Apuntes de verano

El primer recetario cubano de cocteles se publicó en La Habana en 1930. Seis años después, entre el 16 y el 24 de noviembre de 1936, la primera competencia de coctelería celebrada en la Isla evidenciaba la madurez de los cantineros cubanos. Fue un encuentro que se extendió a lo largo de siete días, porque en cada jornada se concursó con una bebida base distinta: vermut, ron, coñac, ginebra, etc. Y por cada una de ellas cada concursante debía elaborar siete cocteles, para que un jurado no profesional escogiera los mejores.

Tanto la publicación del folleto como la competencia fueron auspiciadas por el Club de Cantineros de la República de Cuba, reinscrito oficialmente en 1998 como Asociación de Cantineros. Desde su constitución oficial el 27 de junio de 1924, esa entidad se empeñó en dignificar la profesión de sus miembros y en su superación. Hasta bien entrada la década del 20, todos los cantineros que prestaban servicio en el Casino Nacional, en el Country Club de La Habana —actual reparto Cubanacán—, eran norteamericanos. Todavía entre 1933 y 1934 unos 600 estadounidenses se desempeñaban como bármanes en la capital cubana, entiéndase en los mejores bares. José Cuervo fue el primer cubano que consiguió empleo como cantinero en el lujoso y exclusivo centro aludido. Mucho cambió la realidad a partir de ahí. El martes 30 de diciembre de 1930, a las 9 y 30 de la noche, cuando se inauguró el Hotel Nacional, eran cubanos todos los cantineros de ese establecimiento hotelero y José Cuervo, su jefe de cantina.

Cuervo laboró asimismo en el Biltmore, en el Havana Yacht Club, y también en el Hotel Presidente. Presidió el Club de Cantineros y creó una escuela técnico profesional para sus miembros, con cursos teórico-prácticos de 90 días y clases de inglés. Brindó en Estados Unidos clases y demostraciones sobre cocteles cubanos con ron y dotó al Club del primer Manual del Cantinero. Falleció en 1942, en Santiago de Cuba, donde se desempeñaba como representante de la cerveza Polar.

El cabaret Regalías

Recuerda Cristóbal Díaz Ayala en su libro Música cubana, del areíto al rap cubano —que cuenta, hasta donde sabe el escribidor, con cuatro ediciones en Puerto Rico— que, en la categoría de musicales, el programa más popular de la televisión cubana en la década de 1950 fue el Cabaret Regalías, que transmitía CMQ-Canal 6. Lo conducía, cree recordar quien esto escribe, el actor Rolando Ochoa y lo patrocinaban los cigarros Regalías el Cuño.

Cuando esa marca cigarrera dejó de pagar el espacio, en 1954, el programa, patrocinado entonces por los cigarros Edén, empezó a llamarse Casino de la alegría y siguió gozando del favor del público. Nada le arrebataba la teleaudiencia, ni la Escuela de Televisión, de Gaspar Pumarejo, que salía al aire por las noches a través de Tele Mundo-Canal 2, ni el béisbol televisado. Escribe Díaz Ayala que los miércoles, que era cuando se transmitía el programa, las entradas de las salas cinematográficas bajaban en un 40 por ciento, y en el interior del país, los pobladores que carecían de electricidad se movían hacia donde la hubiera para no perdérselo.

A este le pisaba los talones en cuanto a popularidad otro musical, Jueves de Partagás, que salía también por el 6 y animaba el gran actor Enrique Santiesteban. En su libro Televisión: ángel o demonio, Josefa Bracero expresa que en marzo de 1952, en la primera encuesta seria de la TV cubana, Cabaret Regalías se situó como el programa más visto, con más de 64 por ciento de teleaudiencia. Solo una vez Jueves de Partagás se le fue arriba y por poco margen.

Todavía en 1959, el Casino de la Alegría, con un 55,6 por ciento, encabezaba la lista de los 25 programas de mayor teleaudiencia.  Le seguía Jueves de Partagás, con 46,5 por ciento. Venían detrás Aquí todos hacen de todo, que patrocinaba el detergente Ace y animaba Germán Pinelli; y los humorísticos Garrido y Piñero y El show de Pepe Biondi. Martes, miércoles y domingos de amor Palmolive alcanzaba un 34,5 por ciento, y el Noticiero CMQ de la noche aparecía en el número 20 de las preferencias.
Entonces las series norteamericanas preferidas eran, en este orden, Rin-Tin-Tin, Patrulla de caminos, La ley del revólver y El llanero solitario.
Casino de la Alegría dejó de salir en 1961. Afirma Josefa Bracero que el 22 de febrero de ese año el Circuito CMQ y sus empresas, previa consulta popular, comenzaron a retirar sus anuncios comerciales y que el 27 de marzo siguiente fueron los funerales de la radio y la TV comercial en todo el país.

El tiempo al aire de Crusellas

El Circuito Nacional Cubano, con sus 12 emisoras nacionales, fue intervenido el 12 de enero de 1959; casi la totalidad de sus acciones estaba a nombre de Fulgencio Batista.
No demoró en pasar a manos de la nación el Canal 12, que también era propiedad de Batista, aunque en apariencia pertenecía a Gaspar Pumarejo. El 23 de febrero de 1960 tocaba el turno a Tele Mundo-Canal 2 y al Canal 10, propiedad ambos de Amadeo Barletta. El 2 tenía una programación establecida, no así el 10, que solo mantenía ocupada la frecuencia. El 25 de marzo del mismo año, la intervención llegaba a las puertas de los canales 4 y 7, donde, al igual que en el Canal 2, se manifestaban agudos conflictos entre los trabajadores y la patronal.

Dice Josefa Bracero en el libro aludido que el país, en respuesta a agresiones foráneas, dispuso la intervención de empresas norteamericanas como un modo de defender su soberanía. Entre ellas pasaron a la nación empresas promotoras de publicidad como Sabatés y Crusellas que representaban a grandes monopolios norteamericanos, como la Procter and Gamble y Colgate, Palmolive, Peet. Estas, junto con la Publicitaria Siboney, cuyos dueños salieron del país, mantenían los mayores porcentajes de anuncios comerciales en CMQ Radio y TV.

Comenta Bracero que esas intervenciones repercutieron en la radio y la televisión y, en especial, en la empresa mayor, el Circuito CMQ, debido a que el salario del personal procedía de los anuncios comerciales y las mayores entradas por este concepto provenían de las publicitarias intervenidas. Solo Crusellas mantenía el 60 por ciento del tiempo al aire de la CMQ.

Ya Goar Mestre, el propietario principal de la CMQ, estaba fuera del país, y la directiva del Circuito se negaba a dar repuesta al reclamo del personal. Es en esas circunstancias cuando el Gobierno Revolucionario decide la intervención. En septiembre de 1960 quedan confiscadas la CMQ y sus empresas. En este giro, Mestre era propietario de los canales 6 y 7 de la TV, de las radioemisoras CMQ, Radio Reloj, Radio Universal y la CMBF Radio Musical.

Poseía en verdad otras 20 empresas más, que iban desde un canal de TV en Argentina, la publicitaria Mestre Conill y fábricas productoras de chocolates, jugos y conservas de frutas, medicamentos, cosméticos y negocios dedicados a la venta de electrodomésticos y automóviles. Por no dejar de tener, era propietario de una fábrica de velas. En total tenía 23 firmas, valoradas en unos 15 millones de pesos equivalentes a dólares.

Era, dice Guillermo Jiménez en Los propietarios de Cuba; 1958, «uno de los empresarios más exitosos, con más iniciativa y capacidad de gestión».

Setenta Cuba Libres por segundo

En los días de la Ley seca en Estados Unidos (1920-1935), el coctel cubano vivió su época de oro. Pero desde entonces muchas mezclas de bebidas quedaron en el camino y no son hoy más que meras referencias.

Aunque los gustos cambian de un bebedor a otro, los diez mejores cocteles cubanos, los clásicos, son  Mary Pickfords, Havana Special, Mojito, Isla de Pinos, Presidente, Cuba Libre, Saoco, Mulata, Ron Collins y Daiquirí. De todos ellos, solo el Daiquirí figura entre los diez grandes cocteles del mundo, junto al Old fashioned, el Whisky sur y el Manhattan. Aun así, el coctel cubano más extendido y solicitado es el Cuba Libre. Se calcula que se beben en el mundo 70 Cuba Libres por segundo.

El bar cubano más famoso ha sido siempre el Floridita. Otras cantinas notables fueron en su momento las de los hoteles Plaza e Inglaterra, y la del restaurante El Patio, en Prado esquina a Genios. Hasta los años 50 del pasado siglo, el bar de mayores ventas era el Sloppy Joe’s. El turismo norteamericano lo prefería, pero el norteamericano residente en Cuba se decidía por Mes Ames, en 7ma. y 42, Miramar. El bar del balneario de La Concha fue célebre en los años 30 del siglo pasado por su mojito batido; coctel que pasa luego a la cantina del Hotel Florida, en Obispo y Cuba, antes de ganar carta de ciudadanía internacional en La Bodeguita del Medio. Panamerican, en Bernaza número 1 esquina a O’Reilly, fue el primer bar habanero que dispuso de la maravilla del aire acondicionado. El Floridita, a menos de cien metros, se sintió amenazado, y su propietario terminó instalando asimismo un acondicionador de aire.

Entre 1957 y 1958 los cabarets de lujo habaneros experimentaron un auténtico momento de esplendor. En corto tiempo y ante la atónita mirada de los habaneros, se edificaron en el Vedado los hoteles Habana Riviera, Capri y Habana Hilton, tres grandes y suntuosos establecimientos provistos de sus respectivos cabarets, bares y salas de juego. En Galiano y Malecón, el Deauville abrió sus puertas el 17 de julio de 1958, y otro tanto acontecía en la ciudad de Santa Clara con la apertura en enero del 57, del cabaret Venecia y su elegante casino.

En febrero de 1959, declaraba a la revista Bohemia Nat Kahn, gerente del hotel Riviera: «Tres nuevos hoteles de lujo en La Habana, que se inauguraron el año pasado, fueron factores decisivos para arrebatarle la clientela a la Florida». Con el juego legalizado como atracción principal, La Habana tuvo su mejor temporada turística entre 1957 y 1958.

Existían bares y cabarets de segunda y tercera categorías y hasta de cuarta. Casi todas las bodegas disponían de barra. El servicio de bar en la bodega era hasta las siete de la noche. Si se extendía, el propietario debía pagar impuestos no como bodega, sino como bar, que eran más elevados. Lo mismo sucedía con los cafés. De ahí que, en atención a sus tributos al fisco, hubiera cafés con y sin alcohol.

Tanto en los bares como en las simples bodegas era habitual el saladito. Queso en lascas o en dados, aceitunas, chicharrones o una lasca de jamón… estimulaban al cliente a que siguiera bebiendo. Muy sabrosas eran las galletitas preparadas que obsequiaban en La Princesa, de Concepción y 16, en Lawton, con jamón, queso, pepinillo encurtido y pierna de cerdo, que se asaba allí mismo.

En bares y bodegas, sobre todo en estas, era frecuente el juego de cubilete. Y el que perdía pagaba la ronda siguiente.

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