Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Sin pruebas, pero con malas intenciones

Autor:

Jorge L. Rodríguez González

Una vez más, el presidente estadounidense, Barack Obama, acusó al Gobierno sirio de emplear armas químicas contra las bandas armadas antigubernamentales insufladas de terroristas que buscan derrocar a Bashar al-Assad. Aún no tiene pruebas convincentes, tal y como sucedió hace unos meses, cuando amenazó a Damasco con estar cruzando la «línea roja» que obligaría a Washington a involucrarse de manera mucho más agresiva en el conflicto; pero la poderosa maquinaria bélica que le secunda se encarga de construir un discurso «creíble», que no es lo mismo que real y cierto.

El primer ministro británico, David Cameron, uno de los más belicosos con respecto a Siria, se sumó al concierto de acusaciones. Tal y como sucedió en Iraq hace diez años: el republicano George W. Bush, entonces al frente de la Casa Blanca, lanzó la primera piedra, y rápidamente contó con el espaldarazo del entonces jefe de Gobierno británico, Tony Blair.

Consciente de que el pueblo estadounidense no quiere otra guerra por el costo en sus bolsillos, y porque mueren sus compatriotas, Obama no ha involucrado a su ejército en el conflicto sirio. Pero hay otros sectores de poder en Washington y más allá de Estados Unidos, con los que debe intentar quedar bien. Por eso, esta vez, decidió enfangarse un poco más, siempre cuidando no caer en un pantano —similar al de Iraq—, y jugando al mismo tiempo a la «diplomacia». El Premio Nobel de la Paz dará ayuda militar abierta a los antigubernamentales sirios.

Hasta el momento, el Pentágono se había limitado a anunciar su cooperación «no letal» y «humanitaria» a estos grupos, aunque se conocía que hombres de la CIA y la OTAN operaban en el terreno desde otros países de la región como Turquía, y que Washington estaba involucrado en el tráfico de mercenarios y armas con destino a la nación levantina. Ahora, con su anuncio de armar a estas bandas, solo se está quitando un poco el antifaz.

Aún así, estará desoyendo a la opinión pública estadounidense. Una encuesta del Centro de Investigaciones Pew, conocida el martes, revela que el 70 por ciento de los ciudadanos en EE.UU. se opone al envío de armas y pertrechos militares a los irregulares sirios.

La Casa Blanca decide reforzar su activismo en el conflicto y dar una mayor ayuda bélica a los denominados rebeldes luego que el escenario de la guerra giró a favor de las fuerzas de Bashar al-Assad. Washington y sus aliados pretendían obligar al Gobierno de Damasco a participar en negociaciones de paz favorables a los intereses occidentales, pero no les dio resultados. Por eso, también la oposición armada se niega a participar en el diálogo.

Ahora, con el nuevo impulso de pertrechar a los antigubernamentales, Estados Unidos da otro duro golpe al plan de realizar una conferencia de paz, en la que se acuerden los pasos a seguir para acabar con la guerra, siempre bajo el principio de que los sirios son los únicos dueños de su destino, y por tanto, deben construirlo sin la injerencia extranjera.

En la reciente cumbre del G-8, la búsqueda de un acuerdo de paz que ponga fin a una guerra de más de dos años y que ha costado la vida de más de 90 000 sirios, fue un punto en el que coincidieron los líderes de las naciones que integran ese foro. Sin embargo, no hubo consenso en torno a si el nuevo gobierno que surja de ese proceso implica la permanencia de Bashar al-Assad, algo que Cameron consideró «impensable». Este es uno de los asuntos espinosos que traba la celebración de la reunión en Ginebra, además de las reticencias de los opositores a asistir a negociaciones que no les resultarán favorable ni a ellos ni a los occidentales.

Al mismo tiempo está el peligro que implica la no renovación del embargo de armas de la Unión Europea a Siria, con lo que cualquier país del bloque podrá armar sin tapujos a los denominados «rebeldes». El canciller británico, William Hague, valora este paso cínicamente como «parte del apoyo al trabajo diplomático».

Este fin de semana, el secretario de Estado norteamericano John Kerry viajará a Doha como parte de una gira por siete naciones, para discutir el apoyo a los antigubernamentales con un grupo de cancilleres de gobiernos del área.

El supuesto uso de las armas químicas es solo una artimaña en la que escudarse para justificar una intervención militar extranjera, y como esta no ha sido posible, ahora quieren ampararse en una razón para ensanchar la tubería de pertrechos a la sarta de terroristas que combaten contra Al-Assad, aunque públicamente digan temer que las armas caigan en las manos equivocadas.

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