Cumple 35 años el Movimiento Juvenil Martiano

El Movimiento deviene hoy espacio para una juventud, que requiere de profundizar en las esencias del ser humano, premisa del pensamiento de José Martí

Autor:

Mayte María Jiménez

Según Carlos Rodríguez Almaguer (izquierda), el MJM ha contribuido con su labor a revitalizar el estudio de la vida y obra de José Martí. Foto: Roberto Morejón

A 35 años de fundado, el Movimiento Juvenil Martiano (MJM) deviene espacio para una juventud permeada por una gran necesidad de comunicación, que requiere de nuevos espacios de reflexión, ante todo para profundizar en las esencias del ser humano, premisa del pensamiento de José Martí.

Así piensa Carlos Rodríguez Almaguer, presidente nacional de este Movimiento, quien hizo un recuento de la historia de investigaciones, conocimientos y desafíos que han forjado al MJM desde su origen.

El pensamiento martiano refleja como semilla de conocimiento el concepto de Hombre, una definición que precisa ser descubierta en los jóvenes del siglo XXI, en sociedades cambiantes, donde se revelan nuevos avances tecnológicos e historias reescritas.

—En medio de estas condiciones históricas, ¿cómo caracterizarías a la juventud martiana capaz de afrontar los desafíos de un mundo globalizado?

—Debe ser una juventud cuyo paradigma esencial sea la identidad universal del ser humano, su sentido de la vida, los proyectos, misiones y tareas que forjen su existencia en un planeta donde a diario se destruyen la memoria histórica y la esencia de los pueblos.

«La concebimos como una generación a la que, enseñarles esos aspectos del núcleo humano, sea regalarles la alegría de vivir y el conocimiento para enfrentar los tremendos desafíos del nuevo milenio».

RESONANCIA MARTIANA

Adjunto al MJM, el Concurso Leer a Martí ha sumado a más de tres millones de niños y adolescentes a una nueva manera de estudiar al Apóstol.

Desde los años en que José Martí sentaba las bases del Partido Revolucionario Cubano, se comenzó a fraguar en la historia del movimiento juvenil cubano una ideología que daría luz en siglos posteriores al espíritu de lucha de las nuevas generaciones.

En ese entonces se crearon clubes infantiles para fomentar las ideas progresistas, y los jóvenes revolucionarios se aglutinaron en pequeñas organizaciones que revivían el pensamiento martiano.

Esta ideología nutriría también a Julio Antonio Mella, quien sacudió el nervio nacional para rescatar lo más genuino del pensamiento martiano, y quien señaló en uno de sus textos, Glosas al pensamiento de José Martí, las radicales diferencias entre los ideales de patria del Apóstol y la parodia de República que existía en Cuba después de la intervención norteamericana.

Este llamado tendría una resonancia mayor en los jóvenes de la Generación del Centenario, y comenzaría entonces el descubrimiento masivo del legado martiano y la lucha por promoverlo a escala universal.

Según Carlos Rodríguez, otro antecedente importante fueron las palabras pronunciadas por el Comandante en Jefe al cumplirse, en 1968, los cien años del inicio de las gestas emancipadoras. En aquella ocasión, el líder de la Revolución señaló: «Si las raíces de la historia de este país no se conocen, la cultura política de nuestras masas no estará suficientemente desarrollada».

Era un llamado a profundizar en cada uno de los procesos históricos que se desarrollaron a lo largo de la forja de nuestra nacionalidad, entre ellos el pensamiento martiano.

Bajo este espíritu los educadores y trabajadores participantes en el Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura, celebrado del 23 al 30 de abril de 1971, se plantearon la necesidad del estudio de la obra y el pensamiento de José Martí como base fundamental de las raíces de la nación cubana.

Para alcanzar este objetivo, se acordó celebrar al año siguiente el Primer Seminario Juvenil de Estudios Martianos, que sería auspiciado por la UJC, el Consejo Nacional de Cultura y el Ministerio de Educación.

Del 25 al 28 de enero de 1972 en la Escuela de Defensa Civil en Víbora Park, Ciudad de la Habana, se efectuó este primer encuentro, con el objetivo de fomentar en los jóvenes la pasión por el legado martiano y crear las bases para un estudio más profundo que sistematizara dicha enseñanza. Entre quienes participaron en este momento de génesis estaban Juan Marinello, Nicolás Guillén, Cintio Vitier y Armando Hart.

NACE UN MOVIMIENTO

Pero se necesitaba de una fuerza mayor, que abarcara los más amplios sectores de la juventud cubana, donde se vieran reflejadas todas las expresiones martianas posibles.

Fue así que en el año 1989 por iniciativa de la UJC y Armando Hart, entonces ministro de Cultura, se decidió convertir este evento en un proyecto de mayor alcance, que no solo estuviera relacionado con el Centro de Estudios Martianos, creado en 1977, y con los seminarios, que habían ido languideciendo.

Bajo el nombre de Movimiento Juvenil Martiano se replantearon los estudios de la vida y obra del Apóstol, con el objetivo de rescatar los seminarios y de promover y divulgar su pensamiento entre las nuevas generaciones. El Movimiento agruparía a los jóvenes artistas de la música, plástica, literatura, que vinculaban su arte a la obra martiana, y se nutriría además de las investigaciones y ponencias presentadas cada año.

En 1998 se complementó con la creación de estructuras provinciales. Tres años después surgieron los Clubes Juveniles Martianos que permitirían llegar hasta la base y trabajarían con los jóvenes de entre 15 y 35 años, mientras que los más pequeños se organizarían en los Clubes Patrióticos Amigos de Martí.

Como explicó a JR Carlos Rodríguez, estas nuevas estructuras se establecieron también en los municipios, lo cual permitió el desarrollo de otras actividades como las tertulias —que propician un diálogo enriquecedor para adolescentes y jóvenes— y los barriodebates.

—En una era marcada por los avances tecnológicos y por el carácter vertiginoso de la vida para los jóvenes, ¿cuáles son los principales retos que afrontan los métodos de enseñanza del pensamiento martiano?

—El Movimiento aprovecha las nuevas tecnologías y ha diseñado software educativos, multimedias, pero lo importante para aprender realmente a Martí, no es enseñar su ideología sino descubrirla.

«Un estudiante puede saber sobre la historia del Apóstol, pero ello no significa que lo conozcan. Es necesario que aprendan a vivir a la manera martiana».

—¿Qué papel desempeña el Movimiento frente a los problemas que sufren los jóvenes en América Latina?

—Cuando hablamos de los jóvenes de hoy no pensamos solamente en la juventud cubana, sino también en los de las repúblicas americanas, que han sido educados para deslumbrarse y postrarse ante los grandes poderíos de las trasnacionales.

«Sin embargo, Martí nos enseñó a mirar diferente la historia de América Latina, nos enseñó a mirarnos a nosotros mismos, nuestras riquezas culturales y espirituales.

«Hace dos años proponemos la creación del Movimiento Juvenil Nuestra América basado en la experiencia del MJM en Cuba durante 35 años, con el propósito de promover en las nuevas generaciones el pensamiento de los próceres de nuestras naciones».

—¿Cuál es el mayor orgullo del Movimiento Juvenil Martiano hoy, y qué faltaría por hacer?

—Necesitamos llegar a todos los jóvenes, desarrollar una labor incansable, hombro a hombro, con las nuevas generaciones.

«No obstante, nos enorgullece ver cómo miles de ellos cumplen misiones internacionalistas —trabajadores sociales, tecnólogos de la Salud, médicos...— u otras tareas de la Revolución, cómo siguen trabajando junto a Fidel por la conquista de una patria nueva, porque como él llevan en su corazón las enseñanzas del Maestro».

—¿Cómo puede contribuir el Movimiento a la formación del joven del siglo XXI?

—Alentando que su conducta refleje los valores más altos que ha producido el hombre a lo largo de su historia, que Martí sintetiza.

«Aspiramos a formar un joven del que pueda decirse, en una hora de recuento, lo que afirmó el Apóstol sobre cómo debía ser el hombre de su tiempo: “En él fue enteramente digno el ser humano”».

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