-set, para que aprendamos y aprehendamos de qué materia está hecha el alma colectiva, es decir, el país.

Un ejercicio de toma y daca en el que hemos visto transitar al cantautor de la risa a las lágrimas y del desborde a la contención, para declararse siempre, al final de cada jornada de intercambio con sus colegas amigos, un ser humano mejor, un cubano más orgulloso de la nación a la que pertenece.

No faltará quien se queje de que solo transitan intelectuales y artistas por la sala de confesiones de Amaury. Él no ha negado la posibilidad de que en el futuro, de tener acogida el programa, podría extenderse a personas de otros oficios, pero por ahora se defiende del pedido advirtiendo que ya ese sería otro proyecto o el proyecto de otro.

También se notarán ausencias del ámbito cultural, pero para esa pregunta la respuesta está en la carta de invitación: «Con dos que se quieran». Y que además lo quieran.

Filmado totalmente en los legendarios estudios de sonido del ICAIC de Prado y Trocadero, los mismos que vieron estirarse al adolescente asistente Amaury Pérez y arroparon su voz y sus canciones en años fundadores, Con dos que se quieran, ideado, escrito, conducido y dirigido por su presentador, es la materialización de un sueño de trabajo junto a Amaury Pérez padre, uno de los más grandes directores de la Televisión Cubana de todas las épocas, y un homenaje a Consuelo Vidal, la insuperable del medio.

Con las cámaras en manos de Iván Nápoles, Rafael Solís y Yamil Santana —tres generaciones de la fotografía del cine cubano— la edición magistral de Manuel Iglesias y una carencia casi absoluta de complementos visuales que distraigan del diálogo, resulta difícil encontrar un referente para este programa.

No es posible pensar en algo anterior —ni siquiera del propio Amaury— que se le parezca. Aunque es con artistas, ni ellos ni el anfitrión se han reunido para actuar. Aunque está lleno de preguntas y respuestas que viajan en el tiempo, no se verán imágenes para ilustrar las palabras. La imaginación está invitada a asistir al diálogo de la mano del razonamiento y la emoción. Otro motivo para creer que con este programa podríamos estar asistiendo a un modo inteligente y culto de hacer, por fin, arte en televisión.

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