¿Éxito o fracaso? El cierre de la franquicia más costosa en la historia de Netflix dejó muchas visiones encontradas. En serio con las series, una de las secciones más seguidas por nuestros lectores, regresa a JR para hablar con franqueza de sus aciertos y fracasos, así como dejarte datos interesantes
Confieso que adentrarme en el terreno de las series me ha causado siempre cierta tentación. Pero me mantuve al margen durante mucho tiempo, porque esta sección, que magistralmente concibió y escribió durante años nuestro José Luis Estrada Betancourt, no va de mirar la pantalla y ser consumidores pasivos. Se trata de diseccionar, como él lo hacía, lo que hay más allá de cada capítulo.
Durante mucho tiempo Jose me dijo «anímate, que tú ves muchas series, y escribe algo». Y tras la partida del maestro pensé que retomar En serio con las series sería un merecido homenaje a quien fue un hombre todo cultura.
Así, hoy me atrevo a redactar estas líneas para que nuestra Gran Casa Azul retorne al fascinante mundo de la pantalla chica, a la vez que saldo una deuda con nuestra «Figura». Y lo hago con un título que acaparó la atención global durante casi diez años, a pesar de que nunca recuperó el brillo de esa primera temporada. Se trata de Stranger Things, la megafranquicia con la que Netflix conquistó al mundo.
La serie que los hermanos Duffer lanzaron en julio de 2016 fue un éxito de audiencia instantáneo, y cristalizó una nueva gramática cultural basada en la hibridación de géneros y la nostalgia.
En sus inicios, el relato destacó por su honestidad y su amor hacia el cine de los años 80, específicamente hacia las obras de Steven Spielberg y John Carpenter. Esta primera temporada funcionó porque operó desde la contención; el pequeño pueblo de Hawkins, Indiana, ofrecía un escenario manejable donde un grupo de amigos inadaptados enfrentaba a un único monstruo desconocido. La crítica recibió con asombro este producto que utilizaba el ADN referencial de Los Goonies y E.T. sin ocultarlo, bajo una premisa que celebraba sus propios cimientos.
Sin embargo, la trayectoria de cinco temporadas muestra un tránsito, desde esa intimidad local hacia una épica sobrenatural de escala masiva, que pone a prueba la coherencia narrativa del universo de los Duffer.
En lo visual, Stranger Things revela una evolución técnica significativa que refleja el cambio en el contexto de producción de la industria televisiva. Mientras que la primera entrega utilizó un sistema híbrido de efectos prácticos y maquetas que favorecía la inmersión orgánica, la quinta temporada abrazó una dependencia digital masiva. El uso intensivo de CGI para recrear batallas de gran escala y la destrucción de Hawkins generó una desconexión emocional, que fue rápidamente plasmada por los seguidores de la serie.
Los rostros de los actores, que comenzaron como niños y terminaron en su temprana juventud, tuvieron que ser rejuvenecidos digitalmente, y el uso excesivo de pantallas azules provocó un efecto inquietante que excluía al espectador de la acción. Esta «inflación visual» coincidió con una expansión en la duración de los episodios, que en no pocos casos superaron los cien minutos de duración, un formato que agota la paciencia del público y transforma la serie en una sucesión de largometrajes que no siempre justifican su metraje.
El concepto central del relato reside en el contraste entre lo extraño y lo familiar. El nombre de la protagonista, Once (Eleven o El, como le llaman en inglés, interpretado por una Millie Bobbie Brown que anduvo de dulce niña a mujer en plena serie), subraya la centralidad de la identidad femenina y el descubrimiento del otro en el corazón del grupo. Pero la verdadera redención para estos personajes no surge de sus habilidades sobrenaturales, sino de su capacidad para establecer vínculos de verdad, sintetizados en la máxima de que los amigos no mienten. No obstante, el crecimiento del elenco diluyó este propósito narrativo.

El elenco de Stranger Things terminó siendo gigantesco. Foto: Getty Images
Al estilo Marvel y sus Avengers, el casting creció de tal manera que figuras fundamentales desde el comienzo perdieron relevancia, o apenas fueron explotados sus arcos argumentales en la temporada final. Es así como Joyce Byers (Wynona Rider), quien cargó con el motor emocional de la primera temporada, quedó relegada a realizar tareas secundarias en el desenlace, un síntoma claro de cómo la acumulación de personajes drena la inversión emocional de la audiencia.
Y aunque la retórica de la serie emplea la nostalgia como un guiño visual y una herramienta para construir una identidad colectiva frente al mal, el final de la saga mostró a los protagonistas integrados en una suerte de «mente colmena humana» que confronta la conciencia única y destructiva de Vecna, el antihéroe, recreado, por cierto, con un altísimo nivel, por Jamie Campbell Bower.
Por eso y otros detalles, como las constantes discusiones de la temporada final, el guion de los capítulos de cierre —ampliamente promocionados por la industria cultural— mostró signos de estancamiento y, sobre todo, una rendición de los Duffer a la lógica del mercado: si vende, mejor exprimir todo lo que se pueda el producto.
La producción prefirió el pastiche y la seguridad de las fórmulas conocidas antes que el riesgo narrativo, con diálogos estandarizados y el uso de muletillas que dejaron muy planos a personajes que estaban bien definidos en temporadas anteriores.
También hay otros lugares desde donde mirar a Stranger Things. Porque no se trata de un completo desastre. En el caso de la fotografía, se hace un trabajo muy coherente durante toda la serie, que evoca las paletas de colores de los 80. Esto se complementa con una banda sonora que fue capaz de «relanzar» éxitos de esa década, como Running Up That Hill, de Kate Bush, que se puso en el pico más alto de las listas de reproducción global tras su muy acertado uso en la cuarta temporada.
Y aunque los portales de Hawkings se cerraron finalmente, la serie deja un legado de expansión mediática que incluye obras de teatro y otros spin-offs, lo que confirma el papel de Netflix como una fábrica de marcas culturales que prioriza la permanencia del fenómeno sobre la simplicidad del relato original.
*El título secreto y su inspiración
Mucho antes de ser el fenómeno global que conocemos, la serie se llamaba «Montauk». Los hermanos Duffer la concibieron ambientada en Montauk, Nueva York, inspirados por las teorías conspirativas del Proyecto Montauk (y esto se los dejo de tarea). El título final, Stranger Things, es un guiño a la novela Cosas de la vida (Needful Things) de Stephen King, uno de sus mayores referentes.
*Una banda sonora que resucitó íconos
El uso de la canción Running Up That Hill, de Kate Bush, en la cuarta temporada no fue casualidad. La letra, que habla de intercambiar lugares con un ser querido para entender su dolor, refleja perfectamente la lucha de Max (Sadie Sink) contra Vecna. El impacto fue tal que la canción, lanzada en 1985, volvió a las listas de éxitos mundiales, presentando a Kate Bush a toda una nueva generación.
*El poder de un reparto inesperado
Dos personajes fundamentales estuvieron a punto de morir en la primera temporada. Once (Millie Bobby Brown) iba a sacrificarse y Steve (Joe Keery) estaba concebido como un antagonista unidimensional sin futuro. Fue el carisma y la química de los actores lo que convenció a los hermanos Duffer de darles una oportunidad, reescribiendo sus destinos para siempre.
*El universo al revés se llamaba de otra forma
El siniestro mundo paralelo que conocemos como Upside Down tuvo un nombre muy diferente en los primeros guiones de la serie: The Nether (La Oscuridad). El cambio fue un acierto, ya que Upside Down (Del Revés o universo al revés) resulta mucho más evocador y fácil de recordar para la audiencia.
*Llamadas perdidas y personajes rescatados
Nicola Coughlan, la estrella de Los Bridgerton, estuvo muy cerca de interpretar a Robin, el personaje que finalmente hizo famoso Maya Hawke. La propia Coughlan ha admitido que Maya fue la elección perfecta y que fue una gran lección aprender que «no es personal» cuando no obtienes un papel.
*Waffles con efecto secundario: aumento de ventas
El amor de Once por los waffles Eggo no solo definió su personaje, sino que tuvo un impacto en el mundo real. Las ventas de estos waffles congelados experimentaron un aumento significativo tras el estreno de las primeras temporadas. La industria cultural trabajando como un mercado único.
*La persistencia de una actriz nos dio a Max
Cuando Sadie Sink audicionó para el papel de Max, los productores dudaron porque era un poco mayor que el resto del elenco infantil. Sin embargo, Sink «rogó y suplicó» para tener más oportunidades y demostrar lo que valía. Su perseverancia en una prueba de química con Gaten Matarazzo (Dustin Henderson en la serie) y Caleb McLaughlin (Lucas Sinclair) le consiguió el papel al día siguiente.
*Luces de navidad por imanes de nevera

Escena con las luces de navidad en la primera temporada. Foto: Netflix
Una de las imágenes más icónicas de la primera temporada, la pared de luces navideñas de Joyce (Winona Ryder) para comunicarse con Will, fue una idea de último momento. El plan original era que usara imanes de nevera, pero un escritor sugirió las luces, creando una escena inolvidable que, además, es un homenaje a la película Poltergeist.
*El guion del final se imprimió en papel rojo
Para evitar cualquier filtración masiva, los hermanos Duffer tomaron una medida de seguridad extrema para el final de la serie: imprimieron el guion del último episodio en papel rojo. Este papel hace que sea imposible fotocopiarlo o escanearlo, asegurando que los secretos del desenlace no se revelaran antes de tiempo.
*Vecna, un villano con «clase»
El nombre del gran villano de la cuarta temporada, Vecna, no fue inventado para la serie. Es un homenaje directo a un poderoso liche (no muerto) del juego de rol Dungeons & Dragons. Esto continúa la tradición de la serie de nombrar a sus monstruos como el Demogorgon, en honor al juego que tanto aman los protagonistas.
Esta lista sigue el orden de los créditos principales de la serie a lo largo de sus cinco temporadas.
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Actor/Actriz |
Personaje |
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Winona Ryder |
Joyce Byers |
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David Harbour |
Jim Hopper |
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Millie Bobby Brown |
Once / Jane Hopper |
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Finn Wolfhard |
Mike Wheeler |
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Gaten Matarazzo |
Dustin Henderson |
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Caleb McLaughlin |
Lucas Sinclair |
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Natalia Dyer |
Nancy Wheeler |
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Charlie Heaton |
Jonathan Byers |
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Cara Buono |
Karen Wheeler |
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Matthew Modine |
Dr. Martin Brenner |
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Noah Schnapp |
Will Byers |
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Sadie Sink |
Max Mayfield |
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Joe Keery |
Steve Harrington |
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Dacre Montgomery |
Billy Hargrove |
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Sean Astin |
Bob Newby |
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Paul Reiser |
Dr. Sam Owens |
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Maya Hawke |
Robin Buckley |
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Priah Ferguson |
Erica Sinclair |
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Brett Gelman |
Murray Bauman |
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Jamie Campbell Bower |
Vecna / Henry Creel / 001 |
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Linda Hamilton |
Dra. Kay |
Además del elenco principal, muchos actores dieron vida a personajes memorables a lo largo de la serie.
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Actor/Actriz |
Personaje |
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Joe Chrest |
Ted Wheeler |
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Randy Havens |
Sr. Scott Clarke |
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Shannon Purser |
Barbara «Barb» Holland |
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Linnea Berthelsen |
Kali Prasad/008 |
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Cary Elwes |
Alcalde Larry Kline |
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Jake Busey |
Bruce Lowe |
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Maya Hawke |
Robin Buckley |
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Eduardo Franco |
Argyle |
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Joseph Quinn |
Eddie Munson |
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Mason Dye |
Jason Carver |
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Tom Wlaschiha |
Dmitri Antonov |
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Amybeth McNulty |
Vickie |
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Grace Van Dien |
Chrissy Cunningham |