Sin pediatra

Desde calle 7, No. 2 607, entre 26 y 28, en el reparto Horacio Rodríguez de la localidad matancera de Jovellanos, escribe Isolina Pérez para narrar sus complacencias y preocupaciones con el hospital Pedro Betancourt, de ese municipio.

Primero que todo reconoce la profesionalidad y óptima atención de los galenos, personal de enfermería y de servicios de dicho centro asistencial. «Puedo asegurar que son profesionales muy bien preparados para curar y salvar vidas», enfatiza.

Y al propio tiempo cuenta que hace algún tiempo fue suspendido el servicio en la parte de maternidad y en la sala de niños, porque los locales presentaban filtraciones. Se hizo una inversión y hace pocos días se concluyeron los trabajos.

«Todos nos sentimos alegres y felices… Pero, qué paradoja. Según han informado, no se puede ofrecer el servicio, porque en Jovellanos no hay pediatra.

Isolina cuestiona por qué el Ministerio de Salud Pública no ha podido resolver el asunto, incluso llevando profesionales de otras provincias. Y precisa que en ese municipio son más de 56 mil habitantes y una numerosa población infantil. «Y para nadie es un secreto —añade— lo difícil del transporte y los salarios. Eso agrava la economía familiar cuando tenemos un niño o una embarazada. Una máquina de Jovellanos a Matanzas cuesta 30 pesos el pasaje hasta la terminal; y de ahí a los hospitales, 20 pesos más o menos. Esto quiere decir que un viaje de ida y vuelta representa 100 pesos por persona. ¿Cómo ayudar a resolver esta situación de los jovellanenses?».

Revendedores

Josefa Teresa Miranda (Carlos Núñez 13 305, apto. 6, entre 100 y 7ma., Aldabó, Boyeros, La Habana) compra con cierta frecuencia discos DVD en las tiendas estatales, para conformar su archivo de trabajo, a precios entre 0,34 y 0,36 CUC.

Hace ya casi un año, confiesa, que va a las tiendas y no encuentra esos discos. Sin embargo, en el mercado negro aparecen los Maxell y YDD a precios superiores, desde 0,40 hasta 0,43 CUC. Y hace poco ella presenció en una tienda una compra por una persona de 35 cajas de 500 discos cada una.

«Todos sabemos —señala— que no es ilegal comprar en grandes cantidades; lo que sí es ilegal es acaparar para luego revender cualquier producto, aprovechándose de aquellas personas que lo necesitan, y así enriquecerse a costa de sus necesidades».

Josefa sacó una simple cuenta: revendiendo los discos a solo 0,43 CUC, en solo una caja de 500 de ellos se obtiene como ganancia aproximadamente 35 CUC. En diez cajas, de 350 CUC. Y en 25 cajas, de 875 CUC. «Estas personas —insiste— estarían ganando casi 22 mil CUP con solo pasar de una mano hacia otra los discos comprados en tiendas del Estado.

La remitente piensa que ese acaparamiento se registre para venderles los discos vírgenes a aquellas personas que comercializan discos grabados, pero no pudieron comprar esos insumos a tiempo en las tiendas estatales.

«¿Es justo que los trabajadores por cuenta propia, luego de pagar sus impuestos y licencia, su seguridad social, también tengan que pagar la materia prima multada por una persona que solo vive a costa del sudor de los que en realidad trabajan? ¿Cómo puede ser posible que los revendedores puedan agotar la venta de discos con precios entre 0,34 y 0,36 en la capital?

«Está más que claro que todo quedaría resuelto si la oferta superara la demanda, o si al menos las autoridades pudieran dedicar algún tiempo a estas ilegalidades específicamente, ya que no existe ninguna licencia para la reventa de productos; y los revendedores de discos publican sus teléfonos por todas partes, como si estuviesen dentro del marco legal».

Lo peor es que la figura del revendedor se ha convertido en un poderoso intermediario en Cuba, hasta consolidarse como un súper poder parásito que abarca cualquier surtido y encarece aún más los ya de por sí elevados precios de las tiendas recaudadoras de divisas, a los ojos de los consumidores. Y lo que es peor, ante la impasible inercia de las autoridades.

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