Propone una cuenta de la solidaridad

Desde la comunidad Orlando González, en Majagua, provincia de Ciego de Ávila, específicamente en calle Primero de Mayo 63, sugiere Carmen Luisa Martín Suárez que la solidaridad con los damnificados del ciclón Matthew en la provincia de Guantánamo, tan concretamente expresada por el Estado cubano y la población, se expanda en otras formas novedosas y descentralizadas.

Cuenta Carmen Luisa que esos días posteriores al Matthew fueron difíciles en su hogar, porque aunque no tienen ni familiares ni conocidos en esa región, sufrieron por el daño que ellos recibieron. Y conocieron con alegría la noticia de que podían recoger todo lo que desearan para enviarlo a esos damnificados, porque para personas que viven tan lejos resulta casi imposible llegar hasta allá a alcanzarles algo.

Dentro de todo lo que en su casa se dispuso para enviar, afirma, ella mandó una Biblia, que conservaba como recuerdo de un amigo entrañable. Y en esta escribió una dedicatoria con los mejores sentimientos, pensamientos y deseos de recuperación, y su teléfono y dirección.

Y hace unos días la contactó la persona a quien le regalaron la Biblia, totalmente conmovida y agradecida por tanto amor y preocupación. «No puedo expresarle lo que sentí y siento todavía», manifiesta conmovida.

Enfatiza Carmen Luisa que ella, su familia y muchas personas con las que ha conversado, desean ayudar más y quieren que se emprendan más iniciativas, con las que todo cubano pueda seguir dando lo que quiera, porque todo allí es muy necesario.

Y sugiere la remitente que se podría habilitar una cuenta de ahorro nacional en los bancos, en la cual todo el que lo sienta, y por tiempo indefinido, vaya depositando lo que pueda para los hermanos de esa zona afectada.

«Lo haríamos todos los cubanos y quienes no lo sean, solo con la seguridad de que el prestigio de nuestros bancos y de quienes siguen al frente de las labores de recuperación, no permitirá desvío alguno. Lo haremos de corazón abierto y no necesitaremos estado de cuentas ni nada que no sea la certeza de que así podemos ayudar.

«Sé que el Estado cubano, como siempre lo ha hecho, se ocupa a brazo partido para que la recuperación llegue a su fin, pero también pienso que devolver todo a esas personas se convierte en algo imposible para un país pobre y bloqueado; y que cada cubano puede también ayudar, aún cuando somos “personas de a pie” pero que por fortuna tenemos techo y comida, cama y colchón seco, escuelas intactas, carreteras, transporte, colchas y sábanas, baño dentro de las casas, tierras verdes y árboles frondosos... Todo lo que parece “normal” que alguien tenga, pero que lo tenemos solo por la suerte de que el huracán no nos lo arrebató», destaca la avileña.

Un recado para Aguas de La Habana

Raúl Fernández Suárez escribe desde  calle 112 No. 5117,  entre 51 y 59, Marianao, La Habana, para denunciar que en la calle 110 esquina a 59, en ese barrio, hace más de tres meses que Aguas de La Habana rompió la calle para realizar unos arreglos, y todos se preguntan al final para qué ha servido.

«Las aguas albañales continúan saliendo y corriendo por la calle. Pero además hay un salidero de agua potable que en los días alternos de suministro constituye un desperdicio innecesario».

Lo peor, según Raúl, es que tal anomalía «ha sido reportada por los canales pertinentes a todos los niveles, pero desgraciadamente el mal continúa».

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