Pesares de veterinarios

Muchas inconformidades, en nombre de sus colegas, relata Pedro Rodríguez Sanz (calle 12 No. 13, Puerto Carúpano, Puerto Padre, Las Tunas), médico veterinario que labora en la Brigada de Veterinaria y Reproducción de la Empresa Agropecuaria sita en Vázquez, Puerto Padre.

Los pesares comenzaron, según Pedro, cuando se decidió desintegrar el Instituto de Medicina Veterinaria de Cuba. En la mayoría de las provincias y municipios del país los trabajadores del sector formaron U.E.B veterinarias prestadoras de servicios. Y en el caso de él y sus compañeros pasaron a la Empresa Agropecuaria Antonio Guiteras, en Vázquez, entidad con una deuda enorme.

«A pesar de todos nuestros esfuerzos en el trabajo y excelentes resultados económicos —afirma— nunca tuvimos salarios acordes a los resultados. Siempre justificados por las deudas que tenía la empresa».

A fines del 2016 dicha empresa fue disuelta por falta de liquidez. Y pasaron entonces a integrar otra empresa, ahora provincial. Pero la situación para ellos sigue igual, a pesar de que esta no tiene deudas y nuestros resultados económicos siempre han sido muy buenos.

No obstante, el problema clave ahora no tiene que ver con salarios, sino con los aseguramientos para realizar sus tareas diarias: guantes, agujas, jeringuillas y muesqueadores, entre otros dispositivos.

Ellos enfrentan cada año una tarea colosal: la campaña equina. Deben investigar y vacunar a más de 7000 caballos del sector privado, que en su gran mayoría valen más que lo que se les paga a los veterinarios en varios años de labor. Y se le cobra a cada propietario por equino entre 18 y 27 pesos.

Esa campaña es de cumplimiento obligatorio por parte de los propietarios de los equinos. De ahí se deduce, enfatiza, que los ingresos de la entidad son elevados. «Entonces —cuestiona— ¿cómo es posible que nuestra empresa no pueda adquirir los aseguramientos necesarios para la campaña, por lo que nos vemos obligados algunos a comprarlos por la calle, y otros a realizar la tarea con escasos recursos, teniendo que vacunar a cientos de animales con las mismas agujas y arriesgar la salud de estos animales e incluso la nuestra?

Afirma Pedro que ya tienen un colega sospechoso de portar la brucela, enfermedad antropozoonótica, que se transmite lo mismo de los animales al hombre que del hombre a los animales. De ahí el peligro de pincharse con agujas reutilizadas y la mayoría de las veces con una muy mala desinfección.

«Esta situación —refiere— ya estamos cansados de plantearla en todas las reuniones y con directivos que tenemos. Y el caso es que siempre se promete resolver. Pero esta es la fecha que en más de un año no se ha comprado ni siquiera una aguja desechable. Y hoy, 4 de abril, comenzó la campaña sin ningún aseguramiento: por lo que nuestra salud, nuestra ética y nuestra profesionalidad, y la salud de miles de animales vuelven a ponerse en riesgo debido a la mala gestión de nuestros directivos.

«Se ha llegado al punto de sugerir que consigamos los recursos de salud pública y lanzar amenazas de penalizar nuestro salarios si no se cumplen tareas que dependen de recursos de protección básicos, como los guantes para realizar las necropsias y los envíos al laboratorio.

«Tememos que se tomen represalias con nosotros por esta denuncia, pues es lo que ha sucedido hasta ahora. Cada vez que nos quejamos y pedimos ayuda para solucionar problemas, lo que encontramos son más problemas. Nosotros los veterinarios no pedimos nada que no sea lo imprescindible para realizar nuestro trabajo. Y, por supuesto, un poquito de protección y reconocimiento».

Pedro argumenta que el 70 por ciento de las enfermedades del hombre provienen de los animales. Y concluye con una frase que le gusta mucho: «El médico humano salva al hombre, el veterinario a la humanidad». Y ello se debe también al papel que ellos desempeñan en la obtención de proteínas de origen animal, enfatiza.

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