Cerrado por construcción

A raíz del fallecimiento de su esposa, Pedro Álvarez Triana (Avenida 26 de Julio No. 5, Sancti Spíritus) se personó en el Registro Civil de esa ciudad, sito en la calle Céspedes, para solicitar certificados de nacimiento, matrimonio y defunción.

Al cumplirse los plazos de entrega de los documentos, Pedro volvió por el Registro y solo pudo recoger el certificado de defunción, pues los otros documentos solicitados llevaban un recorrido más largo: Le pidieron que volviera 15 días después.

El solicitante dio un margen y retornó más de 20 días después. Y para su sorpresa, le informaron que el Registro Civil estaba cerrado por trabajos constructivos, y no se estaba brindando servicio a la población.

«Mi pregunta ante esta extraña respuesta, acota, fue: ¿Adónde me dirijo para recoger la documentación solicitada? Y la respuesta obtenida me dejó atónito: solo se entregará la documentación en este Registro cuando culmine la reparación. ¿Y cuándo concluye?, pregunté. No se puede precisar la fecha de culminación, me respondieron».

Decidió Pedro dirigirse a la Dirección Provincial de Justicia. Y allí, la recepcionista le ratifica la situación del Registro Civil, y el desconocimiento de cuándo volverá a prestar servicio.

Entonces, Pedro solicitó una entrevista con algún funcionario que le pudiera informar. La recepcionista le ruega que aguarde y entra. De vuelta, le informa que el personal que atiende registros civiles está fuera de allí, en un seminario.

Pedro solicita entonces entrevistarse con la Directora, y la recepcionista le aclara que la misma se encontraba en un municipio con una visita. El hombre intenta saber cuándo podría contactar con la funcionaria. Y la recepcionista no pudo precisarle.

Claro que Pedro no insistió en volver por allí a averiguar en detalle. Pero a ciencia cierta, tiene todo el derecho, ante situación tan insólita, de preguntarse, como lo hizo en su carta:

«¿Cómo resuelve entonces el público los documentos que se exigen para los trámites, y que solo se emiten allí? ¿Quién responde por las demoras en la solución de los problemas del pueblo, si las oficinas que supuestamente deben hacerlo se desentienden de los mismos?».

Las sombras del olvido

La insensibilidad y la desatención públicas a veces radican en los pequeños detalles que muchos subestiman, porque no tocan la realidad de cerca, ni se conduelen de los pequeños dramas de nuestra gente.

Juan Chongo Leiva (calle Oeste 493, esquina a Central, Naranjito, Boyeros, La Habana) cuenta que junto a la pequeña estación ferroviaria de Naranjito, ubicada frente a las calles Úrsula y Oeste, hay un poste de electricidad que da servicio a ese local, además de un foco para iluminar esa área, que incluye un paradero con bancos para los viajeros.

Pero el foco hace mucho tiempo que no existe ya, y aquello de noche se convierte en la incitación al peligro y a unos cuantos desmanes.

Y por una de las dos vías férreas instaladas circulan a diario trenes de pasajeros Pinar del Río-La Habana y Cienfuegos-La Habana. Sin embargo, no existe un andén, un mínimo andén para los viajeros que se apean. En su lugar, un incierto camino de tierra y piedra que provoca la caída de niños, ancianos y mujeres cuando suben o bajan de los coches. Y cuando llueve, se atascan en el fango.

«No hay que aprobar un alto presupuesto —señala Juan— para la instalación de una luminaria por parte de la Empresa Eléctrica; ni para la construcción de un modesto andén de unos 30 o 40 metros de longitud por parte de la Unión de Ferrocarriles».

Son pequeños botones de abandono y desentendimiento comparados con otras muestras más representativas de los grandes problemas de la nación. Pero hay gente que se siente en las penumbras de la desatención; olvidada, sin ni siquiera un andén para alejarle los peligros.

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