Familia del mar

Los Alcolado-Prieto se confiesan amantes del mundo marino; ese espacio del que venimos, alertan, y al que los hombres pueden privar de su poesía

Autor:

Rocío Trujillo Olivares

Desde que los conocí, mi curiosidad sobre el mundo marino aumentó a tal punto que quise recibir clases de buceo; no obstante, el respeto hacia las profundidades del océano me hizo reconsiderar ese deseo, y por ahora me basta con aprender mediante los protagonistas de esta historia. La familia de los Alcolado-Prieto es de las que se une en torno al mar.

«De una u otra forma todos hemos tenido algo que ver con el mar y siempre hemos vivido cerca de él. Es como si fuera el protagonista de nuestra historia de vida; no podríamos contarla sin hacer referencia a ese inmenso estanque azul», asegura María del Carmen Prieto Echemendía, madre de la familia.

Amor biológico

A Pedro Manuel Alcolado Menéndez —esposo de Carmencita, como cariñosamente la llama, y padre de Pedrito y David— desde que era muchacho le gustaba observar a los animales y analizar el porqué de las cosas que hacían. Así fue naciendo su amor por la Biología. Primero le interesaban todos, luego le cautivó la vida en el mar.

«Cuando comencé a bucear, me atraían los organismos del fondo marino desde un punto de vista estético. Después me interesó lo que había detrás de esa vida exuberante y atractiva del mar, la variedad de especies en los arrecifes, manglares y pastos marinos. Así me enamoré de la Biología Marina y esa ha sido la fuente de mi realización personal y un gran componente de mi felicidad, al punto que no quisiera retirarme nunca».

Este apego de Pedro por el entorno acuático lo llevó a doctorarse en Ciencias Biológicas. Es además investigador titular, profesor titular y gestor costero titular. Actualmente trabaja en el Departamento de Ecosistemas Marinos del Instituto de Oceanología de Cuba.

«En estos momentos trabajo la ecología, monitoreo y conservación de los arrecifes coralinos, aunque también me he dedicado a la sistemática y ecología de las esponjas y de las gorgonias», resume Pedro Alcolado.

—Pero también está inmerso en otras investigaciones…

—Sí, estoy asesorando un proyecto PNUD/GEF llamado Protección y uso sostenible de la biodiversidad del ecosistema Sabana-Camagüey, que se realiza en el archipiélago del mismo nombre, su plataforma marina y las cuencas hidrográficas adyacentes en cinco provincias.

—¿En qué consiste el proyecto?

—En tratar de integrar el desarrollo del turismo, la pesca, y la actividad agropecuaria y forestal con la protección de la ecología, la flora y la fauna del lugar. Va por su tercera etapa y desde su inicio en 1993 totaliza diez millones de dólares de financiamiento aportados por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), a través del Fondo Mundial para el Medio Ambiente (GEF). El Gobierno cubano ha aportado un financiamiento mucho mayor para la ejecución de ese proyecto.

Pedro también dedica tiempo a la docencia de pregrado y posgrado, incluyendo tutorías de tesis de diferentes niveles. Ha publicado libros como El Bentos de la macrolaguna del Golfo de Batabanó y Manual de capacitación para el monitoreo voluntario de alerta temprana en arrecifes coralinos. Sus publicaciones científicas sobrepasan el centenar, al igual que su asistencia a congresos, simposios y conferencias nacionales e internacionales.

Ostenta las medallas Carlos J. Finlay, que entrega el Consejo de Estado, y los premios del CITMA por Resultado Relevante en 1997 y 2001, entre otras condecoraciones.

Quizá Pedrito, su hijo mayor, también se inclinó por la Biología Marina para seguir su ejemplo, porque lo considera «una eminencia como biólogo».

Los primeros recuerdos del primogénito del matrimonio Alcolado-Prieto en relación con el mar son de cuando vivían en Alamar. Su madre le cuenta que siendo muy pequeñito, el padre lo lanzaba al agua para que se familiarizara.

«Le tenía pánico al agua y me obligaron a aprender a nadar en una escuela de natación. Me tiraban al agua y como casi me ahogaba me sacaban con una vara. Después me fascinó ese mundo y ya nunca más he podido salir», añade.

David es el menor de los hermanos Alcolado-Prieto y aunque no estudió Biología Marina, sino Comercio, desde niño adoraba la playa. «La influencia de mi papá nos llegó desde pequeños. El mar me atrapa y me siento también parte de ese mundo, aunque no tenga que ver directamente con él, porque vivo entre biólogos y me gusta bucear y leer sobre ciencia».

Carmencita, confiesa que lo que sabe de Biología Marina lo ha aprendido en los debates que por instantes surgen en casa. Sin embargo, por cosas que suceden, dedicó diez años de su vida laboral a trabajar en la biblioteca del Instituto de Oceanología. «Fue muy lindo; allí comprendí por qué mi esposo y mis hijos se interesan tanto en el mundo de la Biología Marina».

Blancura

Después de estudiar Biología, Pedrito se especializó en Biología Marina en el Instituto de Oceanología. Recientemente participó en un proyecto que pretende evaluar los arrecifes de Ciudad de La Habana.

—¿En qué condiciones se encuentran los arrecifes coralinos?

—Lamentablemente, no en las mejores. Lo que más se observa es el blanqueamiento de corales. El coral vive en simbiosis con un alga llamada zooxantela, que le brinda nutrientes. Con el aumento de las temperaturas el coral expulsa estas zooxantelas, por lo que queda de color blanco o pálido, deja de recibir los nutrientes y empieza a alimentarse de sus reservas de lípidos y de las proteínas de sus propios tejidos. Esto lleva a que el coral pueda morir o quedar a expensas de sufrir enfermedades, porque es vulnerable a los microorganismos patógenos».

—¿Qué factores provocan la degradación de los arrecifes coralinos?

—Antes eran principalmente la contaminación, la sobrepesca, los daños mecánicos por embarcaciones, anclas y artes de pesca. Ahora lo fundamental es el impacto del cambio climático a través del aumento de la temperatura, lo que está conduciendo a la aparición de enfermedades no solo en los corales sino en otros organismos del arrecife coralino.

«Se ha observando la acidificación del agua debido al aumento del CO2 en la atmósfera, pues este gas se disuelve en el mar. Esto dificulta la formación de carbonato en el esqueleto de moluscos, corales, langostas, camarones, etc. Cualquier animal que tenga carbonato de calcio tiene que acumularlo para su supervivencia y desarrollo.

«Tampoco podemos olvidarnos del aumento de la intensidad de los eventos meteorológicos extremos como los huracanes, que cada vez son mayores debido al calen-tamiento de la superficie del mar».

—De mantenerse estas circunstancias ¿qué repercusión tendrían?

—La degradación y muerte de los arrecifes, porque los corales son sus principales constructores. Ellos brindan refugio a diferentes organismos. Su desaparición puede influir en la muerte de algunos peces y afectar la trama alimentaria. También se verían afectados la pesca y el turismo, y a Cuba vienen muchos turistas a bucear, por lo cual, desde el punto de vista económico, también se producirían pérdidas.

Gritos ambientales

Cuando de opinar sobre la cuestión del medio ambiente y su situación actual se trata, David es de los que considera «abusivo» que no se tuviera en cuenta en el encuentro de Copenhague el sentir de la mayoría de los países pobres, que al final son los más afectados con el cambio climático.

«Fue una lástima que no se llegara a ningún consenso que obligara a hacer algo concreto a los países mayores emisores de CO2, porque el medio ambiente está pidiendo a gritos soluciones», reflexiona.

Muchas veces vemos el medio ambiente como algo romántico, altruista y etéreo y nos olvidamos de que es la base misma de nuestra existencia. Pedro asevera que esto sucede porque realmente nunca hemos sentido con tanta fuerza como ahora el impacto de un entorno dañado.

«El cambio climático está dándonos a entender que el medio ambiente es algo muy serio que se debe tener en cuenta, pues trae grandes sequías en algunas áreas; en otras aumentan las lluvias y ocurren desastrosas inundaciones y deslizamientos de tierra. El turismo también se afectaría si no conserváramos los arrecifes coralinos saludables y ricos en especies».

—¿Cómo enfrentar el cambio climático en el mundo y en Cuba?

—Pudiera llegarse a una concertación y colaboración mundial para detener y revertir el cambio climático. También está la capacidad de adaptación de cada cual; la educación y concienciación de las personas; reducir gases de efecto invernadero; identificar y proteger los arrecifes resistentes a los cambios, y proteger las especies herbívoras que controlan las algas, que a su vez compiten por el espacio con los corales. Se debe actuar fuertemente en el control del pez león, que es una especie introducida del Océano Pacífico que amenaza peligrosamente a los arrecifes coralinos. Y algo primordial es reducir los impactos provocados por el hombre al ambiente.

«El mar es nuestro origen y garantía de existencia. Si continúan la emisión de gases de efecto invernadero y la deforestación de manera descontrolada, creo que va a ser muy tarde para poder solucionar la amenaza del cambio climático», alerta Pedro desde su condición de Doctor en Ciencias Biológicas y experto en corales.

Estamos a tiempo de cambiar el «destino». Y aunque todavía Pedrito me debe las clases de buceo, con su familia, la de los Alcolado-Prieto, se puede aprender mucho más. Aprender a vivir, por ejemplo, como bien reclama Carmencita, en armonía con el medio ambiente. «Tenemos que llevarnos bien entre nosotros y con nuestro hábitat. Debemos cuidar el mar porque de él salimos, pero a él solo hay que volver por el disfrute y la investigación; no para quedarnos allí».

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