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Autor:

Raiko Martín

LONDRES.— Es casi imposible pasar por desinformado en esta ciudad. A quien primero uno se topa en la mismísima entrada del metro es al chico que, sonrisa en los labios y saludo de rigor mediante, te entrega el periódico.

La primera vez lo rechacé con una diplomacia casi británica. Pero desde que supe que los ejemplares se entregaban de forma gratuita, recogerlo es ya parte de mi rutina diaria, que unas veces comienza en la estación de Padington y otras en la de Lancaster Gate.

Y en el trayecto, que es bastante largo desde el lado opuesto del flamante Parque Olímpico, uno se encuentra con noticias sorprendentes. En la edición de este viernes, por ejemplo, se dice que Londres es por estos días una ciudad fantasma, pues nadie sabe hacia dónde se han ido los millones de turistas aquí esperados.

Definitivamente, los británicos y yo no manejamos el mismo concepto de «ciudad fantasma», pero supongo que se deba a nuestras contrapuestas experiencias vitales.

Tal aseveración se basa en la notable caída de la cifra de turistas esperados para el magno certamen deportivo. Dicen algunos que apenas ha llegado un tercio de los que habitualmente por estas fechas congestionan las paradas de Westmisnter o Notting Hill, o hacen de Oxford Street una avenida literalmente intransitable.

La visión más creíble descansa en el hecho de que, por primera vez, el West End —lado que agrupa las principales atracciones de esta urbe— perdió el pulso económico con el hasta ahora olvidado East End.

Es una tendencia lógica, pues no existe por estos días algo más importante para los visitantes que mezclarse con la muchedumbre que es también protagonista de estos juegos. Especialmente para ellos se diseñó el gigantesco centro comercial Westfield, adjunto a la estación de Stratford, la puerta de entrada al Parque Olímpico por donde pasan diariamente 40 000 adictos al deporte… y a las compras.

Mientras, después de meses de advertencias, muchos londinenses han optado —en caso de preferir mantenerse al margen de la fiesta—, por irse de la ciudad o trabajar desde sus hogares.

Los números son elocuentes. Casi el 30 por ciento de las compañías ha flexibilizado los horarios y la Cámara de Comercio estima que al menos 1,5 millones de sus empleados trabajarán algún día desde casa mientras duren los juegos.

Para ellos, esas son las mejores noticias.

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