Hace 81 años se vio televisión en Cuba

La CMQ cumplía 16 años y, como parte de los festejos, Goar Mestre, su propietario principal, ofreció un banquete a directivos de agencias de publicidad. Quería hacer el recuento de los éxitos de su empresa, pero más que nada hablarles de sus planes. Entre ellos, su gran sueño: el proyecto de iniciar experimentos televisivos en 1952.

Ya se sabe lo que pasó. Gaspar Pumarejo, un niño terrible, un muchacho travieso se le metió en el camino, se hizo de una planta de televisión y comenzó a lanzar imágenes desde un estudio que preparó en la casa de sus suegros, en la esquina de Mazón y San Miguel, donde hoy se halla el Canal Habana.

Corría el mes de octubre de 1950 y el empresario audaz y con poco dinero, exdependiente de la ferretería Humara y Lastra de la calle Muralla, propinaba un golpe maestro a quien ya se consideraba como una de las figuras más brillantes y eficientes del mundo empresarial cubano. Lo que Mestre se planteaba realizar en un plazo de tres años, Pumarejo lo llevaba a cabo en un decir amén. Había trabajado a las órdenes de Mestre, pero un disgusto entre ambos en la vieja CMQ de Monte y Cárdenas, donde no se le trataba, decía, como él creía merecer, los hizo enemigos jurados para siempre. Pumarejo fundó entonces su propia emisora radial, Unión Radio, y empezó a presentarse como un héroe solitario que rompía lanzas contra el monopolio de los hermanos Mestre. No pudo con ellos, por supuesto, y cuando vio cerrados los caminos se lanzó a una nueva aventura: si los Mestre dominaban la radio, él traería la televisión a Cuba. Y la trajo.

Oscar Luis López, testigo y protagonista de la gesta, contó en su libro La radio en Cuba los pormenores iniciales de aquella empresa.

Refiere Oscar Luis que el jueves 12 de octubre se efectuó en Cuba la primera prueba, en circuito cerrado, de los equipos de televisión, y que el sábado 14, a las cuatro de la tarde, Pumarejo realizó su primera aparición ante los micrófonos de Unión Radio-TV para anunciar que ese mismo día, a las siete, se pondría la señal en el aire. Solo se había oído su voz, pero a la hora indicada los televidentes vieron el patrón de pruebas en la pantalla.

El lunes 16, entre la una de la tarde y las ocho de la noche, se trasmitieron vistas fijas, y Pumarejo habló sobre la próxima inauguración de la planta y felicitó a los técnicos que la hacían posible.

Al día siguiente, convocados por el empresario, acudieron al estudio de Mazón y San Miguel los escritores y periodistas Carlos Robreño y François Baguer y también los actores Marujita Díaz, Cuqui Ponce de León, la India de Oriente, Margarita Balboa, Alfredo Perojo y Oscar Luis López, entre otros. Se puso la señal en el aire y Pumarejo los presentó. Algunos recitaron un poema; otros hablaron de lo que se les ocurrió. Tuvieron, por la carencia de aparatos receptores entre la población, muy poca teleaudiencia, pero sí pudieron verlos los que acudieron a la emisora a fin de ser testigos del acontecimiento y que siguieron la presentación gracias a aparatos marca Zenith de pantalla circular allí instalados.

Se acercaba el gran día. Una semana después, el 24 de octubre de 1950, a las 12:30 del día, el presidente Carlos Prío Socarrás, desde su despacho en el Palacio Presidencial, inauguraba oficialmente, con un discurso a la nación, que muy pocos deben haber podido seguir, la emisora Unión Radio-TV, Canal 4, con lo que se daba inicio a las transmisiones de televisión en Cuba.

Una señal misteriosa

Todo eso es historia más o menos conocida. Lo que se conoce poco y casi nunca se menciona es que en 1928, en el central Tuinicú (actual Melanio Hernández) en las afueras de la ciudad de Sancti Spíritus, se captaron señales de televisión en Cuba, en un momento en que ese invento maravilloso estaba aún en fase de experimentación en Estados Unidos y era prácticamente desconocido en el resto del mundo.

Lo consiguió el ingeniero norteamericano Frank H. Jones con un aparato, diseñado y construido por él mismo, capaz de reproducir por medio de un selector y receptor de sincronización mecánica las primeras señales de TV transmitidas en América por la estación experimental de la compañía General Electric, en Schenectady, en las afueras de Nueva York.

Refiere la crónica que en un día ya lejano, hace 81 años, el ingeniero Jones se inclinó una vez más sobre el misterioso artefacto lleno de tubos, dínamos y alambres que había creado, movió varios botones y esperó. Cerca de él, Eladio Serrano, su estrecho colaborador, compartía la ansiedad del ingeniero, en espera del resultado del invento.

El resultado llegó en forma de señal. Una misteriosa señal que se estaba transmitiendo a miles de millas de distancia, en pleno corazón de Norteamérica, y que era recibida aquí, en el central Tuinicú, en la actual provincia de Sancti Spíritus.

El ingeniero sonrió ampliamente, satisfecho, y su colaborador y amigo cubano, jubiloso, le palmeó la espalda. Desde un aparato experimental, Jones había captado señales de video de una estación que también iniciaba su experimentación en transmitir imágenes a distancia y que en su momento agradeció y reconoció públicamente que un hombre radicado en un lugar prácticamente perdido de la región central de una Isla lejana hubiera estado en disposición de captar sus señales.

Ahí no se detuvo el afán investigativo del ingeniero Jones. No se conformó con esa concreción de sus desvelos. Trazó nuevos planos e hizo diagramas en un esfuerzo por adelantar, palmo a palmo, en lo que sería el mundo de la electrónica. Por ese camino llegó a diseñar posibles circuitos para la televisión en colores, estudios que conservó uno de sus hijos, aseguran algunos, mientras que otros afirman que terminó vendiéndolos a la General Electric.

Vida de Jones

Frank H. Jones nació en Chicago, Illinois, el 12 de diciembre de 1878. Sintió de niño atracción por la telegrafía y luego de cursar estudios de Ingeniería Eléctrica trabajó en las mayores empresas de ese giro en su país.

Llegó a Cuba en 1908 con un contrato para electrificar el central Tuinicú, empresa azucarera que se fomentó entre 1830 y 1850 y que, luego de pasar por varios propietarios, quedó en poder, en 1883, del poderoso grupo Rionda. Disponía de unas 300 caballerías de tierras propias para la siembra de caña, y en 1958, en atención a su capacidad productiva, ocupaba el número 30 entre los ingenios de la Isla y empleaba a 3 500 trabajadores.

Jones no solo electrificó el Tuinicú. Electrificó asimismo otros centrales de la zona, como La Vega (actual Remberto Abad Alemán) en Guayos, perteneciente también al mismo grupo empresarial. Es uno de los radioaficionados más antiguos de Cuba. En una época en que no existían aún estaciones de radio, construyó un transmisor de chispa, de dos kilovatios de potencia, y una antena Marconi de seis alambres de 200 pies de largo desde la torre de enfriamiento del ingenio, que permitió establecer contacto con otros centrales. Primitiva señal de radio transmisión que se escuchaba con claridad a muchos kilómetros de distancia. La I Guerra Mundial paralizó sus trabajos en ese campo.

La radio comercial espirituana se inició el 12 de noviembre de 1933, con la planta CMHB de la ciudad de Sancti Spíritus. Surgiría otra estación en la villa de Trinidad. Pero desde antes, en cuanto finalizó la

I Guerra, la planta de radio que el ingeniero Jones armó en su casa de Tuinicú había realizado sus primeras transmisiones. Allí se colocó una tarja para perpetuar el acontecimiento.

Radio 6KW

Era una emisora eminentemente musical. Transmitía informes sobre el estado del tiempo y, a solicitud de los radioescuchas, pasaba, a ciertas horas del día, programas especiales para los que querían aprender el idioma español. Una selección de la música que transmitió quedó en discos que comercializó la Columbia Record. Jones promocionaba su emisora de esta manera: «Tuinicú, Cuba, es la cuna de uno de los más modernos centrales azucareros, localizado casi exactamente en el centro de la Isla de Cuba, cerca de la vieja ciudad española de Sancti Spíritus. Durante la temporada de procesamiento el central producirá alrededor de 75 millones de libras de azúcar en un período de cerca de cinco meses. La estación de radio 6KW se encuentra instalada aquí, en la casa de Frank H. Jones.

«Los conciertos salen al aire diariamente durante todo el año.

«6KW ha sido escuchada en cada estado de EE.UU.; todas las provincias de Canadá, México, Puerto Rico, Haití, Santo Domingo; todas las repúblicas de América Central, Panamá y Colombia, Sudáfrica y por barcos en los océanos Atlántico y Pacífico.

«Durante las pausas de los conciertos un sonido de cucu será reproducido con el anuncio: si usted escucha el cu del cucu, está usted en sintonía con Tuinicú.

«El correspondiente permiso es por tanto aquí otorgado a cualquier estación de radio, en cualquier lugar del mundo, para la transmisión de esta selección, libre de costos de licencia».

El americano

Poco a poco se fue creando una corriente de simpatía y amistad entre Jones y el público de su emisora. Le llegaban cartas y reportes de muchas partes y acusaba recibo de cada mensaje recibido mediante el envío de un folleto con fotografías de Tuinicú y una descripción del central, su funcionamiento y otros detalles de interés. Años después fundó en la ciudad de Camagüey dos de las mejores estaciones de la radio comercial cubana.

Frank H. Jones, el Americano, como le llamaban en Tuinicú, llegó a Cuba con su esposa Hilda y dos hijos todavía niños, Leonor y Santy. Otro más le nació al matrimonio en la Isla.

Jones, refieren los que lo conocieron, era un hombre enjuto, pero incansable para el trabajo y la investigación. Las horas libres que le dejaban sus tareas en el central, las dedicaba al estudio. Su esposa fue la compañera inseparable de todas sus aventuras. Era, dicen también los que lo conocieron, de una sencillez y una modestia asombrosas; jamás hizo alarde de su sabiduría ni de sus logros. Su colaborador, Eladio Serrano, fue un cubano de mucho talento y mérito.

El Americano murió en Tuinicú el 20 de marzo de 1941. Fue inhumado en el cementerio de la ciudad de Sancti Spíritus.(Con información de Manuel Lefrán)

 

 

 

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