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Una vida en cuatro actos

El primer pelotero estelar de Cuba en convertirse en anotador y luego en sabermétrico, Ernesto Guevara Ramos, dialogó con JR sobre su trayectoria y sus «secretos»

Autor:

Osviel Castro Medel

BAYAMO, Granma.— El duelo con Ernesto Leonel Guevara Ramos (Niquero, 30 de junio de 1971) se fue posponiendo por diversos motivos hasta que una buena mañana pudimos conversar durante una hora sobre la vida y los secretos de este legendario exlanzador, ahora convertido en sabermétrico.

Queríamos entrevistarlo porque en la 64ta. Serie Nacional de Béisbol —que finalizó este sábado—, Guevara llegó a ser el primer jugador estelar en asumir esa función vinculada con los números y los análisis.

Además, porque este hombre, que en 16 campañas nacionales ganó 133 partidos con 108 derrotas y fue autor de un no hit no run, ha recorrido un camino inédito: después de su retiro se convirtió en entrenador de categorías infantiles, luego devino coach de pitcheo de los propios Alazanes (serie 49) y más tarde trabajó como anotador oficial, también el primero de su talla en hacerlo en Cuba.

La conversación, por tanto, no podía limitarse a una sola de sus facetas ni restringirse a sus inicios en Niquero, cuando, con diez abriles, recibía lecciones de Eugenio Vargas y Vicente Escalona.

«Me destacaba en varias posiciones, como la tercera y el campo corto, lanzaba y bateaba bien, pero mi tío, Bertín Ramos, que era mi ídolo, me decía que yo tenía que ser pitcher. Así seguí sus consejos hasta llegar, con solo 15 años, a la preselección del equipo de Granma», dice para evocar los días en que practicaba en el estadio Tirso Hidalgo.

—Varias personas dicen que lanzabas a las dos manos, ¿cuánto hay de cierto en eso?

—Desde niño yo tiraba y bateaba a las dos manos, aunque en los juegos lo hacía a la derecha. En realidad, nunca me decidí a lanzar un partido a la zurda. Cuando me lesioné el brazo dije: «Me voy a preparar a la zurda». Fue un calorcito que me dio, pero no, se quedó ahí.

—Debe haber sido difícil para un muchachito de 15 años verse rodeado de figuras consagradas.

—Muy difícil e impresionante. Yo debuté en series nacionales en 1987 y cuando les pasaba por al lado a todas aquellas figuras: Misael López, Pedro Luis Palma, los Bejerano, Carlos Barrabí, Félix Benavides, Pedro Mora, Ibrahín Fuentes… me decía: Tengo que luchar duro. Lo hice, me dediqué y llegaron los resultados.

—De seguro te persigue el jonrón de Juan Padilla en el play off de 1989.

—Es imposible olvidar ese jonrón, tenía 17 años y el estadio Latinoamericano estaba que reventaba, lancé un gran juego porque llegó dos a dos al noveno, hasta que tiré un lanzamiento que no debía y Padilla nos dejó al campo.

Sin embargo, aquel partido me demostró que podía imponerme en series nacionales.

—Vestiste varias veces el uniforme del equipo nacional; pero muchos creen que podías haber llegado más lejos.

—En la vida hay cosas que llegan, que no se planifican. A veces uno comete locuras o errores por diversos motivos; hubo cosas en mi vida personal que influyeron en mi rendimiento y que me limitaron para integrar más equipos nacionales, pero no me arrepiento de nada.

—¿El momento más feliz y el más amargo?

—Yo tuve varios momentos bonitos, como el cero hit cero carreras que le di a Industriales el 8 de diciembre de 1992 en el estadio Mártires de Barbados, o los dos juegos que le gané a la Aplanadora de Santiago en los play off, incluso el primero fue por lechada de tres a cero. Por cierto, esta es la última que se dio en series nacionales con bate de aluminio (11 de marzo de 1999). También me hizo muy feliz haberle ganado, en el partido por el pase al oro, a Estados Unidos en Fukuoka (se refiere a los Juegos Mundiales Universitarios de 1995, celebrados en esa ciudad japonesa).

«El retiro fue el momento más triste, porque me tuve que ir muy joven del béisbol, con 33 años. Si el brazo me hubiera acompañado, hubiera lanzado diez series más. Me pasé los dos últimos campeonatos con unos dolores irresistibles, picheaba y cuando me enfriaba hasta lloraba del dolor, no podía ni levantar el brazo a la altura de la cabeza. Y de verdad que retirarme así fue muy amargo para mí».

Foto: Archivo de JR

—A Guevara le piden hacer una lista: el pitcher que tuvo como paradigma, el bateador más temible, el director más admirado y el mejor árbitro.

—Como lanzador admiré desde muy joven a Lázaro Valle, era mi ídolo, mi guía y se lo dije varias veces, hoy somos muy buenos amigos; el bateador que más trabajo me dio fue Gabriel Pierre, me conectaba jonrones con facilidad y no sé si era por la estatura que me hacía la zona de strike más pequeña; como director escojo a Carlos Martí y no porque estuve con él 12 años, sino porque era muy respetado y exigente, no maltrataba, pero te decía las cosas con un carácter fuerte, que te hacía mejorar. En cuanto a los árbitros, hubo varios, no solo uno: Nelson Díaz, Omar Lucero, Javier Rodríguez y Pedro Seoane.

—Háblanos de tu experiencia con Conrado Marrero.

—El Coni fue un gran entrenador, con él aprendí muchísimo. Era una persona que siempre estaba encima de ti. Te iba inculcando el trabajo, te iba diciendo a cada rato lo que debías hacer, te aconsejaba dentro y fuera del terreno. No solo me entrenó a mí, también a Ciro Silvino (Licea), Misael (López) y Alfredo (Fonseca). Nos hacía anécdotas que nos preparaban para el arte de lanzar. Yo seguí sus enseñanzas.

—¿Por qué no te quedaste como entrenador y escogiste el mundo de los números y los símbolos?

—A mí me decepcionaron varias cosas cuando fui entrenador, me pasó en la Serie Nacional, también cuando fui coach de pitcheo del equipo sub 23 y con los infantiles, pero prefiero no mencionarlas. No digo que un día no vuelva. También te puedo decir que me gusta lo que hago. Comencé como anotador en 2015, aunque desde antes sabía anotar, me ayudó bastante Antonio Fuentes, Toñín, ya desaparecido, con él aprendí mucho. Después me asesoré de Rubén Vázquez y más tarde recibí la ayuda de Nelson Frías, quien me enseñó el mundo de las estadísticas y las páginas online. En esta serie me escogieron como sabermétrico, que es algo complejo, no se domina de la noche a la mañana, he puesto empeño. Y debo comentarte que también me gusta y me siento bien en esta función, aunque el equipo no logró los resultados esperados.

—Si tuvieras que escoger entre ser pelotero, entrenador, anotador o sabermétrico, ¿con cuál profesión te quedarías?

—Llegar a ser pelotero de series nacionales y equipos Cuba es algo supremo. Pero el mundo de la anotación también te enamora. Lo que sí puedo decir es que yo amo el béisbol y lo seguiré amando para toda la vida, en cualquier lugar.

Foto: Archivo de JR

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