Elián abrió una ventanita para que el mundo viera qué es un niño cubano

Entrevista de una pionera al abogado José Pertierra, quien defendió, desde Estados Unidos, la devolución del pequeño Elián a su padre y a su Patria

Autor:

Juventud Rebelde

José Pertierra nació en Cuba, pero desde los nueve años vive en Estados Unidos, adonde emigró su familia a principios de la Revolución, aunque no por causas políticas. En los años 70 integró la Brigada Antonio Maceo de jóvenes cubanos residentes en ese país, interesados en reencontrar sus raíces. Como abogado es actualmente el representante del gobierno de Venezuela en la demanda de extradición de Luis Posada Carriles, pero en Cuba se le conoce desde mucho antes, cuando toda la nación se movilizó para rescatar a un niño secuestrado por la extrema derecha de origen cubano asentada en el sur de la Florida. Amalia Gómez Marcheco, pionera de séptimo grado, conoció a Pertierra hace algunos meses, mientras él, que también ejerce el periodismo, entrevistaba a la madre de ella, una destacada médica, especializada en Genética. Es muy temprano aún para saber si Amalia será colega nuestra un día, pero su entrevista a Pertierra es, sin dudas, excelente. Cubadebate y JR han querido publicarla como reconocimiento a las niñas y niños que por estos días han defendido el futuro de su Patria con sensibilidad y conocimientos que emocionan y sorprenden.

—Quiero que me cuente un poco sobre la historia de Elián. ¿Por qué sus parientes en Estados Unidos no lo querían devolver? ¿Qué pasó?

—Esa es muy buena pregunta. ¿Por qué no lo querían devolver? En parte por dinero y en parte por política. Yo creo que de parte de la parentela, la familia lejana de Elián que vive en Miami, la bronca tenía que ver más que nada con dinero, porque si ellos se quedaban con el niño, tenían derecho de autor para libros y películas sobre el caso y ya les habían ofrecido millones y millones de dólares, pero si el niño regresaba con su padre, esos primos lejanos y esos tíos abuelos no podían cobrar ningún centavo.

«Pero también alrededor de esa familia en Miami, surgieron toda una serie de grupos políticos anticubanos, como la Fundación Nacional Cubano Americana y otras organizaciones que querían utilizar ese caso para promover la idea de que en Cuba los niños son “adoctrinados por los comunistas y que no hay libertad...” Lo que pasa es que, tanto en Miami como en Washington funcionan con la premisa de que no hay ningún cubano que teniendo la oportunidad de quedarse fuera de Cuba quisiera regresar y con Juan Miguel González se equivocaron. Porque Juan Miguel es un hombre muy humilde, es un camarero en un restaurante en Varadero que gana muy modestamente y cuando le ofrecen a Juan Miguel —en presencia mía— cuatro millones de dólares para quedarse en EE.UU. dice que no de la manera más simple, más humana y más cubana que tú te puedas imaginar: “No, porque a mí me gusta Cuba, yo quiero vivir en Cuba...”.

«Y aquella premisa que ellos tenían se desmoronó, porque Juan Miguel, como tantos otros cubanos que viven en Cuba pasando dificultades, prefiere vivir en su pueblo allá en Cárdenas... No sé si tú lo conoces, pero él es un hombre muy chévere, común y corriente, que quiere vivir con sus amigos, con la gente con la que se crió, con su mamá, con su papá, con sus abuelos, con gente que verdaderamente se sienten sus familiares y no esa parentela que ni siquiera conocía a Elián hasta el día en que llegó allá».

—¿Cómo entró usted al caso de Elián?

—Yo soy un abogado especializado en temas de inmigración hace muchos años. Y el de Elián era fundamentalmente un caso de inmigración, porque, aunque el niño estaba en manos de la parentela, la custodia legal le correspondía a Inmigración.

«Es decir, Inmigración les presta el niño al tío abuelo y a la prima, pero ellos no tenían la potestad legal, entonces el caso estaba dentro de la rama de Inmigración y desde que comenzó me pidieron consejos sobre qué podía pasar, cómo y qué podía hacerse para que el niño pudiera estar con su padre, ya que había diferentes interpretaciones sobre el caso y casi todas ellas erróneas.

«Por ejemplo, la parentela insistía en el derecho del niño a pedir asilo político en EE.UU. y estaban tratando de litigar el caso de esa manera; pero leyendo los textos de la ley, yo vi que se trataba de algo más fundamental: definir quién tiene el derecho para hablar por ese niño.

«Porque un niño de siete años no tiene potestad jurídica para hablar por sí mismo, o sea, decir que el niño tiene el derecho a pedir asilo presupone que ya has resuelto problemas fundamentales como quién puede hablar por él.

«Si Juan Miguel hubiera llegado a EE.UU. y hubiera dicho: “Yo quiero que mi hijo pida asilo político”, entonces el caso se hubiera litigado como de asilo, porque el padre es quien habla por él; pero Lázaro, el tío abuelo del niño, no tenía vela en ese entierro, solo era un tío abuelo del muchacho y la prima Marisleysis, a quien le dicen después de aquello Virusleysis, pues la Virusleysis tampoco tenía vela en ese entierro. Si ella tuviera un hijo ella hubiera decidido el destino de su hijo, pero Elián no le pertenecía a ella sino a Juan Miguel».

—¿Que presión usted cree que ejercieron sobre esa familia de EE.UU. y sobre la política que habían creado alrededor del niño todas las manifestaciones y todas las luchas que desarrolló el pueblo mientras Elián estuvo allí?

—Las manifestaciones que ha hecho el pueblo cubano no solamente por Elián, sino sobre otra serie de cosas, son muy importantes.

«En Cuba se dijo que el niño tenía once millones de abogados y eso era cierto. Es muy difícil secuestrar a un muchacho como trataron de hacer la parentela y los grupúsculos políticos de Miami, pero secuestrar a este niño, cuando hay once millones de abogados marchando por las calles de Cuba y gritando que este niño debe estar con su padre es más difícil aún, porque se trata del derecho de los jóvenes cubanos de ser padres.

«¿Tú recuerdas lo que se dijo entonces en EE.UU.? El argumento que siempre presentaba la parentela es que este niño viviría mejor en Miami porque sus parientes de allá tenían un carro del último modelo, uno de los tíos tenía un bote, el niño podría ir a una escuela privada, le podrían comprar todos los juguetes habidos y por haber, hasta le regalaron un perro de los más caros, porque en EE.UU. los perros tienen altos precios. Juan Miguel, en cambio, no podía ofrecerle a su hijo un carro de último modelo, no le podía ofrecer un bote; solo podía darle un perro muy modesto y una cotorra que, por cierto, se murió de tristeza cuando Elián estaba en Miami, muy pocos saben eso, pero se murió de tristeza la cotorra.

«De todas maneras, el niño tenía que regresar con el padre porque el padre, igual que cualquier pobre del mundo, tiene derecho de ser padre. Las cosas materiales de la vida no pueden dar más potestad sobre un muchacho que la de un padre».

—En toda esta lucha que desarrolló el pueblo por el regreso de Elián, ¿qué papel usted cree que desempeñaron los Pioneros como organización?

—Los pioneros lo que hicieron fue derribar el mito de que en Cuba los comunistas torturaban y maltrataban a los niños, porque eso era algo que decían constantemente en EE.UU., no solamente la parentela, sino también los voceros de las organizaciones extremistas. Ellos decían que en Cuba secuestraban a los niños de sus casas y los mandaban al campo a trabajar obligadamente, que no los dejaban estar con los padres, que no había muchachos sanos... Y cuando se veían las caras de los muchachos felices en Cuba, se derrumbaba ese mito.

«Fíjate, te doy un ejemplo de hasta dónde llegan los mitos de esta gente. En EE.UU., después que Elián es rescatado, ¿tú recuerdas que a Elián lo trasladan a una casa fuera de Miami y después a otra casa en Washington y se mantiene fuera de la vista pública, unas cuantas semanas después de que el niño estuviera todos los días mañana, tarde y noche frente a las cámaras de televisión en Miami? Entonces el día que Elián regresa a Cuba es la primera vez que las cámaras vuelven a grabar el rostro del muchacho. Mucha gente en Miami, que estaba acostumbrada a verlo todos los días, después de varias semanas lo ve por primera vez y me llama un periodista muy conocido de EE.UU. desde un celular. El niño no se había montado en el avión todavía y aquel periodista me dice: “Pertierra, no sé cómo decírtelo, vaya, me siento un poquito incómodo, pero tengo que hacerte una pregunta. Bueno, nosotros no hemos visto al niño por varias semanas y usted sí y a mí me llamó la atención, Pertierra, no me tomes a mal, pero yo quisiera saber qué le pasó a los dientes del muchacho?”.

«Le dije: “Chico, cuando los comunistas llegaron a Washington se los arrancaron uno por uno mientras lo estaban torturando. No seas bruto, compadre, el niño tiene siete años y a esa edad a todos se les caen los dientes, eso es lo que pasa”.

«Eso te demuestra todo el arroz con mango que tiene esa gente en la cabeza acerca de lo que hacen con los niños en Cuba. Y puedo decirte que entonces cuando ven a los niños marchando, cantando y felices, se les derriban todos esos mitos».

—Luego del regreso de Elián, muchas de las páginas que ellos tienen en Internet para criticar a Cuba las utilizaron para poner fotos de actos políticos donde Elián estaba saludando la bandera, para decir que el niño siempre estaba serio, que allá siempre se estaba riendo, ¿con qué objetivo usted cree que ellos hicieron eso?

—Ellos siempre quieren desprestigiar a Cuba, pero la batalla de Elián la ganó el pueblo cubano ante la opinión pública, no solo de Miami sino de EE.UU., porque acuérdate que EE.UU. le pertenece al pueblo norteamericano, no le pertenece a un grupito de cubanos de Miami que se creen dueños de todo eso. Ellos, en Miami, trataron de convencer al pueblo norteamericano de que en Cuba torturan a los niños, que los comunistas secuestran a los muchachos de sus padres, toda una serie de cosas que son mentiras. Pero el pueblo norteamericano vio la realidad y se percató de que esta gente en Miami son unos extremistas fanáticos locos que quedaron totalmente desprestigiados ante el público norteamericano.

«Yo creo que los mejores mensajeros de Cuba son gente como tú. Porque en EE.UU., como en América Latina, no hay casi ninguna niña de 6to. grado que articule como tú, que haga preguntas como las que haces tú. Y eso lo haces tú en parte por ti y en parte por este país que te ha formado; y cuando tú hablas públicamente y te escuchan en EE.UU., como te escucho yo, como escuchamos a tantos muchachos durante el caso de Elián, el pueblo norteamericano dice: “Aquí algo pasa, me han contado mentiras... mira cómo son los muchachos cubanos. Elián abrió una ventanita para que el mundo viera qué es un niño cubano».

*Pionera de séptimo grado de la Escuela República Popular de Angola, de Alamar, Ciudad de La Habana y delegada al IV Congreso Pioneril

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