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Los refugiados precisan de vida nueva y digna

Phillippe Lavanchy, director para las Américas de la ACNUR, visitó Cuba e hizo declaraciones a Juventud Rebelde

Autor:

Juana Carrasco Martín

El número de refugiados en el mundo aumentó en 10 millones de personas en 2006 y la guerra en Iraq constituye la principal causa de esa desesperada busca de amparo. La cifra del total de desplazados sobrepasa ya los 22 millones y uno de cada dos de ellos tiene menos de 18 años.

La buena relación con Cuba ha permitido «un tratamiento adecuado para quienes solicitan el estado de refugiados», afirma Lavanchy. Foto: Roberto Suárez A tal penoso panorama, al menos se le dedica un día de recordación mundial cada 20 de junio. Con motivo de su reciente visita a Cuba y como recordatorio de esa fecha, Juventud Rebelde entrevistó al señor Phillippe Lavanchy, director para las Américas de ACNUR (Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados), quien define así los retos actuales.

«La ACNUR es la agencia de las Naciones Unidas que tiene la responsabilidad, el mandato de la comunidad internacional para proteger a los refugiados, a toda persona que tuvo que salir de su país de origen a raíz de la persecución debido a su religión, nacionalidad, posición política o su grupo social; pero también puede ser una persona que tuvo que huir de su país a raíz de un conflicto interno, una definición que ya es un poco más amplia que la original.

«De acuerdo con la Convención Internacional de 1951, la ACNUR debe asegurarse de que quien responda a esa definición no sea retornado a su país de origen u otro donde pudiera estar en peligro, y además que pueda progresivamente integrarse al país donde ha solicitado asilo, siempre que eso sea posible».

«Desde el año pasado —apunta Lavanchy— continuamos ocupándonos de los refugiados, pero también de los desplazados internos, personas que tienen los mismos problemas de los refugiados pero que no cruzaron la frontera internacional de su país.

«Ese es en nuestro continente el caso de Colombia, con más de tres millones de desplazados internos. Pero antes de hablar un poco más sobre la América Latina, le puedo decir que entre las situaciones muy graves de refugiados están Sudán y la situación con los iraquíes, donde tenemos dos millones de refugiados en el exterior y dos millones de desplazados internos, aunque hay muchos refugiados en otras partes del mundo, como en África y otros que viajan a Europa, y también en nuestro continente».

Del caso colombiano, al que califica como «la peor situación que vivimos hoy», menciona la existencia de «varios millones de desplazados internos, pero también tenemos más de medio millón de colombianos en situación de refugiados en varios países de la región: 250 000 colombianos, refugiados en Ecuador, 200 000 en Venezuela, varios miles en Brasil, en Costa Rica y en Panamá».

Sin embargo, el señor Lavanchy enfatiza que «desde noviembre de 2004 los países de la región han decidido adoptar un plan de acción que busca encontrar soluciones para la situación de los refugiados y también tratar los desplazamientos internos en América Latina».

Aseguró que han trabajado por mejorar la situación al punto que puede decir que América Latina es hoy «el continente más generoso y con la mejor organización en el mundo para la protección de los refugiados». Como ejemplos de ese trabajo menciona a Brasil, Argentina y Ecuador.

Destaca como segundo punto positivo la decisión de varios Estados de la región de trabajar para disminuir las tensiones, en una implementación que va más allá de la Convención de Ginebra de 1951. Señaló a Costa Rica, Ecuador, Brasil, Chile, Argentina, Uruguay y Paraguay, que, tras acuerdos firmados con la ACNUR, aceptan casos de reasentamientos, una actitud que califica de «muy positiva y generosa».

Refugiados afganos en Iraq.

Phillippe Lavanchy visita Cuba por primera vez, nación que no tiene grandes cantidades de refugiados, pero sobre la cual destaca que «es un país importante para la ACNUR. Hemos tenido relaciones de trabajo con Cuba sobre el tema refugiados, desde hace muchos años. En este país hay una tradición de protección al asilado, una tradición humanitaria, y siempre hemos mantenido muy buenas relaciones con las autoridades, lo que ha permitido un tratamiento adecuado para quienes solicitan el estado de refugiados».

«Aunque Cuba no es parte de los países que firman la Convención de Ginebra —tiene sus razones, que nosotros entendemos perfectamente, afirma Lavanchy—, la actitud de las autoridades ha sido la de encontrar soluciones a los casos que aquí se presentan. la ACNUR y las autoridades cubanas hemos trabajado de manera muy constructiva y recién en los últimos meses hemos reasentado en otros países dispuestos a recibirlos, 20 casos de ciudadanos de otros países», puntualiza.

A una pregunta de si existe cooperación entre la ACNUR y Cuba, mediante la cual los refugiados en otros países puedan disponer de servicios médicos y pedagógicos solidarios que constituyen aportes humanitarios cubanos a más de cien naciones, el director para las Américas reconoció la existencia de acuerdos bilaterales entre Cuba y otros países para las poblaciones de esos países o para inmigrantes, «pero no tenemos hasta ahora, posiblemente tendríamos en el futuro acuerdos entre Cuba y la ACNUR para proyectos de refugiados. Yo sé que en algunos países hay proyectos bilaterales que pueden beneficiar a casos de refugiados y eso, claro está, es muy bienvenido y apreciado por la ACNUR».

El señor Phillippe Lavanchy nos deja, al final de la entrevista un mensaje que alude a la problemática general de los refugiados, justo cuando se celebra ese día:

«Pienso que la primera cosa importante para los refugiados es ofrecerles dignidad y tolerancia. Estuve recientemente en otros países en los que hay situaciones un poco complejas porque existe un desconocimiento, un rechazo y una xenofobia en relación con el extranjero; no me gusta llamarle así al refugiado, porque son todos seres humanos con sus cualidades y defectos».

El alto funcionario de la ACNUR considera que los que pueden más deben beneficiar la protección de esos hombres, mujeres y niños, y exhorta a las autoridades de este continente a buscar la forma de «protegerlos, ofrecerles un mínimo de hospitalidad, un mínimo de posibilidad para empezar una vida nueva, digna, con apoyo en las escuelas y en la salud»... «sobre todo, pediríamos tolerancia, apoyo a los refugiados para que no sean enviados de vuelta a una situación en la que puedan estar en peligro».

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