Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Sin Union y sin unión

Autor:

Juana Carrasco Martín

A contrapelo del resto del mundo, Estados Unidos celebraba este lunes el Día del Trabajo. Y los mensajes de la actual administración no podían ser más impugnables.

El secretario del Trabajo, Alexander Acosta, fue a festejar la ocasión con el sindicato de… los policías; mientras Donald Trump arremetió contra el líder de la central sindical, la muy disminuida AFL-CIO, porque Richard Trumka dijo algunas verdades como que el presidente ha hecho más para dañar a los trabajadores que para apoyarlos.

Por decenas y decenas de años, la clase capitalista, los hombres de negocios, los dueños de los grandes consorcios, los millonarios y multimillonarios enarbolaron la idea de que los Union (sindicatos en inglés) no eran necesarios en la democracia estadounidense.

Y no pocos creyeron el cuento, por un lado, y por el otro, se reprimió y se prohibió la sindicalización.

Un artículo publicado este lunes en el New York Daily News, abordaba el tema en el cual se asegura que aunque la mayoría de los estadounidenses apoyan a los sindicatos, solo el diez por ciento está en su membresía.

Concretamente exponía que una encuesta de Gallup había revelado que mientras en el año 2009 solo el 48 por ciento los apoyaba, hoy en día el 62 por ciento favorece a las uniones de trabajadores.

Para explicar la contradicción entre el dicho y el hecho, el comentario del diario era categórico en la respuesta del porqué es bien difícil reclutar nueva membresía: «el miedo». Y en una sola línea dejaba a la inteligencia humana la comprensión del asunto: «Pruebe usar un botón de sindicato en una reunión obligatoria de empleados de Walmart y vea qué sucede».

Se trata del asalto del gran capital sobre los derechos de los trabajadores y tiene consecuencias bien reales, señalaba, la desigualdad en los ingresos es cada vez mayor, los salarios de la clase trabajadora se han estancado, la clase media se ha ido reduciendo y las familias norteamericanas están ahogadas por profundas deudas.

Walmart está ahorrando más de 2 000 millones de dólares en impuestos —rebajados por la política impositiva del presidente Trump—, y al mismo tiempo ha despedido a más de 13 000 trabajadores y tampoco ha respondido afirmativamente al incremento del salario mínimo que le piden sus empleados desde hace años.

En las promesas que hizo el mandatario estadounidense estaba que junto a la rebaja de los impuestos para los inversores llegaría un aumento de bonos y salarios para los empleados, pero los números oficiales muestran que solamente el tres por ciento (6.7 millones de 155 millones de trabajadores de todos los sectores) han recibido ese beneficio y solo 411 de 5.9 millones de patronales le han anunciado tales mejoras.

Para completar el engaño, solamente 116 empleadores de los 5.9 millones que obtuvieron rebajas de impuestos han anunciado nuevas inversiones.

De ahí que en el debate público resulta interesante que algunos legisladores, muy pocos por cierto, y algunos nuevos políticos que tienen aspiraciones para las elecciones de noviembre, también muy pocos, están sacando a la luz en sus discursos la situación.

Por ejemplo, los representantes demócratas Mark Pocan (Wisconsin) y Jan Schakowsky (Illinois) escribieron en The Hill que «…este Día del Trabajo, los sindicatos y los trabajadores están bajo el ataque de un presidente republicano y un Congreso centrado en enriquecer aún más a los ricos a expensas de todos los demás».

El presupuesto para 2019 ha aumentado ostensiblemente el financiamiento del Departamento de Defensa para que puedan hacerse las guerras actuales y abrir nuevos escenarios bélicos o de confrontación; sin embargo, hace recortes profundos en la atención médica y en la asistencia básica a las familias con dificultades, en inversiones que puedan impulsar la productividad y fomentar el crecimiento económico, argumentan.

Muchas otras aristas podrían traerse del debate, como es la situación más desfavorecida aun de los trabajadores migrantes que, por demás, están perseguidos por leyes de tolerancia cero y la amenaza practicada de expulsar a quienes no tienen documentos, otra política heredada por Trump, pero la ha corregido y aumentado en sus efectos.

Pero ya lo escribió el Presidente en su mensaje en Twitter: «¡El trabajador americano lo está haciendo mejor que nunca. Celebremos el Día del Trabajo!».

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