¿Adeudo de quién?

Una bomba de tiempo encontró el viernes 24 de marzo Daisy Monteagudo Rodríguez en su hogar en calle Central 26, entre Jesús Menéndez y Danielito, en la ciudad de Santa Clara: la factura del consumo eléctrico deslizada por debajo de la puerta consignaba un total de ¡1 987 pesos!

El lunes 27 de marzo Daisy se personó en las oficinas de la Empresa Eléctrica que le corresponde. Y allí más de 200 clientes estaban en similar o peor trance que ella. Después de una larga y angustiosa espera por algo que ella no provocó, le atendió un funcionario, al cual le expresó su inconformidad con la prueba en la mano: todos los comprobantes de pago de más de un año.

Le explicó al funcionario que ella se preocupa siempre y paga su consumo eléctrico. El funcionario le dio la razón y le explicó que quienes tenían la responsabilidad de hacer la lectura del contador, no lo estaban haciendo bien, y, por tanto, hay un consumo acumulado que se detecta después de un año por un control nacional. Pero insistió en que ella debe pagar ese consumo, y se le harán ajustes y plazos para hacerlo.

«Yo reclamo —señala ella— que no tengo culpa de que el lector-cobrador haga mal su trabajo, y que la Empresa Eléctrica durante un año no se diera cuenta del descontrol, la ineficiencia y las negligencias que estaban cometiendo las personas, a las cuales todos los meses se les pagó un salario para que hicieran bien el trabajo».

Pero la respuesta fue la misma: Hay que pagar el consumo acumulado. Y prometieron que un inspector visitaría la casa de Daisy para verificar la lectura. ¿Visitaría? El pasado 24 de abril la cliente encontró un nuevo recibo tras su puerta con el membrete «ajuste de consumo», y un aviso de adeudo por 71.60 pesos.

«O sea, ellos hicieron un ajuste de consumo sin consultarme ni avisarme, del cual no conozco los plazos. Y además tengo que aceptar que es un aviso de adeudo. Yo no debo ese dinero...

«Elevé mi queja a todos los niveles y aún espero respuesta. El 23 de mayo me visitaron los inspectores de la Empresa que debían haberlo hecho antes. Y me explicaron que son de Camagüey, y vinieron a revisarlo todo. Pero ratificaron que tengo que pagar el consumo acumulado.

«No puedo entender que si tengo todos mis recibos de pago, si garantizo la lectura de mi metrocontador todos los meses y pago las facturas que recibo, por el hecho de que los lectores se equivocaron y no leyeron bien, y porque a la Empresa le faltó control y gestión, yo tenga que pagar un dinero de una electricidad que no he consumido.

«Es ilógico que de un mes a otro se produzca ese disparo en una vivienda donde yo vivo sola, y en la que estoy solo de noche, porque trabajo todo el día. No entiendo, porque cuando en mi entidad un funcionario comete un error de esa naturaleza, se le aplica la responsabilidad material y se le descuenta de su salario.

«¿Quiénes son los responsables del control a esos funcionarios que en tanto tiempo no se dieron cuenta del descontrol?»

Lamentablemente, cuando en la prestación de un servicio no se actúa con rigor, disciplina y respeto al cliente, y se supedita este a los entuertos de la propia entidad, en una especie de ley del embudo siempre enfilada por la parte más estrecha hacia el consumidor, ese consumidor no puede respetar a la institución ni sentirse deudor de los errores de aquella.

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