Voces de la República - Lecturas

Voces de la República

Acaba de celebrarse en la ciudad de Sancti Spíritus el coloquio Voces de la República. Este espacio de reflexión y debate sobre la etapa de nuestra historia que se abre en 1902 y se cierra en 1958, llegó así a su novena convocatoria. Lo organiza la filial provincial de la Sociedad Cultural José Martí y su principal animador es Juan Eduardo Bernal Echemendía, un espirituano incansable, enamorado de su ciudad y de su tradición trovadoresca, que a sus méritos como poeta, narrador y ensayista, suma los de ser un anfitrión excelente y un hombre capaz de sobreponerse a todos los contratiempos y adversidades. Gracias al tesón de Bernal Echemendía tienen lugar esos coloquios que reúnen, en cada uno de sus llamados, a historiadores e investigadores de todo el país.

Esta vez la conferencia inaugural, que versó sobre la significación del año de 1957 en el acontecer nacional, estuvo a cargo del doctor José Cantón Navarro, y en plenaria y en comisiones se dieron a conocer interesantes acercamientos a figuras y sucesos de la etapa republicana, y, como extensión del coloquio, se impartieron conferencias en la universidad, escuelas, centros penitenciarios y tabaquerías.

Como ya es costumbre, en una de las jornadas del evento se presentó el volumen que compila los mejores trabajos de la convocatoria anterior. Bajo el título de Voces de la República: una visión contemporánea se recogen en ese libro textos de Maximiliano Trujillo, Lina de Feria, Luis César Núñez González, Jorge Ibarra Guitart y Félix Julio Alfonso López.

Otro de los trabajos contenido en el quinto volumen de Voces de la República corresponde a Gaspar Marrero Pérez de Urría. Se titula «¿Verdades? Acerca de Benny Moré». Le dedicaré la página de hoy.

BENY MORÉ, FÁBULA Y REALIDAD

«Benny Moré constituye uno de los más típicos ejemplos de cuánto puede la imaginación popular. Reconstruir su vida resulta un verdadero reto, sobre todo porque es muy difícil discernir entre lo cierto y lo inventado», expresa el musicógrafo Gaspar Marrero. Añade enseguida que una revisión somera de lo publicado acerca del llamado Bárbaro del Ritmo deja ver un sinnúmero de contradicciones, inexactitudes y hasta falsedades. De ahí que pretenda devolvernos al verdadero Beny que se esconde entre decenas y decenas de crónicas, reseñas, artículos y entrevistas. Hacerlo es un reto. Desaparecieron físicamente ya muchos de los que compartieron con el afamado cantante y compositor sus tiempos de gloria y de fracaso, y los investigadores que vendrán después considerarán como válidas las conclusiones parciales de los que les precedieron.

Cuándo y por qué se integró Benny al conjunto Matamoros. Cuándo comenzó su carrera fonográfica. Cuántas fueron sus grabaciones con Pérez Prado. Por qué el apelativo de Benny. Qué lo movió a crear su Banda Gigante... Cada una de esas interrogantes tiene su respuesta y cada respuesta numerosas versiones. Encontrar la verdad es el desafío de Gaspar Marrero.

Se dice que Benny se juntó con Matamoros en 1945 cuando, en vísperas de un viaje a México, el compositor de Lágrimas negras quiso convertir su trío en un conjunto. Pero eso no es lo que afirmó el mismo Matamoros en 1963: conoció a Benny en 1944, «cuando yo dirigía el conjunto Matamoros que formé en el Hotel Nacional, en 1942». Entonces, en la emisora radial Mil Diez, le hizo una prueba y lo incorporó a su agrupación. Se lo presentó, recordaba, el tresero Mozo Borgellá para que «si te gusta como canta lo pongas en tu conjunto». Esa tampoco es, sin embargo, la versión de Rafael Cueto y Siro Rodríguez, integrantes junto con Miguel del cubanísimo e inmortal trío Matamoros. Cueto decía que Matamoros llevó a Benny al conjunto para que lo sustituyera en bailes y centros nocturnos. En una entrevista que concedió junto a Siro, diría otra cosa: el conjunto debía presentarse en Mil Diez y Miguel, que estaba afónico, pidió a Borgellá que le prestara a uno de sus cantantes.

«Entonces, sin prueba documental alguna a estas alturas, ¿cuáles fueron, realmente, las circunstancias por las cuales Bartolomé Maximiliano Moré actuó con el conjunto Matamoros?», inquiere Gaspar Marrero y exhuma una carta de Benny que confirma que el lajero trabajaba prestado con Matamoros mientras era cantante del conjunto Cauto. Carta que, por otra parte, echa por tierra lo que se afirma sobre el debut del joven cantante en Mil Diez. No comenzó en esta en junio de 1944, como se repite, pues en esa carta, fechada el 3 de abril del mismo año, alude ya a sus actuaciones en dicha emisora. A otra conclusión arriba el musicógrafo: las primeras placas grabadas por Benny con el conjunto Matamoros corresponden al 11 de septiembre de 1944.

EL PROBLEMA DEL NOMBRE

Una de las contradicciones mayúsculas en las semblanzas del afamado cantante se relaciona con su nombre artístico. Cuando Matamoros, cumplido el contrato en México, decidió regresar a Cuba, su cantante le pidió autorización para quedarse. ¿Qué lo motivó? Unos aseveran que quería probar suerte; otros, que quería casarse. Como allá a los burros les dicen bartolos, le aconsejaron que se cambiara el nombre. Está bien, respondió Bartolomé Maximiliano. Desde ahora me llamaré Benny... Benny Moré. ¿Fue así?

Algunos son de la opinión de que Benny es un diminutivo de su segundo apellido, Benítez. Es otro el testimonio de Margarita Bocanegra, la esposa mexicana del artista. Al cubano le gustaba mucho la música de Benny Goodman y ella, que sabía que sería un gran cantante, decidió combinar lo de Benny y lo de Moré.

Ahí no acaba la cosa, pues Marrero reproduce el relato de Esther Lafayette, una de las Mulatas de Fuego, que viajó a México con Matamoros.

«Nos reunimos para eso en el restaurante Lido, donde cenábamos de manera habitual [...] Benny, todavía Bartolo, metió en un sombrero veinte papelitos en los que escribiera diferentes nombres. Cualesquiera de ellos podría ser el que adoptaría, pero sugirió que el que apareciera en el último papel que se sacara, sería su nombre artístico. A mí me tocó sacar aquel último papel en que estaba escrito el nombre de Benny. Así que, de alguna manera, fui yo quien lo bautizó, en 1945».

Tras sortear múltiples obstáculos logra iniciar Benny Moré su relación con la RCA Víctor mexicana. Contratado por esa disquera, cantó con varias orquestas, entre estas la del mexicano Rafael de Paz y las de los cubanos Mariano Mercerón y Dámaso Pérez Prado. ¿Cuántas fueron las grabaciones de Benny con el llamado Rey del Mambo?

Algunos especialistas totalizan setenta registros en México. Eso incluye la discografía de las seis orquestas con las que grabó. De ese conjunto de grabaciones, 27 se produjeron con Pérez Prado, entre 1948 y 1951. No obstante, recuerda Marrero que el mismo cantante, en una entrevista que concedió a Bohemia, en 1954, aseguró haber realizado «cientos de grabaciones» en México. Como esos cientos de grabaciones no aparecen por ningún lado, algunos biógrafos del artista concluyen que «los primeros discos de Benny Moré no tuvieron el éxito inmediato que se esperaba».

En opinión de Marrero no hubo tal número de grabaciones en México. Dice: «Nótese que durante su etapa de máximo esplendor, ya en Cuba y con su orquesta (1953-1955) la RCA Víctor le grabó unas cuarenta obras. Entre 1956 y 1958 se realizarían 31 grabaciones y hasta su muerte otras 20. Y ya era un ídolo. ¿Cómo creer que en México realizara cientos de grabaciones?».

CON ORQUESTA PROPIA

El 1985, Clemente Piquero, bongosero de la banda de Benny, dijo que este formó su orquesta luego de romper con Ernesto Duarte, en 1953. Dice Piquero que visitó al cantante en su casa del reparto La Cumbre y le comunicó que Duarte tenía bailes los fines de semana, pero que no lo llevaba porque era negro. Eso motivó el disgusto de Benny, que impuso de inmediato a Rivera Conde, representante de la RCA Víctor en Cuba, de su decisión de abandonar la orquesta de Duarte. Así se lo comunicó a este seguidamente. Rivera Conde aclaró que Benny mantendría su contrato con la RCA en calidad de artista exclusivo y Benny anunció que grabaría con su orquesta, «que la estoy formando desde ahora mismo».

Esa versión, aceptada hasta ahora, despierta las dudas de Marrero. En 1953 Benny no vivía aún en La Cumbre ni Rivera Conde era el representante de la Víctor en Cuba, sino su delegado en México. Además, con anterioridad Piquero había ofrecido al respecto una versión diferente. Preguntado a raíz de la muerte de Benny (1963) sobre el origen de la orquesta, declaró al periódico Revolución: «Pues un día de un vacilón le dio por formar la banda; se formó, tuvimos éxito y pa’lante y pa’lante hasta hoy». Versión esta que coincide con la de Enrique Benítez Mora, El Conde Negro, que también reproduce el musicógrafo: «Un día Benny me dijo: Compadre, vamos a hacer una orquesta. Trajimos a Fernando Álvarez para hacer los coros y empezamos el trajín».

Gaspar Marrero en su investigación sobre Benny Moré que da a conocer en el quinto volumen de Voces de la República, se niega a creer en el racismo de Ernesto Duarte. «Quien conoce aquellos años de la música cubana y, en especial, la trayectoria de la orquesta de Duarte, recuerda enseguida que, años después de ese supuesto incidente, nuestro sobresaliente músico lanzó y apoyó totalmente a Celeste Mendoza, Rolo Martínez, Tata Ramos y Rolando Laserie, todos negros». Y cita otro testimonio en el que Piquero recuerda que Benny, recién llegado de Santiago de Cuba, formó un grupito con el que se presentó en el Alí Bar. Cuando ese grupo se disolvió, casi todos sus componentes, incluido Piquero, pasaron a la orquesta de Ernesto Duarte. Y todos eran negros. La discrepancia la motivó otra razón. Parece que Benny debía a Duarte un dinero que no le pagó. Y Marrero da cuenta en detalles de ese asunto.

CÓMO FUE

Duarte es el autor de Cómo fue, uno de los grandes éxitos de Benny. Lo grabaron en marzo de 1953 y a partir de ahí el compositor le montó otros tres boleros en menos de un año. Después se sucederían los éxitos y la ascensión del cantante a la idolatría popular. Quedan ahora los recuerdos de los que lo conocieron, admiraron, envidiaron o rechazaron y cada prisma ofrece un artista distinto.

Concluye Gaspar Marrero: «Ojalá seamos muchos los que descifremos este laberinto de contradicciones en todo cuanto se ha escrito —y habrá de escribirse— acerca de nuestro Benny Moré, para retratarle al fin con alta fidelidad, pleno de virtudes y de defectos como todo ser humano, a fin de lograr que su vida, junto a su voz cubanísima, nunca caiga en las hambrientas fauces de la falsedad y el olvido».

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