Tropezar con la misma picada

El país insiste e invierte en su campaña contra el mosquito Aedes aegypti; sin embargo las crisis vectoriales son recurrentes en diversas partes del territorio nacional, y con estas se incrementa la amenaza de que el dengue pueda convertirse en una enfermedad endémica

Autor:

Mayte María Jiménez

El 2009 resultó ser uno de los años más complejos en la campaña nacional contra el mosquito Aedes aegypti. Baste mencionar que de la última década fue el de mayor infestación en los focos reportados. Ciudades como Guantánamo, Santiago de Cuba, Camagüey, Santa Clara y la capital devinieron talón de Aquiles en la estrategia nacional para mantener el carácter no endémico de esa letal enfermedad.

De ahí que a las puertas de uno de los períodos más peligrosos en la proliferación del vector, con la llegada de lluvias en los meses de verano, el SOS llegue desde todos los factores implicados: instituciones y comunidad, en medio de las difíciles circunstancias económicas que atraviesa la nación.

Con este pie forzado, desde un análisis crítico sobre las fortalezas y dificultades que experimenta actualmente la campaña contra el Aedes aegypti, JR dialogó con especialistas del Ministerio de Salud Pública que lideran la estrategia a nivel nacional.

El doctor Luis Estruch, viceministro de Higiene y Epidemiología, explicó que la campaña se concibe desde cinco factores. Uno de los más importantes es la voluntad política, que ha sido una fortaleza en nuestro país. «Recuerdo la epidemia del año 2006-07, en la que se destinaron unos 100 millones de CUC para llevar adelante los mecanismos de control del vector», comentó.

Cuba está rodeada por países que son endémicos de la enfermedad. Ante este contexto la acción del Estado es determinante en el desarrollo de programas de control, con el financiamiento de recursos materiales, y sobre todo en la prioridad concedida a evitar la pérdida de vidas humanas.

En segundo lugar incide la presencia del vector, que es imposible erradicar y se trata de mantener en niveles que no representen un peligro de epidemia. Justamente en esta línea se han presentado las principales dificultades de la campaña.

Problemas en el completamiento de los operarios de control del vector, en el dominio técnico y en la exigencia en la cadena de mando, así como en la calidad de las acciones de fumigación e inspección a las casas, e irregularidades en el control de los desechos sólidos y la recogida de basura, están entre las principales debilidades del programa de enfrentamiento en el país.

Siguiendo la cadena multifactorial se nos presentan el saneamiento ambiental, la vigilancia sanitaria de los enfermos, y por último, y no por eso menos importante, la participación comunitaria.

Esconder la muerte

El cinturón tropical y subtropical del planeta es el hábitat natural del Aedes aegypti, y a la vez constituye una de las regiones más pobres del mundo, donde miles de médicos cubanos prestan servicios de colaboración y asistencia.

De ahí que el control ante la llegada y la salida de los colaboradores y los estudiantes al exterior sea una línea estratégica de vigilancia. Sin embargo, en esta se han presentado dificultades debido a irresponsabilidades de organismos estatales y de los mismos viajeros.

Según explicó el doctor Ángel Manuel Álvarez, jefe del Programa de Control Sanitario Internacional del Ministerio de Salud Pública, en Cuba se prepara a los colaboradores en términos de prevención antes de salir al exterior.

Cuando el colaborador está próximo a venir para Cuba debe ser sujeto de un chequeo previo durante cinco días de toma de la temperatura y vigilancia de síntomas que indiquen la presencia de la enfermedad, seguimiento que es reforzado en los aeropuertos con el escáner de la temperatura y un cheque médico.

«Pero muchas veces se enmascaran los síntomas al arribar al país; algunos toman pastillas para evitar la fiebre o la presencia de algunos síntomas, y así evadir las medidas a nivel de frontera», alertó.

Ya en Cuba, comenta el especialista, sucede que en ocasiones los organismos, no solo de Salud Pública, no dan seguimiento al estado médico, o no declaran la presencia de los viajeros, 72 horas antes del arribo o salida de los mismos.

Área de pelea

Una vez que la persona enferma está dentro de la Isla la presión debe estar sobre el vector. Desde un pequeño eslabón de la cadena, conocido por todos como el área de salud, comienza la dinámica creada en el país, donde se concatenen el Sistema de Salud y la comunidad, en una cruzada que en teoría podría ser perfecta.

Según explicó Juan Carlos Velásquez, funcionario de la Dirección Nacional de Vigilancia y Lucha Antivectorial, más de 30 000 personas trabajan en esta cruzada en el país. Cada brigada debe tener entre cinco y ocho operarios encargados de hacer la inspección.

No es solo cuestión de números. Dicho de esta manera suena muy perfecto el sistema; sin embargo, las fallas se dan a diario. De ahí que para verificar este proceso, cada cinco brigadas hay un supervisor.

Un elemento importante es el conocimiento de los trabajadores con las familias, algo que muchas veces se pierde en las rotaciones que se hacen en las áreas con los operarios.

«Por eso queremos rescatar al operario fijo, de manera que conozca a los moradores de las viviendas, y los horarios en que estos se encuentran en casa para completar las revisiones», comentó la doctora Carmen Suárez, funcionaria del MINSAP.

Entonces aparece otra problemática con la falta de operarios. «Esta es una labor de mucha exigencia. Cada operario debe pasar una serie de revisiones, y se detectan fallas en el trabajo de los mismos; por ejemplo se pasan por alto focos, o no se hace un tratamiento eficaz para combatir los existentes», explicó la especialista.

Por otra parte, la calidad de los recursos humanos no es la mejor. «Desgraciadamente hemos tenido individuos que moralmente no pueden representar al sistema de salud, o no rinden bien en el trabajo», apuntó.

El doctor Sixto Estévez, funcionario del MINSAP, señaló que la mayor parte de la fuerza es joven, y a veces esto choca con la estabilidad del trabajo, especialmente en aquellos lugares donde existe competencia en la fuerza de trabajo.

Entornos peligrosos

Según indican las pesquisas de 2009, en el país se estima que casi el 75 por ciento de los criaderos de mosquito se reportaron no solo dentro de la vivienda, sino en su entorno.

Buenas prácticas en la convivencia, hábitos de limpieza dentro y fuera de casa, así como una estrategia a nivel de comunidad con la implicación de los organismos estatales, son los factores que permiten un buen saneamiento ambiental, capaz de evitar la aparición de focos.

Si bien en el país se han desarrollado acciones intensivas ante la ocurrencia de epidemias o brotes de dengue, hay un concepto clave que es la sistematicidad, la cual ha golpeado mucho los resultados a largo plazo de la campaña contra el Aedes aegypti.

«No se trata de un problema que se resuelva en un día. Debemos ser capaces de tener un programa de saneamiento sistemático que incluya la educación y los recursos materiales y humanos», sostuvo Alina Pérez, funcionaria de la Dirección Nacional de Vigilancia y Lucha Antivectorial.

Los especialistas reconocen que esta es una de las debilidades que hace fallar a la campaña, no solo por la incidencia en la higiene ambiental, sino porque es muy difícil hacer colaborar a la población.

Comenta el doctor Sixto Estévez que este es uno de los factores que más agrava el trabajo de los operarios de vectores, pues no es fácil hacer entender a las personas su responsabilidad en la prevención del Aedes, cuando ve en su comunidad cómo se amontona la basura, o con un salidero de años de agua potable o albañales.

Se dice que uno limpia la casa todos los días, o al menos con determinada sistematicidad en la semana, y así debe suceder con la limpieza del barrio, de los vertederos y microvertederos de basura.

Los factores de la comunidad son elementos claves, pero desgraciadamente en ocasiones nuestros operarios no tienen el apoyo de los mismos; así tienen lugar descoordinaciones.

Para los especialistas, mientras sigamos viendo al trabajador de vectores como el único responsable de solucionar la problemática, los demás factores no se van a responsabilizar. Hay que partir necesariamente de la responsabilidad individual, coinciden.

En este sentido también se vuelve imprescindible el papel del médico de la familia, que además de conocer la comunidad tiene las bases científicas y está capacitado para llegar a todos.

Y por supuesto, están las organizaciones de masa como los CDR y la FMC, las cuales no pueden perder el poder de convocatoria.

Solo así, desde el hogar, la familia, los vecinos, la comunidad y el Estado, implicados en una cadena bien coordinada, la campaña alcanzará un desenlace feliz. Si somos capaces de unirnos más allá de eslóganes repetitivos y concientizar el peligro que nos acecha en cada picada.

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