La tecla del duende

Profesor GRR

Entro a la Redacción y Pedrito Herrera, siempre al tanto de todo, me lo suelta a boca de jarro: «Oye, murió Guillermo Rodríguez Rivera». La noticia estremece. No solo porque siempre la muerte conmueve, sino porque el profesor Rodríguez Rivera ha sido, dentro de la intelectualidad, la poesía y los estudios literarios cubanos de las décadas más recientes una voz respetada. De recia autoridad y cercana simpatía, en los últimos años mudó su cátedra de pensamiento al blog Segunda Cita, del también inmenso Silvio Rodríguez. Generaciones de estudiantes lo tuvieron como tutor. Generaciones de lectores admiraron su agudeza y lirismo. No habrá de otra que evocarlo, para que su más allá siempre nos quede más acá.

La gente como yo

La gente como yo/ no tuvo día de nacer./ Nació sin preguntar,/ creció creciendo y nada más./ ha andado sin parar,/ no sabe estar en un lugar;/ la gente como yo,/ quiero decir./ La gente como yo/ no tiene día de llegar,/ olvida y vuelve a ser,/ no puede estar sin encontrar,/ no tiene amor ni luz,/ nunca ha sabido ser feliz;/ la gente como yo,/ quiero decir./ La gente como yo/ no sabe dónde va a morir,/ no sabe el peso de su amor,/ no puede ver otro color,/ que el de este cielo sin final;/ la gente como yo,/ quiero decir. (GRR)

Tertulias Holguín y Las Tunas

Este sábado, 10:00 a.m., los tecleros de Holguín hablarán de las madres y la vocación martiana. La cita es en la Casa de la Prensa, y tendrá como invitada especial a la doctora Juana, en vacaciones de su misión. Los tuneros se reunirán ese mismo día, pero a las 3:00 p.m., en la Casa de la Décima. Invitados: integrantes del proyecto Los aztecas del balcón.

Grafiti 

R. Elena: Eres y serás siempre mi luz, mi antes y después. ¿Quieres ser mi AHORA? L. Guillermo

Tito: Hay canciones que al cerrar los ojos se convierten en personas; es lo que sucede cuando los cierro y escucho: All of me. Lov u

Semilla

Hay quienes creen que cuando discrepas respecto a un libro, lo estás haciendo con la persona. Por eso muchas veces prefieren la crítica dulzona, edulcorada, que siempre está de acuerdo. Yo creo que la crítica, si se hace bien, y de buena fe, puede también censurar ciertas cosas. (…) El crítico debe centrarse más en la obra, atender a lo que es y lo que dice, a las contribuciones que hace al ser humano. La gente pasa y la obra queda, es lo que llega al lector. (GRR en entrevista con Lilien Trujillo)

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