Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Palabras para un héroe insuperable

Autor:

Nelson García Santos

Hay una frase enfatizada por Fidel hace más de 20 años que merece tenerla presente siempre en circunstancias difíciles, y aunque no lo sean, porque viene a recordarnos lo que somos y seremos.

El paso inexorable del tiempo tampoco ha podido menguarla. Ahí está en un constante renuevo, más que en palabras, en  la persistencia de los revolucionarios para enfrentar impedimentos y salir adelante.

Cada una de las artimañas contra la Revolución fracasaron: como las acciones emprendidas por los bandidos que se alzaron, los numerosísimos sabotajes, asesinatos hasta de alfabetizadores, de gente humilde, ataques de mercenarios, secuestros de pescadores, confabulaciones internacionales, la invasión de playa Girón…

Bajo la guía de Fidel se vencieron cada una de esas acciones de la contrarrevolución y nuestro proyecto social salió más fortalecido e indetenible. 

Ahora han coincidido en un mismo lapso acontecimientos que se lo han sentido hasta los países ricos, como la pandemia, en nuestro caso agravado por el efecto de fenómenos naturales, accidentes y el recrudecido bloqueo que vio un filón dorado para fomentar el colapso.

Consecuentemente, esa frase ha estado sometida en los últimos tiempos, lo sabemos perfectamente, a una prueba casi suprema. Eso sí va saliendo adelante de manera inexorable, más allá de poses pesimistas, nada sorprendentes tampoco, ante las circunstancias que exigen un extra, de extraclase, en la persistencia y el actuar resuelto.

¿Cómo?, asumiendo en la práctica aquella definición, más que nunca, del líder de la Revolución sobre las grandes virtudes del pueblo que fue reiterativa en su sentimiento, pero aquel día de 1996 en memorable acto en la Plaza del Comandante Ernesto Che Guevara, brotó directa, cristalina, tajante, contundente y definitoria.

Llegó después de enfatizar sobre la proeza heroica de resistir, de demostrar que no hay poder sobre la tierra, ni hay soberbia, ni hay arrogancia capaz de aplastar a un pueblo como el cubano.

Entonces, para connotar en toda su dimensión esas virtudes proclamó: «Al abordar estos temas lo que hago es expresar cuán profundo sentimiento albergamos todos, de respeto, de admiración y de acatamiento a nuestro pueblo. Cuán conscientes estamos o debemos estar todos de la gran página histórica que se está escribiendo, y algún día habrá que elevarle un gigantesco monumento a ese héroe insuperable que es el pueblo».

Aquello fue la apoteosis. No solo por esa colosal valoración, exacta y medular, sino también en reconocimiento a él, porque todos sabían de memoria que él había construido el monumento más grande e inmortal para el pueblo: ¡La Revolución!

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