Abejitas hacen de las suyas…

«Como la abeja al panal...» retornan las historias. Hace ya unos cuantos años, esta sección reflejó y dio seguimiento al largo calvario de los vecinos de un edificio de 12 plantas en el barrio capitalino de Alamar, acosados por un panal de los laboriosos insectos en un piso alto...

Iban de aquí para allá, hacían cartas. Y una entidad los remitía a la otra... Las abejitas eran más constantes en su misión que los humanos en solucionar el problema. Y a la larga se erradicó el panal un domingo, casi como si fuera una conmemoración patriótica. Incluso llegaron a invitar a este redactor a la «ceremonia» de desaparición del panal.

La espiral de los problemas nos trae ahora una historia que ojalá no sea el «remake» de aquella: el doctor Ángel Ernesto Caveda Gil, residente en Heredia 367, apartamento 1, en Santiago de Cuba, está muy alarmado porque en el edificio de 12 plantas del reparto Antonio Maceo de esa ciudad, donde viven su abuelo y tía abuela, hay un panal de abejas. Específicamente, está situado por fuera, encima de la habitación del veterano.

Así como las abejitas son trabajadoras, también son temibles. «Están ocasionando en los habitantes del edificio serias molestias, han picado a varias personas, incluyendo niños y ancianos, provocando serias reacciones alérgicas y hasta shock anafiláctico en una señora y un pequeño, que llegó a la hospitalización por su gravedad.

«Por las noches no se puede vivir. Hay que tener todas las luces apagadas y todo cerrado. Y cuando están viendo el televisor, ellas irrumpen en la pantalla. En ocasiones mi tía abuela ha matado 50 en una noche».

El doctor Ángel Ernesto asegura que el problema ha sido denunciado en asambleas de rendición de cuentas, en Apicultura, con los Bomberos. Incluso, ya fue publicada la denuncia en el periódico santiaguero Sierra Maestra. Y nada se ha hecho.

No sé por qué habría que esperar —salvando las distancias— a que llegara el terror que fue adueñándose de los vecinos en aquella película Los Pájaros, de Alfred Hitchcock, ante la embestida de las aves implacables. Ojalá y los de Santiago no tengan que esperar tanto como los de Alamar.

La segunda carta la envía Belkis Quesada, residente en calle 234, edificio 41, entre 31 y 33, La Coronela, en el municipio capitalino de La Lisa:

Cuenta Belkis que el domingo 10 de septiembre adquirió un sobre de refresco instantáneo Butti en el Sylvain de San Lázaro, en Centro Habana. Y el lunes 11, se percató de que había pagado con un billete de cinco CUC como si fuera de a uno. Aunque le dijeron que esa batalla estaba perdida de antemano, fue al Sylvain y contó su historia. Le atendió la jefa económica, y desde el principio le aseguró que todo se resolvería. Le solicitó el teléfono. Ya en su hogar, ese mismo día la llamó el director de la unidad, para que pasara a recoger sus cuatro CUC de vuelto: investigaron y estaban en la caja. Fue y recibió su dinero. Quiere hacer un reconocimiento público, porque tal acción demuestra que se puede ser honesto y ágil en la solución de un problema del cliente.

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