Aunque moldeada por las plantillas narrativas del thriller policiaco al estilo Netflix, la serie española Innato propone miradas a fenómenos que van más allá del típico asesino en serie
¿Cómo reconstruyes tu vida si descubres, un día cualquiera, que tu padre es un asesino serial? Eso le sucede a Sara, la menor de edad que es hija de Félix, un bombero y padre de familia modelo, que en realidad se dedica a matar personas con gasoil. Sobre la base de estos hechos gira la serie Innato, que recién finalizó la transmisión de su primera temporada por el canal Multivisión, de la Televisión Cubana.
Esta obra, de factura española, situada en Euskadi, País Vasco, y creada por Frank Carballal y Enrique Lojo, es el clásico thriller policiaco sin visos de gran obra, aunque destaca por la actuación de un Imanol Arias (Félix Garay, el padre de Sara), que resulta convincente como el típico sicópata lacónico y retraído, aunque el guion se empeñe en que el espectador llegue a tenerle, por momentos, algo de lástima.
Estrenada en los días finales de 2025, Innato fue adoptada por Netflix en su catálogo global. La serie atrapa en su capítulo inicial, el conocido piloto, donde desata los acontecimientos con la liberación del asesino Félix, lo que interrumpe la vida perfecta que se ha construido Sara en los últimos 25 años.
Aquí la producción apuesta por un montaje de historias paralelas que nos trasladan del presente al pasado, y viceversa, para conocer los sucesos, pero mostrando solo lo justo, tal y como puede esperarse del thriller sicológico.
Destacable es el trabajo de fotografía, que se convierte en un recurso muy bien empleado, no solo para los flashbacks del pasado, sino para acentuar el tono y humor de los escenarios en los que se desenvuelve la vida de la Sara adulta (con mucha luz natural, por ejemplo), y la del Félix exconvicto, quien regresa a su comunidad y vive en la misma casa de siempre, aunque entre las más oscuras sombras.
Dicen que la mentira tiene patas cortas, y algo de eso trata de mostrar Innato a lo largo de sus ocho capítulos. Sara Garay, la joven hija del “Asesino del gasoil” (como le nombran a Félix en su momento), se transforma en Sara González, una exitosa sicóloga que vive en un barrio de alto poder adquisitivo con la familia perfecta: el esposo Aitor (Roberto Álamo), un hombre de negocios, bondadoso y, al igual que Sara, preocupado siempre por Sebas, el hijo adolescente encarnado por el joven Teo Soler.
En ese suburbio de perfección Sara ha edificado la vida ideal al costo de dejar atrás todo lo que una vez significó llevar el apellido Garay, convertido en estigma por su padre sicópata. Sin embargo, controlar ese pasado de manera meticulosa parece no ser suficiente. Los oscuros secretos comienzan a emerger y la madre y esposa perfecta resulta ser un constructo, una máscara que se deshace capítulo a capítulo.
Para ello la serie se apoya en las actuaciones de las tres Sara (la adolescente, la joven y la adulta), aunque esta última resulte un punto flaco en no pocas ocasiones. Las dos más jóvenes convencen más que la protagonista, a veces un poco descentrada en momentos que llevarían más tensión, o muy tensa en escenas donde la serie no transmite esas sensaciones, y siempre, siempre, con un rostro que transmite muy pocas emociones.
La juventud deja, por su parte, las mejores actuaciones, especialmente la de Teo Soler, quien no solo es bastante inteligente para su edad, sino que se convierte en una suerte de manipulador como mecanismo de defensa ante sus propios miedos y explora temas muy singulares sobre la convulsa etapa que puede ser la adolescencia.
Es en este apartado, además, donde Innato deja su huella: muestra los efectos del mal sobre varias generaciones, a partir de los hechos atroces cometidos por Félix, que comienzan a repetirse una vez este sale de la cárcel, aunque esta vez los motivos serán otros (y aquí no digo más para, si no has visto la serie, lo descubras por ti mismo).
Lo que resulta un poco cansón, sin embargo, es el alargue de la historia. Más allá de la trama policial, la serie se vale, como mencioné, de los viajes en el tiempo para contarnos la historia de Sara, aunque a veces lo que cuente no solo sea muy poco, tampoco es que aporte mucho. Escenas enteras podrían ser eliminadas y se terminaría comprendiendo la historia sin problema alguno.
Acá estamos ante la lógica de la industria cultural, especialmente del fenómeno Netflix. La gran N roja ama este género (aunque acá lo justo sería decir que es amado por los espectadores), y lo hemos visto en historias como Él y ella, Scarpetta, En fuga… que giran en torno al policiaco extendido, casi siempre, a ocho capítulos. Es como una plantilla que formatea la narrativa, y a ello se atuvieron todo lo posible Enrique Lojo y Fran Carballal.
Entre tantas añadiduras, Innato se apoya en argumentos sicológicos, también, para explorar cuestiones singulares. Plantea el debate entre herencia y educación; si la sicopatía es fruto de la transmisión genética o si el entorno y las relaciones familiares y sociales también pueden actuar como generadores de dichas patologías.
Es el caso de la historia de Sebas, que aborda temas como el bullying o la fascinación por el mal. El encuentro entre Sebas y Félix, que la serie presenta de una manera bien aséptica, deja también otra interrogante: ¿es posible que surja el afecto entre un joven y su abuelo asesino en serie?
Con un final que deja esperando más, Innato todavía no tiene confirmada una segunda temporada, aunque podríamos esperar nuevos episodios, de acuerdo con fuentes de la industria, a mediados de 2027.