Juventud Rebelde

Los que soñamos por la oreja

Defensores del amor y la esperanza

Dúo Guardabarranco. Fue en la antigua y siempre recordada casa de El Caimán Barbudo, en la calle Paseo, en el Vedado, donde trabé contacto por primera vez con lo que se conoció como el Volcando, movimiento de cantautores nicaragüenses surgido al calor de la Revolución Sandinista durante la década de 1980. Mi viejo amigo Bladimir Zamora había retornado de un viaje a Managua y otras ciudades del país centroamericano, y como melómano empedernido que es, se trajo consigo una carga de música nica. Gracias a él fue que descubrí la propuesta del dúo Guardabarranco y, desde entonces, en la medida que me ha resultado posible, he tratado de mantenerme al tanto del quehacer de este formidable dueto, integrado por los hermanos Salvador y Katia Cardenal Barquero.

De inicio, mi interés por el trabajo de Katia y Salvador se debió a que en lo musical ellos tenían muchísimos puntos en común (tanto en el modo de interpretar como en el de componer) con los integrantes de la segunda generación de la Nueva Trova, el grupo de cantautores dados a conocer en lo fundamental en el penúltimo decenio del pasado siglo. Luego fui descubriendo en Guardabarranco un cúmulo de valores, que los convierte en algo especial en el panorama cancionístico latinoamericano, pues, a la vez, en su creación hay elementos melódicos y armónicos que los tornan asequibles al público consumidor de propuestas comerciales, unido a un riguroso desempeño en lo concerniente a lo letrístico.

Aunque entre nosotros son apenas conocidos, los hermanos Cardenal Barquero gozan de un sólido prestigio en disímiles países de América, Europa y Asia, gracias a su ingente trabajo en festivales folclóricos, de canción política y en numerosas universidades. Como dúo, que yo conozca, tienen al menos siete álbumes grabados. Su debut fonográfico se produce en 1982 con el disco Un trago de horizonte, al cual le seguirían Si buscabas (1985), Días de amar (1991), Casa abierta (1994), Antología (1995), Una noche con Guardabarranco (2001) y Verdadero pan (2003).

En todos estos trabajos encontraremos como constantes un discurso musical que asume las influencias del folk, sobre todo en la forma de tocar la guitarra Salvador, un cuidadoso montaje de voces y una poética que tendrá como leit motiv una loa al amor en sus disímiles modos de expresión. En el plano interpretativo, sobresale en particular el hermoso canto de Katia, quien sabe colocar muy bien la voz y sacar el máximo de provecho a su registro.

Como dueto, Guardabarranco también ha intervenido en variadas compilaciones y discos de carácter colectivo. En esa línea de su proyección aparecen en álbumes que en español se han editado para rendir tributo a cantautores de habla inglesa como los destacados Jackson Browne y Pete Seeger. A la par, desarrollan trabajos en solitario o asociados por separado a otros artistas. En tal vertiente de su quehacer, Katia es la que registra una actividad más intensa, y como solista interpreta no solo canciones suyas y de su hermano, sino además de distintos cantautores hispanoamericanos.

De su producción discográfica individual, creo que dos de los materiales de mayores logros son el CD Brazos de sol, grabado en Nicaragua en 1996, y el titulado Sueño de una noche de verano, realizado con temas de Silvio Rodríguez. Igualmente, como figura protagónica, en 1990, en su condición de intérprete resultó la ganadora de la edición nicaragüense del Festival OTI y al intervenir en la edición internacional de dicho certamen, celebrado en Las Vegas (Estados Unidos) en el propio año, obtuvo el segundo lugar entre concursantes de 22 países.

Del repertorio de Guardabarranco al que he tenido acceso, yo destacaría entre sus canciones que mejores recuerdos han dejado en mí, los títulos Guerreo del amor —que fuera tema de la película británica Carla’s song—, Dame tu corazón, Colibrí, Mi luna, Guardabosques, Dale una luz y Rodeando tu nombre. Estas y otras piezas registradas por Katia y Salvador, a lo largo de sus 26 años de carrera, los sitúan como genuinos defensores de la canción nicaragüense y latinoamericana, así como de la poesía, la fe, la solidaridad, el amor y la esperanza.

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