Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

El bobo de mayo

Autor:

Mileyda Menéndez Dávila

¿Cómo se llama ese malestar que te pone a correr al principio de la primavera?, preguntó una vecina a mi madre, y ella, que me ha escuchado dar la misma respuesta a varias personas por estos días, le soltó el nombre tradicional en el centro de la Isla: el bobo de mayo.

La señora arrugó el ceño de modo despectivo y mi mamá asumió que esperaba una respuesta más científica (para mí eran los efectos del bobo, que también provoca asco y ardor de estómago), así que vino a preguntarme el nombre serio y posibles remedios para su control.

Cuando regresó para hablarle de EDA (Enfermedad Diarreica Aguda), ya la mujer no estaba en el portal, pero otra vecina acaparó la charla, convencida de que ese mismo mal lo tenían su sobrino y otras personas en su empresa.

¡Eso entra por la boca!, explicó una veterana, y recordó que su abuela hervía el agua después de cada aguacero de mayo, aunque viniera clorada del acueducto, porque los manantiales se revuelven y con estos calores muchas bacterias se dan el gusto de proliferar.

Igual, nadie se muere de eso, dijo burlón un amigo de paso, y ahí me tocó aclararle que sí, que las diarreas son la tercera causa de muerte natural en el mundo por el nivel de deshidratación que provocan, y aunque en Cuba no son un factor de peso en la mortalidad, sí causan bastantes problemas de ausencia a clases y al trabajo.

Además de la incordia que acarrea una explosiva necesidad de ocupar el baño (peor si no hay uno cerca o ya lo tiene otro apurado), este es un problema de salud que puede irse de las manos con mucha facilidad. Y sí, lo digo literalmente, porque es muy fácil contagiarse con esos patógenos por una mala manipulación de los alimentos o una higiene deficiente por cualquier razón.

La reciente pandemia demostró lo poco dado que somos (la mayoría) a cuidarnos por esa vía, y la irresponsabilidad de quienes venden fritadas, panes y otros productos de consumo
directo en la calle, sin contar los refrescos y jugos elaborados con agua de la pila y el arsenal de justificaciones que esgrimen las cafeterías (estatales y privadas) para fregar con un tilín de detergente o pasar un trapo nada aséptico por mesas y mostradores.

Lo peor de este asunto es que empieza en mayo, pero puede durar hasta el fin del verano. Cuando la lluvia es más frecuente (y ojalá lo sea) el manto freático sube y arrastra muchas de nuestras malas decisiones de vuelta: basura en las calles, redes técnicas de alcantarillado y acueducto sin la adecuada distancia, fosas no atendidas, ríos contaminados, basureros libres para intrusos…

Ríase de las ventosidades si quiere, coma lo que le vendan sin tapar en una esquina, tome agua sin procesar, suba y baje del transporte público sin acudir al gel o el alcohol, atienda a los pequeños sin lavarse las manos...

Al final la vida y la tripa son suyas, es verdad. Pero luego no pregunte por qué a la incómoda y peligrosa EDA alguien la bautizó como el bobo de mayo.

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