Las mujeres cubanas contra el bloqueo y la anexión

Repudian más de cuatro décadas de bloqueo económico, financiero y comercial, recrudecido  ahora por el Plan Bush

Autor:

Juventud Rebelde

Las mujeres cubanas repudiamos enérgicamente el bloqueo económico, financiero y comercial con que se agrede a nuestro pueblo desde hace más de cuatro décadas, ahora recrudecido con el Plan Bush, que pretende conquistarnos, blandiendo el garrote, en nombre de la libertad. Orgullosas de nuestra historia de rebeldía contra la dominación y de luchas por la justicia y la igualdad, no acatamos imposiciones ni nos subordinamos al dictado del imperio.

Quienes prohíben que se nos venda cualquier tipo de bienes, incluidos los medicamentos y llegan a agredir los vínculos familiares limitando los permisos para visitas, son los mismos que intentan seducirnos con su concepto de democracia. Gracias, pero no. A las mujeres cubanas no nos pueden confundir con la llamada «transición», no nos atrae retornar a un estado que conocimos y erradicamos ya.

Nuestro avance lo hemos logrado en medio de difíciles circunstancias. Para las mujeres cubanas el bloqueo no es algo abstracto, papel muerto ni política de salón. Ha marcado y marca la vida cotidiana.

Si la economía de la nación se resiente porque es preciso adquirir productos más caros, en mercados lejanos, sufre a la vez la economía familiar. Por razones de tradición que nos empeñamos en cambiar, las mujeres seguimos llevando el mayor peso del significativo trabajo doméstico. La elaboración de los alimentos en los hogares, el lavado de la ropa, la limpieza de la casa y el aseo personal no son tareas nimias, ellas garantizan la imprescindible reproducción de la vida. Es inhumano el bloqueo porque también se enfila contra esa dinámica familiar.

Hoy no hay un solo sector donde no esté presente la mujer cubana. En algunos experimentamos una feminización de la fuerza calificada, como salud y educación. Ejemplos del impacto del bloqueo son la escasez de determinados materiales de apoyo a la docencia, y la carencia de ciertos medicamentos y equipos que se producen en Estados Unidos, lo que dificulta el mejor desempeño de sus sensibles labores a miles de maestras, auxiliares pedagógicas, médicas, enfermeras y técnicas.

El bloqueo es una política de fuerza, que atenta contra el más sagrado derecho de cualquier ser humano —el derecho a la vida— , quebranta el bienestar físico y espiritual de las familias y socava la seguridad. El bloqueo es una expresión brutal de violencia.

Ante los embates de la política del odio, hemos potenciado la solidaridad entre nosotras mismas, en la familia, la comunidad y el entorno social. A la par, ofrecemos y recibimos la solidaridad internacional, incluida la de amigas y organizaciones femeninas estadounidenses que rechazan la hostilidad del gobierno yanqui.

Los nuevos anexionistas sueñan con fragmentar al pueblo cubano y debilitar así su férrea voluntad. Las mujeres estamos en su punto de mira, porque somos bastiones en la familia y pilares de la actividad comunitaria y social. Pero nosotras no nos dejamos engañar, sabemos distinguir quién es el enemigo y cuáles son sus pretensiones. Tenemos nuestra organización, la Federación de Mujeres Cubanas, nacida por nuestra propia voluntad, sin oír mandatos extranjeros ni recibir más pago que la alegría de hacer Revolución. Somos parte esencial de la grandiosa obra transformadora de este país y estamos decididas a seguir siéndolo.

Hemos conocido diez sucesivas administraciones estadounidenses que han intentado rendirnos por hambre, hostigamiento, humillaciones. Todas han fracasado y fracasarán porque lo hemos decidido varias generaciones de mujeres y hombres de este país indoblegable, fieles a nuestra propia historia de dignidad.

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