Epitafios - La tecla del duende

Guillermo Cabrera Álvarez

La tecla del duende

Epitafios

Los vivos inventaron los epitafios para recordar sobre la tumba a quienes admiraron. Víctor Hugo sintetizó el paso fugaz de la existencia humana con tres vocablos: «respira, aspira y expira».

Para rotular mis cenizas, escojo: «Polvo seré, mas polvo enamorado», de Quevedo. Un paseo de domingo por el cementerio puede dar excelentes textos. En honor a dos amigas de Guanabacoa a quienes no conozco pero son aficionadas a las frases célebres, publico algunos epitafios de personas famosas:

Marlene Dietrich se despidió así: «Estoy aquí en el último escalón de mi vida»; Bette Davis: «Lo hizo a la manera difícil».

Algunos escritores escribieron su adiós: El marqués de Sade: «Si no viví más, fue porque no me dio tiempo»; Miguel de Unamuno: «Solo le pido a Dios que tenga piedad con el alma de este ateo»; Scott Fitzgerald: «Estuve borracho muchos años, después me morí»; el poeta chileno: «Aquí yace el poeta Vicente Huidobro. Abrid su tumba, debajo de su tumba se ve el mar».

Uno especial, reza: «Aquí yace el cuerpo de Jonathan Swift, D., deán de esta catedral, en un lugar en que la ardiente indignación no puede ya lacerar su corazón. Ve, viajero, e intenta imitar a un hombre que fue un irreductible defensor de la libertad».

Dos humoristas: Groucho Marx: «Disculpe que no me levante»; Jardiel Poncela: «Si queréis los mayores elogios, moríos».

Ante la tumba de Benjamín Franklin, Turgot dijo este epitafio: «Arrebató el rayo a los cielos y el cetro a los reyes».

Dos grandes del cine, Orson Welles, y Alfred Hitchcock: El primero: «No es que yo fuera superior, es que los demás eran inferiores»; y el segundo: «Esto es lo que le pasa a los chicos malos», pero nadie se atrevió a ponerlo.

«Aquí yace Moliére el rey de los actores. En estos momentos hace de muerto y de verdad que lo hace bien», escribió de sí mismo el inmortal dramaturgo, en tanto Rabelais: «Que baje el telón, la farsa terminó».

Uno curioso es este: «Aquí reposan los restos de un ser que poseyó la belleza sin la vanidad, la fuerza sin la insolencia, el valor sin la ferocidad y todas las virtudes de un hombre sin sus vicios», dedicado por Lord Byron a su perro Botswain.

Lope de Vega compuso este soneto: «Tú, que epitafios a los vivos haces,/ y en tu imaginación muertos los tienes;/ ¿qué exequias para ti, qué honras previenes? /Pero si no las tienes, no las traces.

Todos yacen por ti. Tú, ¿por quién yaces? /¿Qué funesto ciprés das a tus sienes? /¿Qué mal dirás de ti? Porque los bienes / vendrán aun a ti mismo pertinaces.

No es bien que vivos como muertos trates,/ y aun muertos con libelos descubiertos: /no es tanta tu virtud que lo presuma.

Pues que no los heredas, no los mates:/ que abrir las sepulturas a los muertos / más es del azadón que de la pluma».

Regalo de jueves

Aquí yaces y haces bien. Tú descansas; yo también.

Hoy partirá hacia Llanos del Infierno la expedición formada por los ganadores del Concurso Che 50, una representación de tecleros de todo el país y del colectivo de JR para cumplir el sueño del Guille, que es el de todos.

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