Incisiones de hermandad

Especialistas cubanos, norteamericanos y de otras naciones compartieron por tercera vez en la Isla métodos de necropsia a mamíferos marinos

Autor:

Luis Hernández Serrano

A las seis de la tarde del pasado sábado 19 de junio un joven pescaba tranquilo en un punto costero de La Florida, cuando vio entre las olas, a unos 200 metros del lugar donde estaba, algo oscuro que flotaba y no parecía ser la aleta de un tiburón, sino un raro animal que en ese momento no pudo identificar exactamente.

¡Hasta ahí duró su pesca! Lo recogió todo rápidamente. Puso en su cintura el cuchillo de pescador y un pequeño rollo de soga; se colgó al cuello los espejuelos de bucear, se calzó las patas de rana y ¡a nadar!

Las olas estaban más bien tranquilas. Braceó un poco sin perderlo de vista, y en segundos llegó ante un pez demasiado raro para poder reconocerlo enseguida. Lo movía el vaivén del oleaje. Nadó alrededor de este lleno de intriga, hasta percatarse de que el animal estaba muerto.

Lo primero que pensó fue que hasta allí había llegado uno de los habitantes del mar «asesinados» por la célebre «marea negra» del derrame de petróleo en el Golfo de México, accidente que ya ha cubierto más de cinco kilómetros de las playas de Pensacola, en el noroeste de La Florida, en lo que se estima el mayor golpe destructivo a ese estado.

Aquel sábado 19 de junio el hundimiento de la plataforma Deepwater Horizon llegaba a su día 60. El pasado viernes 25 había afectado ya las costas de Luisiana, Alabama y Mississippi, como fruto del peor desastre petrolero de la historia de los Estados Unidos.

Realmente el denominado «mousse», un tipo de desecho de petróleo, no había sido descubierto aún entre el muelle de la playa de Pensacola y la estación de vigilancia en Fort Pickens, según el informe del Departamento de Respuesta al Desastre en la Florida.

El ejemplar encontrado por el pescador era un mamífero acuático, macho y sumamente joven. Su madre estaba también muerta. Llegó hasta Cuba congelado por vía aérea, el lunes 21 de junio por la tarde.

Lo explica Alex Costidis, joven científico norteamericano, minutos antes de iniciar la necropsia a un manatí. Costidis y otros especialistas de su país fueron invitados a participar en el III Taller sobre técnicas de monitoreo de manatíes en vida libre, evento que los trajo a Cuba en oportunidades anteriores. Es la primera vez que en el Centro de Investigaciones Marinas (CIM) de Cuba se practica una necropsia a un ejemplar de este tipo, aclara el especialista.

El animal tiene 97 centímetros de largo, desde el hocico hasta su cola, dos aletas pectorales de siete centímetros cada una y una cola de 27 centímetros.

«Este no es un manatí ni grande ni mediano, sino pequeño. Realmente es un nenonato y presentimos que nunca llegó a respirar, que murió antes de nacer, en el claustro materno de su madre», pronostica Alex Costidis, antes de iniciar su primer corte con el bisturí.

A medida que van aflorando los primeros órganos internos del animal —luego de haberse abierto paso a través de la dermis, la epidermis y los músculos— Alex da cuenta de que se aprecian lisos, brillosos, sin granulaciones, que, según comenta, son señales inequívocas de que se trata de un animal supuestamente saludable.

Danilo Cruz, veterinario del Acuario Nacional de Cuba, presente en la investigación, explica que en su institución no existe ningún manatí, por lo que esta práctica es muy importante para los especialistas.

«Miren el hígado que tiene: es, por supuesto, oscuro, pero también liso, brillante, sin ninguna granulación, muestra evidente de que, aunque murió hace como una semana, no hay indicios de que la causa de su deceso haya sido alguna enfermedad frecuente en estos mamíferos», explica Costidis.

Poco a poco fue cortando el hígado en rebanadas para verificar su consistencia y algo similar hizo con la vesícula y los riñones.

«Tengo la ligera impresión de que este manatí murió antes de nacer. Me lo hacen pensar los colores de sus órganos, su textura y consistencia», informa a través de la oportuna traducción de la doctora guatemalteca Esther Quintana.

Algo muy revelador ocurre pocos minutos después de haber llegado a los pulmones del manatí, que se ven planos, finos, de un tono singularmente claro, más bien rosado. Corta un pequeño fragmento, lo introduce en vaso con agua y enseguida se hunde.

«Ya ven ustedes lo que sospechaba: el animal nunca respiró: si lo hubiera hecho, el segmento diminuto de tejido pulmonar en vez de hundirse hubiera flotado; es un signo inequívoco de que murió antes de ser parido por su madre; o sea, falleció antes de nacer».

La licenciada Anmarí Álvarez Alemán, investigadora del CIM, que por Cuba preside esta práctica de necropsia, recuerda que un análisis práctico como este es la tercera vez que se realiza en Cuba, pero es la primera que se ejecuta en su institución.

Operación compartida

El equipo de científicos norteamericanos procede de diferentes instituciones de esa nación, y el que concretamente practicó la necropsia es del estado de la Florida.

Fueron ellos los doctores James (Buddy) Powell, Robert (Bob) Bonde, Andrew (Andy) Garret y el licenciado Alex Costidis, biólogo natural de Grecia, pero nacionalizado estadounidense, quien labora en la Universidad de la Florida, donde reside.

Otros extranjeros intervinieron en el taller y fueron testigos presenciales de la necropsia, como la máster en Ciencias Biológicas Nataly Castelblanco, de Colombia, quien hace actualmente su doctorado en la Bahía de Chetumal, en el estado de Quintana Roo, en México; y Esther Quintana, bióloga y también máster en esa especialidad y Doctora en Ciencias Biológicas, quien tradujo durante la necropsia.

El objetivo de la necropsia al manatí fue identificar la salud que tenía y las posibles causas de su muerte. Así lo argumentó Lázaro García López, oceanógrafo del Grupo de Conservación y Manejo de Recursos Costeros, quien lleva dos años en este centro.

«Es una fase de preparación de suma utilidad y un modo que tienen los especialistas de vincularse directamente a las áreas marinas protegidas en Cuba o bajo régimen especial de administración y cuidado. Hay 16 parques marinos en Cuba o áreas protegidas. El personal participante se adiestra en la necropsia y análisis de las posibles causas de muerte y el estado físico.

«En estos animales se analizan sus posibles nexos con los ejemplares de Puerto Rico, Venezuela, Belice, Cuba y Estados Unidos, donde más seriamente se hacen estudios como estos».

Participaron en el taller representantes del CIM, de la Empresa Nacional para la Protección de la Flora y la Fauna, del Acuario Nacional y del CITMA, además de trabajadores de todas las áreas del país y de Guanahacabibes y La Coloma, en Pinar del Río; la Ciénaga de Zapata, en Matanzas; y de Villa Clara, Camagüey, Granma, Santiago de Cuba y Ciudad de La Habana.

Monitoreo de manatíes

El plato fuerte de este III Taller sobre técnicas de monitoreo de manatíes en vida libre, fue justamente la necropsia, manifestó la licenciada Anmarí Álvarez Alemán, máster en Ciencias Biológicas y jefa del proyecto nacional de varamiento de cadáveres, del Proyecto Manatí del CIM, de la Universidad de La Habana, así como de este interesante Taller.

El referido Centro, dirigido por el doctor Jorge Angulo Valdés, está en Ciudad de La Habana. La institución se fundó en 1970 y cuenta con más de 30 profesionales dedicados a la docencia y la investigación, de los cuales más de diez ostentan la categoría de Doctor en Ciencias Biológicas y un número similar la de Máster.

La instalación está ubicada en un edificio equipados con laboratorios de investigación y docente, gabinetes, aula especializada, área experimental, colecciones (algas, invertebrados y peces), biblioteca especializada en temas marinos y áreas administrativas y de servicio. Dispone de varios transportes terrestres y el barco de investigaciones Felipe Poey, de 18 metros de eslora, con laboratorio y 13 capacidades.

La misión del CIM es contribuir a la conservación del ambiente y al desarrollo sostenible a través de la integración de la investigación científica y la formación continua de profesionales de la Biología Marina, Acuicultura y Manejo de Zonas Costeras, con un enfoque multidisciplinario y de excelencia.

Este Taller forma parte de los convenios de intercambio de experiencias e investigaciones conjuntas con numerosas universidades del Caribe, Latinoamérica, Canadá, los Estados Unidos y Europa.

Las líneas de investigación del CIM son Detección de impacto ambiental, Conservación y manejo de recursos costeros, Genética de la conservación, Sistemática de organismos marinos, Nutrición y alimentación de crustáceos y peces, Genética y reproducción de camarones peneidos y Biología de la langosta espinosa Panulirus argus.

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