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Cuando la vida viaja en bicimoto

El desconocimiento de la ley, la permisividad familiar y la baja percepción del peligro colocan a adolescentes y jóvenes como foco de los accidentes asociados a ciclomotores y motocicletas

Autores:

Alexis Castañeda Borys
Laura Fuentes Medina

Hace alrededor de dos meses, Yandel Rodríguez Mora, de 19 años, salió a compartir con unos amigos. El plan era una noche de fiesta, pero terminó convertido en una lección de vida que difícilmente olvidará. Conduciendo su bicimoto, y junto a su novia, terminaron accidentados en la sala de un hospital.

¿Su error? Conducía indebidamente por el carril de la extrema izquierda (vía rápida) de la autopista Habana-Pinar del Río cuando, en cuestión de segundos, la diversión dio paso al susto y la fatalidad.

La estridente música que reproducía desde su medio de transporte le impidió percatarse del camión que, a sus espaldas, se aproximaba. Instantes después, él y su novia rodaron sobre el asfalto, víctimas de una imprudencia que pudo costarles mucho más que raspones y un gran sobresalto familiar.

«Llamaron a mi madre para que fuera al hospital. Ella estaba en ese instante fuera de sí. Desde entonces me impuso la condición de que, hasta que no pase la escuela de tránsito para sacar la licencia de conducción, no volveré a tocar la bicicleta eléctrica», cuenta Yandel, quien ya se encuentra tomando clases y ha aprendido lo suficiente para saber que su accidente era evitable.

Su experiencia no resulta un hecho aislado. La presencia de jóvenes —incluidos menores de edad— conduciendo motocicletas y ciclomotores sin licencia de conducción, se ha vuelto más recurrente de lo habitual en nuestras vías.

El fenómeno revela una combinación de desconocimiento legal, permisividad familiar y escasa percepción del riesgo, en un contexto donde los medios de transporte alternativos, especialmente los eléctricos, se han multiplicado.

No obstante, pese a tener la edad requerida, «son pocos los jóvenes que buscan obtener la licencia de conducción de ciclomotores», según afirma Maritza Rodríguez Cruz, sicóloga que atiende a choferes profesionales y aspirantes en Tramos, Escuela de Educación Vial y Conducción de La Habana.

Otros, sencillamente, no pueden obtenerla porque aún no cumplen 18 años para ostentar la categoría A, o el mínimo de 16 años establecido para la A1. Aun así, echan su suerte a las vías cotidianamente, y la infracción se ha ido normalizando, en tanto se tolera, se justifica por necesidad o se invisibiliza, pero el riesgo permanece y se multiplica.

Anthuan Cabrera, de 16 años, es otro joven que maneja un ciclomotor, pero, a diferencia de Yandel Rodríguez, solo lo hace en el barrio donde reside. Su padre tiene licencia de conducción y, según cuenta, le enseñó a manejar el vehículo.

«A veces los padres no somos conscientes del riesgo que corren nuestros hijos y les damos un voto de confianza para que tengan lo que nosotros nunca tuvimos», explica Misleydis Cabrera, madre de Anthuan.

Lo que aclara la autoridad

Ante la confusión existente con las llamadas «bicicletas eléctricas», durante una comparecencia televisiva, el coronel Mario Ríos Labrada, jefe del Departamento de Registro de Vehículos y Licencia de Conducción del Órgano Especializado de Tránsito de la DGPNR, especificó que el término «bicicleta eléctrica» no aparece en la legislación cubana.

La Ley No. 109, Código de Seguridad Vial, define como vehículo de motor todo medio que tiene propulsión propia y establece distintas clasificaciones.

En el caso de los medios de dos o tres ruedas, la legislación distingue entre ciclomotores y motocicletas. Los ciclomotores pueden ser eléctricos, con potencia de hasta mil watts, o de combustión interna hasta 49 cc. Por encima de esos límites, el medio se considera motocicleta.

El directivo subrayó que, a diferencia de Europa, donde sí existe el término «bicicleta eléctrica», allí se refiere a lo que en Cuba se conoce como bicicleta de pedaleo asistido: un medio con motor eléctrico de baja potencia —hasta 350 watts— que solo se activa al pedalear y no posee propulsión propia.

Para identificar cuándo un medio deja de ser una bicicleta y pasa a ser un ciclomotor, indicó que, si tiene acelerador, no es de pedaleo asistido; si el medio se mueve sin necesidad de pedalear, tampoco lo es.

En ambos casos se trata de un ciclomotor, lo cual implica la obligatoriedad de licencia de conducción, uso del casco y chapa o matrícula. «Las llamadas bicicletas eléctricas entran en la clasificación de ciclomotores», precisó.

Por su parte, Francisco Buzón Macías, director de la Escuela de Educación Vial y Conducción de La Habana, explica que la comercialización de estos medios en redes sociales sigue generando confusión, pues se promocionan como bicicletas eléctricas o bicimotos, y se les añade el valor de no requerir licencia de conducción ni casco.

Menores de edad y responsabilidad adulta

Cuando quien conduce es un menor de edad, la responsabilidad no recae en él únicamente, y el problema adquiere una dimensión mayor. No solo se viola el Código de Seguridad Vial, también se compromete la responsabilidad legal de los adultos que permiten o facilitan el uso del vehículo.

Es decir, cuando hay menores al volante, se considera que un adulto con responsabilidad directa permitió o
facilitó la infracción. En consecuencia, es posible aplicar multas, retención del vehículo y otras medidas al propietario o responsable.

La falta de licencia de conducir implica ausencia de preparación teórica y práctica, menor percepción del peligro y mayor probabilidad de accidentes, en un escenario donde los ciclomotores están cada vez más involucrados en infracciones de tránsito graves.

El director de Tramos en La Habana agrega que algunos padres compran el ciclomotor a modo de «estímulo» para el joven, pero luego no se preocupan porque tenga licencia y use casco. «Adquieren el vehículo, se desentienden y después lamentan la pérdida. Y para evitarlo debemos procurar que la divulgación desde la escuela sea más efectiva e implicar a la familia».

Sanciones y más

La conducción sin licencia, así como permitir que otra persona lo haga en idénticas condiciones, constituye una violación directa del Artículo 93 de la Ley No. 109 del Código de Seguridad Vial, que prohíbe la circulación de vehículos por personas que no posean la correspondiente licencia o permiso de aprendizaje.

La ley también contempla medidas más severas cuando el propietario permite reiteradamente que se conduzca sin licencia. En esos casos, puede disponerse la retención temporal de la licencia de circulación y de las matrículas del vehículo por períodos que pueden extenderse hasta un año.

Si aun después de aplicadas estas sanciones la conducta se repite, las autoridades pueden llegar incluso al decomiso del vehículo.

Cultura vial desde la infancia

Prevenir es tan importante como sancionar. La educación vial debe iniciarse desde las primeras edades para que niños, adolescentes y jóvenes aprendan a respetar las normas, reconocer riesgos y valorar la seguridad en el tránsito.

Las escuelas tienen un papel fundamental al integrar la seguridad vial en el currículo, fomentar hábitos de movilidad responsable y enseñar el uso correcto de medios como bicicletas, motocicletas y ciclomotores. Cuando los niños crecen con una comprensión real de las normas y del riesgo, es más probable que adopten comportamientos seguros como adolescentes y adultos.

Yandel, por ejemplo, pudo tener un final trágico. Como él, muchos jóvenes descubren el peligro solo después del accidente. La proliferación de ciclomotores y motocicletas exige no solo controles y sanciones, sino también mayor conciencia familiar, educación desde edades tempranas y responsabilidad individual.

Conducir implica asumir riesgos propios y ajenos. Mientras la licencia siga viéndose como un trámite prescindible y el casco como una molestia, las estadísticas de accidentes pueden seguir creciendo. La seguridad vial no depende solo de la ley, sino de comprender que cada imprudencia puede convertirse en una tragedia evitable.

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